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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE Lakers Galácticos del baloncesto Son una leyenda. Combinan la genialidad de sus jugadores con el glamour del equipo que cuenta con más estrellas dentro y fuera de la cancha. La suya es una de las más épicas historias del deporte POR: MANUEL CASCANTE. LOS ANGELES ANNA GRAU. NUEVA YORK MIGUEL ÁNGEL BARBERO. MADRID iete taxis amarillos, uno tras de otro, se negaron el martes a salir de Nueva York para ir al estadio de los Nets en New Jersey, donde debutaba Pau Gasol con los Lakers. Cuatro taxistas alegaron que no se les había perdido nada en New Jersey. Otros tres, que no tenían ni idea de cómo llegar. ¡Qué me dice! ¡Pero si ahí juegan también los Giants de Nueva York, que acaban de ganar la Super Bowl! Nada, que New York a veces es de un paleto que echa para atrás. ¿Y si la NBA fuese un timo? ¿Un engañabobos para extranjeros? A ver si al final voy a tener razón, porque yo, voluntariamente, jamás iría a un partido de baloncesto. Voy porque me mandan, con la excusa de que es noticia Pues vaya. Por fin aparece un taxista indio que, después de evacuar consultas telefónicas en su idioma ¿estará llamando a un fan de la NBA en Calcuta? dice que me lleva. Y al fin se descubre que estamos toda la tarde peleando por una carrera de quince minutos. El estadio es enorme. Cuando entras te clasifican y te dirigen casi tan eficazmente como si llegaras a Auschwitz: a) los jugadores a la zona de vestuarios a la que sólo tienen acceso ellos, sus entrenadores, las cheerleaders y los periodistas a su debido tiempo b) el viperío a las zonas vip c) la plebe a sus puestos en las gradas, aunque con libertad de movimiento para hacer gasto comprando camisetas, perritos calientes y chucherías mil. S Con partidos de cuatro tiempos, el baloncesto es sólo una de las distracciones posibles. Hay cheerleaders que apenas levantan la pierna pero otras hacen acrobacias fantásticas. Hay gente que atraviesa la cancha portando un gran estandarte donde se lee: ¡Haz ruido! ¡Más fuerte! Es un fabuloso recreo de pago. Un salto a la infancia por cien dólares. Por fin aparecen los jugadores. Los dos metros trece de Pau Gasol amenazan con salirse del parquet. Bajo los focos hay un momento de pánico. Curiosamente el alivio viene del rival: Stomile Swift es un Net tan reciente como Pau lo es Laker. Ambos han sudado por años la misma camiseta en Memphis. Y de repente helos aquí, frente a frente. Se nos ha hecho a los dos muy raro dirá después Gasol, pero verle ahí me ha reconfortado Mano de santo, oiga. El de Sant Boi templa sus bríos de tal manera, juega de tal modo, rinde tal espectáculo, que el estadio se colma de bocas abiertas. Sin distinción de equipo, nacionalidad o mayor o menor interés por el deporte. Quien firma estas palabras acaba desconociéndose, exultando en la silla y poniendo de los nervios a un compañero que vuelve del baño y que, él sí, entiende de baloncesto. ¿Qué ha hecho Gasol? pregunta ansioso. Comprendiendo el apuro de quien aún no distingue entre una canasta y un frutero, intenta ponerlo fácil: ¿Encestó por arriba o por abajo? ¿Tenía la mano así? No sé. Pero ha sido muy emocionante Y el otro, partido de la risa: A ver si después de tanto burlarte, vas a acabar más forofa de la NBA que los mismos americanos Este país (Pasa a la página siguiente) Transformación Gasol encesta durante su debut con los Lakers frente a los Nets REUTERS La de los Lakers es una historia de triunfos que arrancó desde abajo, cuando en 1946 Ben Berger y Morris Chalfen compran por 15.000 dólares los Gems de Detroit