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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Zapatero abraza a Rosa Díez tras ganar el Congreso del PSOE José Bono estaba convencido de que iba a ganar por mucho margen. El mismo día del Congreso, después de salir derrotado viene a mi despacho, dentro del Palacio de Congresos. Me reconoce que no había previsto perder y me confía: Yo había pedido a Barreda que hablara contigo para incorporarte a la ejecutiva, una vez que se supiera el escrutinio. Habíamos previsto que tenías que estar en la dirección del partido. Bono estaba seguro de que iba a ganar. Entonces fue cuando le pregunté por la advertencia de Rojo: ¿No te creíste lo que te dijo, que Felipe González estaba detrás, que estaba con éstos? Creo que nunca quiso admitir que Felipe le estaba engañando. Le humilló. Sin avisarle, le dejó tirado. YOLANDA CARDO Por otro lado estaba Ibarra. Él sostiene que votó a Matilde, y yo creo que es verdad. Pero reconoce, al menos a mí, que la gente que más cerca estaba de él terminó votando a Zapatero por unas declaraciones despectivas hacia él que había hecho Bono. Ibarra explica así por qué su gente de Extremadura no mantuvo la unidad de voto a favor de Matilde. Pero quien hizo la oferta a Zapatero fue Rafael Delgado, Fali, quien fuera el secretario de Estado de Alfonso Guerra cuando éste era vicepresidente del Gobierno; su hombre de confianza, quien sigue hoy con él en la Fundación. El contacto de Fali es Pepe Blanco. Desde mi despacho los veo pasar en la sede del Palacio de Congresos, juntos antes y después del recuento. De forma que, mientras Zapatero ensaya su discurso, los guerristas ne- gocian los apoyos que necesitan para superar los votos de Bono, y le ofrecen el número de listas que estiman que hacen falta para que eso ocurra. ¿Pensaba González sucederse a sí mismo con Zapatero y no con Bono? Quizá. Felipe sabe que Bono vuela solo. Yo no le gustaba, no sólo porque también vuelo sola, sino porque no le gusto para dirigir el Partido Socialista. En todo caso no tiene por qué darme explicaciones ni yo a él. Pero sí creí que Zapatero, después de resultar elegido secretario general, haría lo mismo que había practicado hasta entonces: pedirle consejo constantemente. En realidad, más que consejo, autorización. Para complicar las cosas y por si hubiera alguna duda, Bono declara un mes antes del Congreso que Felipe González no será presidente del PSOE si sale elegido secretario general. Explica que no cree en las bicefalias, que Felipe no sería como Ramón Rubial, y que tendría que quedar claro quién es el líder. Algo imposible si se instalan ambos en la cúpula socialista. En definitiva, declara que no sería una estructura positiva. En cambio, en las sesiones previas al Congreso, Zapatero le ofreció la presidencia del PSOE a Felipe. No sé si la quería o no la quería; pero lo que no quería, ni quiere, es que alguien, públicamente, se la niegue. Creo que éste es el fin de Bono con González. Otra de las personas que ha tenido la necesidad de recomponer la figura tras ese Congreso es Ramón Jáuregui, que ya entonces, conocía un poco a Zapatero. Ambos eran vocales de la Ejecutiva del PSOE. Faltaba aún algún tiempo para el Congreso y un día se encontraron en los pasillos de la sede de Ferraz. Se rumoreaba con insistencia que Zapatero se iba a presentar, pero todavía había quien creía que estaban jugando para ubicarle como número dos de Bono. En ese contexto Ramón le dice a Zapatero algo así como que dejaran de hacer tonterías. Mira, para ser Secretario General del partido hay que tener capacidad de sufrimiento. Tú no la tienes y Rosa sí. Lo que tienes que hacer es apoyarla. Después del encuentro volvió todo ufano a contarlo delante de un grupo de Creo que Bono nunca quiso admitir que Felipe les estaba engañando. Le humilló. Sin avisarle, le dejó tirado... ¿Pensaba González sucederse a sí mismo con Zapatero? Quizá Cuando González trata de convencer a Chaves de que busque más apoyos para Zapatero, el andaluz comenta: ¿Y quién es Zapatero? Si no sabemos quién es... gente. Pero, hete aquí que resultó ser elegido Secretario General. El argumento era válido, pero Jáuregui se confunde con Zapatero, porque éste ha demostrado ser una persona extraordinariamente fría. En realidad, lo que le quiere transmitir es que se va a achantar a la primera de cambio, porque Jáuregui sí tiene experiencia y ha sufrido suficiente como Secretario General del PSE. Pero se equivoca con Zapatero; nadie (ni Jáuregui entonces) sabía nada de él, ni de su personalidad, ni de sus convicciones. Tampoco sobre su falta de límites. A la vista de lo ocurrido, las múltiples anécdotas se vuelven ilustrativas de cómo se tejió todo, y de dónde está hoy cada uno, de lo que se ha dicho y de lo que se ha callado. Otra opinión que recabé entonces me hizo reflexionar. En mi recorrido por España, una de las personas con las que hablé en Barcelona era entonces Secretario General de la UGT de Cataluña. No era del PSOE, pero fui a verle porque me interesaba su opinión, y le conté lo que quería hacer, y por qué creía que me debía presentar. Tuvimos una conversación política muy agradable, sobre todo porque no se planteaba ningún roce de competencias con los otros candidatos. Aún faltaban por aclararse muchas cosas, todavía no se sabía si se iban a presentar los de Nueva Vía o no. Pero el sindicalista apostó en un momento de la conversación: Yo creo que Zapatero va a ganar este Congreso. ¡Pero si no lo conoce nadie! dije yo. Y añade: Por eso. Porque no lo conoce nadie. Porque el partido está tan mal que los que sois conocidos tenéis gente a favor y gente en contra. Éste va a ganar porque no lo conoce nadie. Así lo dijo. Y así fue. Cuando se iba acercando el Congreso se fue haciendo más evidente lo que nos separaba. Zapatero ganó el Congreso porque no se pronunciaba sobre nada y nadie sabía nada. Nosotros nos empeñábamos en que opinara sobre la estructura interna del partido, sobre las primarias, etcétera. Pero no se manifestaba sobre nada. Fue Secretario General de León durante muchos años por no revelar su opinión y por pactar con quien fuera para mantenerse; y llegó a Secretario General utilizando la misma táctica. Ejerce la presidencia del Gobierno de la misma forma, sin comprometerse con nada. Exactamente igual. La pregunta es que si así le ha ido bien en la vida, sin mantener una posición determinada ante las diversas cuestiones o, en todo caso, una actitud flexible, ¿por qué va a cambiar?