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10 2 08 EN PORTADA Cuando González tomó el pelo a Bono Título: Merece la pena Autor: Rosa Díez Editorial: Planeta Páginas: 280 Precio: 21 euros Fecha de publicación: 12 de febrero uando se inició el proceso de sustitución de Almunia, Felipe apoyó a Bono. En realidad, Bono le pidió permiso para presentarse, y le preguntó si él le apoyaría o no. Antes ya lo había intentado. Cuando dimitió Borrell, en plena precampaña de las Europeas y Municipales de 1999, Bono llegó a creer que González le iba a investir como candidato. Esto afloró tras un mitin que celebramos en Toledo en esa precampaña, en el que intervinimos Almunia, Bono, Felipe González y yo. Borrell acababa de dimitir. A la vuelta, comimos cerca de Madrid en casa de un amigo de González todos los que actuamos en el acto político más Eguiagaray, Ciscar y Pérez Rubalcaba. José Bono esperaba que en esa comida González le dijera: Tú eres el sustituto... Pero no pasó nada. Bono se marchó contrariado. Cuando en el año 2000 perdimos ante la mayoría absoluta de Aznar, Bono anunció que se iba a presentar. Había hablado antes con González y con muchas personas del partido. González le dio el visto bueno. Recuerdo aquellas fechas, cuando a Felipe le preguntaban el porqué de su apoyo a Bono. No es que me guste o me deje de gustar decía. Es que es la única yegua que quiere correr, y si es la única yegua que quiere correr, pues apoyaré a la yegua que corre. Es el momento en el que los dirigentes del PSOE, los aparatos, piensan que para enfrentarse a cuatro años de mayoría absoluta del PP, el partido necesita un líder que ya esté consolidado en la sociedad, y que haya tenido- -y eso es fundamental- -respaldo electoral. El aparato decide que no estamos para cambios La apuesta, por tanto, es Bono, que es el único que ha dicho que quiere correr y que está en sintonía con el criterio de la clerecía del PSOE de entonces. Es el mismo momento en el que yo anuncio que voy a optar a la Secretaría General del PSOE, el mes de mayo del año 2000. No comparto el criterio de que hay que hacer más de lo mismo, sino que creo que el Partido Socialista necesita un cambio profundo. Joaquín era un candidato solvente y serio, que hubiera sido un presidente de gobierno estupendo, desde mi punto de vista, porque, en mi opinión, lo que la política española y el Partido Socialista necesitaban era un cambio de caras, de fondo y de forma. ¿Por qué una candidatura tan sólida, tan consolidada aparentemente como la de Bono termina derrumbándose, no frente a la mía, sino a la de una persona completamente desconocida, incluso dentro del partido? C Rosa Díez, Cofundadora del nuevo partido Unión, Progreso y Democracia. Fue miembro del Parlamento Europeo por el PSOE Bono era una candidato que a mucha gente no le gustaba dentro del PSOE. Gustaba más socialmente- -al menos en Castilla La Mancha- -que internamente, a muchos altos mandos del PSOE no les convencía. Es un hombre al que todos reconocían la capacidad de mando y las ganas de ejercerlo. Pero eso suponía mucho tiento y mucho riesgo para algunos que sabían que Bono tomaría decisiones. Además, tenía un perfil de español sin complejos, que en algunos sitios como en el PSC no agradaba. Había otros cargos y dirigentes que consideraban a Bono un buen candidato para presidir Castilla- La Mancha, pero que no era un candidato urbano como para presidir España. Ese acento... decían. En las autonomías donde le apoyaron desde el primer momento por imposición de la jerarquía, no emocionaba a nadie. Hablé entonces con varios líderes regionales y provinciales en Andalucía, que me decían que estaban con Bono porque lo había dicho Chaves, pero que no les gustaba nada. Así que Bono recibió el apoyo orgánico, porque Felipe lo mandaba, porque Chaves estaba de acuerdo, y porque para mucha gente, como el caso de Pérez Rubalcaba y otros, creo que pensaban sinceramente que era bueno para el PSOE, que el partido necesitaba ese perfil. Nada de perturbaciones ni cambios, ni movimientos raros. ¿Qué ocurrió en el comienzo de la carrera? Que los guerristas, por ejemplo, a los que Bono no gustaba nada, consideran que es inevitable su triunfo, y deciden lanzar una candidata, Matilde Fernández, para tener cuota. No porque piensen ganar, ni porque quieran ganar, pero deciden proponer un candidato propio para que a Bono no se le suba a la cabeza y para marcarle el terreno. Pero, paralelamente comienza a cuajar la idea del cambio, según observo en mis viajes por las distintas agrupaciones. Aquello- -el cambio- -que parecía algo tímido, sobre lo que nadie iba a apostar, empieza a mostrarse como un huracán. En Andalucía, en dos agrupaciones de una cierta importancia como son Cádiz o Málaga, hay gente que se decanta, igual que yo, y a pesar de Chaves, Cuando preguntaron a Felipe por qué apoyaba a Bono, comentó: No es que me guste o me deje de gustar. Es que es la única yegua que quiere correr Los guerristas, a los que Bono no gustaba nada, creen que es inevitable su triunfo y deciden lanzar a Matilde Fernández para tener cuota. No porque piensen ganar por el cambio. Una parte de Sevilla se adhiere también a nuestra candidatura: jóvenes alcaldes, gentes que van expresándose espontáneamente, y llega la preocupación a la jerarquía socialista. Entonces, en la cúpula del PSOE se produce una reflexión: de la misma forma que los guerristas han hecho un movimiento para tener cuota, necesitan a alguien que represente el cambio que no sea Rosa Díez, alguien que, en todo caso, acompañe a Bono y, según como vayan las cosas, decidirán qué hacer. También así Bono tendría que abrirse a la idea del cambio. Es González quien lidera este movimiento, aunque coincida con muchos a quienes no les gusta Bono y preferirían poder mandar a través de otro. Los catalanes quieren actuar de acuerdo con Andalucía, de forma que cuando González empieza a aflojar su apuesta, los del PSC se relajan y ven su oportunidad de librarse de Bono. En ese momento eligen a Zapatero entre un grupo de jóvenes diputados que entonces se autodenomina los jóvenes