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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE deportivos de la ciudad: el canadiense Wayne Gretzky, el mejor jugador de hockey de todos los tiempos, y el mítico Magic Johnson. Magic. Con Magic Johnson llegó el mago de Michigan, el que dio pie al nacimiento del Showtime a la transformación del baloncesto en un espectáculo mediático y en una exhibición de destreza deportivo- operística. A diferencia de Kareem, el otro líder histórico del equipo, con un carácter hosco y difícil, Magic era el relaciones públicas perfecto: siempre sonriente, educado y dispuesto a contentar hasta al último aficionado. Se desenvolvía perfectamente con el glamour de Hollywood y sus innegables cualidades deportivas (ha sido el jugador más creativo de la historia) hicieron el resto. Revolucionó el básquet desde el punto de vista táctico (nunca se pudo imaginar que un hombre de 2 06 m. pudiera jugar de base) y su impacto en la franquicia fue inmediato. Sus ganas le delataban. Tras ganar el partido de su debut saltó corriendo a abrazarse al pívot que le miró extrañado diciéndole: ¿Qué haces, aún nos quedan 81 partidos por delante? Así era Johnson, un ambicioso entusiasta. Con una actuación increíble en la final ante los Sixers devolvió el trofeo a las vitrinas púrpuras y dio comienzo a su leyenda. Era la prodigiosa década de los 80. Los Worthy, Scott, Cooper, Rambis o el engominado Pat Riley permanecen en la conciencia colectiva de los aficionados con sus camisetas amarillas brillando sobre el gualdo parquet del Forum. Todo ese ambiente dorado se vino abajo en 1991 cuando Magic anunció su retirada tras contraer el virus del sida. El impacto fue tremendo y, aunque posteriormente volvió a jugar, ya no volvió a ser lo mismo. Menos mal que los Lakers son unos galácticos no sólo en la pista, sino también en los despachos y merced a unas atinadas operaciones se hicieron con los servicios de Shaquille O Neal y Kobe Bryant. La llegada del gurú Phil Jackson al banquillo en 1999 hizo el resto: tres títulos de tacada (de 2000 a 2002) y de nuevo en la cresta de la ola. En estos últimos años, sin embargo, el exceso de protagonismo de Kobe (que forzó la marcha de Shaq por celos profesionales) les sumió en una crisis de la que no se han recuperado hasta hace unos días. La llegada de Pau Gasol les da una fortaleza y una versatilidad renovadas y les ha elevado de nuevo en las apuestas. Con el español ha vuelto la ilusión a Los Ángeles. Era la pieza que faltaba para que funcionase la nave espacial. Renacimiento AFP ll Sharman. Luego vinieron el carismático Kareem Abdul- Jabbar (Lew Alcindor antes de convertirse al islam) un genio que vivía en otro planeta, y Wilt Chamberlain, otro sensacional extraterrestre. Con ellos, lograron un registro todavía imbatido: 33 victorias y el campeonato de 1972. Aunque habrá que esperar al fichaje de Magic Johnson en 1979 para que el equipo brille en todo su glamour dentro y fuera de la cancha. Viene entonces su esplendor de los 80 bajo la batuta de Pat Riley: en esa década disputaron ocho finales, ganando en cinco de ellas. Y tras otra travesía por el desierto, dos nuevos primeros espadas Shaquille O Neal y Kobe Bryant, y otro gran preparador, Phil Jackson, llevan al equipo a sumar tres títulos entre 2000 y 2002. Ese es el peso de la historia que vibra en el imponente Staples Center, la mítica catedral en la que ofician los Lakers: un complejo multiusos en pleno downtown de la capital californiana. Una mole de acero y vidrio cubierto por un sombrero metálico junto al Centro de Convenciones de L. A. y en medio de un ambicioso plan de desarrollo urbanístico. El proyecto L. A. Live tiene presupuestados miles de millones de dólares y ya cuenta con un teatro, el Nokia. En él habrá, además, centros comerciales, estudios de radio y televisión, restaurantes, edificios residenciales y un hotel- centro de convenciones con más de mil habitaciones. El estadio, con capacidad para 20.000 espectadores, puede ser utilizado para conciertos, entregas de premios (Grammy) convenciones políticas, veladas de boxeo, lucha libre, partidos de hockey, fútbol americano y, por supuesto, básquet. Y es sede permanente de seis equipos, entre ellos, y en pri- merísimo lugar, Los Lakers. En su interior, además, cabe de todo: doce vestuarios, salas de reuniones, un salón de actos, oficinas, un restaurante, 1.200 monitores de televisión, 23 bares, una tienda, un equipo de luces, sonido y videomarcadores y hasta el hincha Jack Nicholson, abonado a los Lakers desde hace 40 años y siempre presente con sus gafas oscuras y su sonrisa mefistofélica. Lo que casi se palpa en este templo es el aura de las figuras que han hecho historia en el deporte norteamericano. En el andador que rodea el edificio dos estatuas recuerdan a los dos héroes La llegada de Gasol les ha dado versatilidad y fortaleza renovadas, y ha elevado las apuestas. Era la pieza que faltaba para que funcionase a tope la nave espacial