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10 2 08 EN PORTADA Cuando González tomó el pelo a Bono (Viene de la página anterior) Carmeli Hermosín. Ella defiende la candidatura de Bono, pero al no estar Chaves presente en la reunión, todos los delegados comprenden que ya no hay mandato, y que lo que se venía murmurando era verdad: González había abandonado a Bono. Había, pues, barra libre. Hay muchas anécdotas que acreditan la participación de González en el resultado final. En vísperas del Congreso, me reuní con los delegados al Congreso de Galicia y les conté mis proyectos para el partido. Después me voy al despacho de Touriño, que era el Secretario General en Galicia, y hablamos tranquilamente. Me contó que Bono ya había estado en Galicia, y que la próxima semana iría Zapatero, o al revés. También está presente en la reunión quien era entonces el Secretario de Organización. Cuentan que está todo muy raro. Que en una comida de un grupo numeroso de delegados gallegos, ganaba la apuesta mi candidatura por goleada Touriño relata que unos días después él fue a ver a González- -una cita que tenían pendiente en su calidad de Secretario General de PSG- -y que Felipe les sondea a ver qué piensan los delegados de Galicia. Emilio le transmite el resultado de la apuesta del almuerzo, aunque con cierto aire de improvisación. Esa misma noche, Touriño recibe una llamada de Pepe Blanco, que le echa una bronca. ¿Cómo le dices a González que la que gana en Galicia es Rosa? González está en el ajo El mismo día, o la misma noche que sabe aquello, se dispone a actuar. Y yo empiezo a descubrir que, efectivamente, aquello está bastante enrarecido. Así que, como bien concluyó un amigo mío, este Congreso lo vuelven a ganar, como siempre, Alfonso y Felipe, aunque ya no se hablaban. Lo consiguen sin decirse nada. Porque los guerristas abandonan a Matilde Fernández de forma inmisericorde: al saber que es posible que Andalucía ya no sea un bloque, deciden dividir los votos y que la mitad se los lleve Zapatero. Los catalanes, conocedores de que Andalucía ya no tiene voto único, optan por Zapatero, porque saben que no les generará ningún problema con Chaves. Así se hace esta operación y gana Zapatero el Congreso. Para cuando se produce esa conversación entre Chaves y Felipe, días antes del Congreso, González ya ha hecho otras muchas cosas. Ha transmitido a todo el que le quería escuchar que le gustaba Zapatero y ha hecho por debajo toda la labor que tenía que hacer. Prisa convierte a Zapatero en un candidato, cuando en el PSOE aún no saben quién es. De hecho, sólo los que leen El País en toda España saben quién es Zapatero, un perfecto desconocido hasta quince días antes del Congreso. Pero Prisa ya me ha eliminado a mí y decide polarizar la elección entre Bono y Zapatero. Un día, Luis Atienza, que era el portavoz de mi candidatura, se encuentra con Joaquín Estefanía en Madrid y le dice que en El País están convirtiendo a un desconocido en un candidato. Estefanía le dice que ellos no lo están haciendo, aunque admite, cauto, que si parece que es, será. Y llega a ser porque Felipe ha planificado perfectamente la operación Prisa, con Ekaizer y con Antonio García Ferreras en la SER, un hombre clave en ese momento, amigo personal de Zapatero de León, con muchos conocidos en el PSOE y en Cataluña, consciente de que allí Bono les abre las carnes. Y más allá de las sugerencias de Felipe, Ferreras apuesta duro por él. Bono se negaba a creer la operación que se estaba montando, a pesar de que desde distintas fuentes le tratan de alertar. Hay distintos movimientos, pero una anécdota que se me ha quedado en el recuerdo, revela la personalidad de los protagonistas. La semana anterior al Congreso descanso en casa, no tengo previsto ningún viaje ni acto público, ni reuniones con los delegados. Un día por la noche, probablemente un viernes, me llama solícito Javier Ro- Ibarra: Oye, chaval, a mí no me vas a contar nada En los días previos al Congreso Zapatero visitó Extremadura e Ibarra le acompañó, como hizo formalmente con todos los candidatos que nos acercamos a Extremadura. Sentados en su despacho, ambos tuvieron una conversación sorprendente. Mucho tiempo después me lo confirmó el propio Ibarra, pero antes lo había sabido por el grupo de Zapatero, que alardeaba de ello. Debió de ser algo así: Zapatero: Bueno, yo soy el candidato de González. Ibarra: Oye, chaval, a mí no me vas a contar nada. A mí me da igual. No me importa de quién seas candidato. (Zapatero toma su teléfono móvil. Zapatero: Toma. Llámale: él te lo dirá. La verdad es que antes del Congreso, Zapatero llevaba a gala haber visto de vez en cuando a Felipe. Presumía de que iba a pedirle consejo y que se reunía con él. Por eso llega a Extremadura y se atreve a decirle eso a Ibarra, con una prepotencia algo infantil. En efecto, mi primera información al respecto me vino del entorno de José Luis. Alrededor de dos años después, por casualidad, un día abordé a Juan Carlos y le dije que me habían contado esto. Me respondió que era verdad. Pero, ¡cómo iba yo a coger el teléfono! Oye, si González tiene algo que decirme ¡ya me llamará él a mí! Habría que imaginarse a su interlocutor (Zapatero) con el teléfono abierto. jo, que estaba entregado a mi candidatura. Rojo me describe lo mal que está todo, y lo mal que está portándose con nosotros la gente de Zapatero. Se mete en concreto con la gente de ese grupo, que para entonces había dejado de llamarse los jóvenes turcos (alguien les debió de contar cómo acabaron) y se habían denominado Nueva Vía Me cuenta los bulos que están lanzando por ahí, y propone que hay que reaccionar. Finalmente me plantea un pacto con Bono. Le respondo que no, que no voy a pactar con Bono, que tenemos que llegar hasta el final. Rojo insiste que hay que frenar las miserias de esa gente pero yo sostengo que no puedo retirarme, que estamos luchando porque creemos que hay que hacer las cosas de otra forma, y que a Bono no le voy a pedir eso.