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30- 31 D 7 LOS DOMINGOS DE ROSA BELMONTE Expediente Ñ Mi mamá me ama. O quizás no madre. Después de la muerte del genio, The Times publicó extractos de las cartas de Regina Fischer a Joan Rodker, con la que coincidió en Moscú en los años 30, cuando el comunismo parecía romántico (el anticomunismo de Fischer era también reacción al comunismo activo de su madre, una señora vigilada permanentemente por el FBI) Él mismo confesó a Harper s Magazine que se tuvo que deshacer de su progenitora porque le molestaba. A los 16 años (de él) lo dejó en el apartamento de Brooklyn He descubierto que no soy ni muy útil ni muy necesaria a Bobby, y que, por el contrario, mi presencia le irrita profundamente. No tengo más remedio que permanecer agazapada, como una figura en la sombra escribió en una de las cartas) Pero Regina siguió su brillante carrera y se presentó en la partida con Spaski en Reikiavik con una peluca rubia (su hijo le había prohibido acercarse a él) Odiar a la madre no está bien visto. Quizá es el tercer escalón de lo peor en la relación materno filial después de acostarse con ella y de matarla. Otra cosa son las relaciones complicadas. Las madres complicadas. Como la de Joan Rivers, que según la comediante era capaz de hacer sentir culpable a cualquiera Solía recibir cartas de disculpa de gente a la que ni siquiera conocía Bobby Fischer, con esta revelación que no es tanta no hace más que unirse al club. En Intelectuales Paul Johnson recuerda lo mucho que Ernest Hemingway odiaba a su mamá. Asegura el británico que su odio excedió la antipatía puramente utilitaria que Marx (otro que tal) sintió por la suya. Para Hemingway, el odio a la madre alcanzó B obby Fischer odiaba a su Maribel Verdú, una de las actrices españolas más elegantes previos muchas se hayan sometido a exquisitos tratamientos de belleza para brillar con luz propia ante los focos. La idea también viene de Hollywood y tiene gracia que sea una firma catalana, Natural Bissé, la que haya cuidado las pieles de algunas divas como Jennifer López o Beyoncé, entre otras muchas famosas, para la gala de los Oscar con su tratamiento estrella, el Diapasón, que en España tiene en exclusiva Maribel Yébenes. Se trata de un cuidado facial- -también corporal- -muy específico que utiliza cremas a base de diamantes y un diapasón en clave de Do para reafirmar y dar luz y juventud a la piel. Algunas de las actrices que estos días han pasado por su centro de belleza para mejorar su cara son Maribel Vermento hay que estar igual de preparada vestida como desnuda. ¿Quién será? El que premio que ya llegó con un tratado de paz bajo el brazo fue el primer nieto de la baronesa Thyssen, Sacha Thyssen Cuesta, que nació en la madrugada del jueves y consiguió que Tita Cervera se encontrara con su nuera. El feliz alumbramiento y la no menos feliz reconciliación fue en el Instituto Universitario Dexeus. La baronesa acudió en cuanto supo que Blanca había ingresado en el centro y se mostró muy feliz, a pesar de sus reticencias durante el largo noviazgo y la agitada boda de su hijo a la que, recordemos, no asistió. Este fin de semana los nuevos Thyssen, Borja, Blanca y Sacha, ya han posado en su casa de Barcelona para el reportaje que esta semana ofrecerá en exclusiva una revista del corazón, como no sorprenderá a nadie. Por supuesto los tres salieron de la Deseux por la puerta de atrás y sin el clásico posado ante la prensa que hizo guardia en la puerta para no estropear la sorpresa ¿Significa todo esto que Carmen Cervera ha enterrado el hacha de guerra? Por lo menos ha sido una tregua. El pequeño se parece mucho a su padre. dú, Natalia Verbeke, Aitana Sánchez Gijón, Pilar López de Ayala, Manuela Velasco, María Vázquez y la directora Gracia Querejeta. Esta noche ellas y muchas otras desfilarán con diseños prestados, zapatos de tacones kilométricos y peinados historiados y sonreirán a la cámara como sólo las que se sienten muy seguras de sí mismas saben hacer. Esta noche una de ellas dormirá con un Goya en la cama y para ese mo- la condición de un sistema filosófico leemos en Intelectuales Así como que John Dos Passos decía de Hemingway que era el único hombre que había conocido que realmente odiaba a su madre. De esto me acordé el otro día cuando tuve que elegir mi personaje favorito de Los Soprano cuyo último episodio emite Canal el jueves que viene. Sí, ya sé que puede dar un poco igual ahora que tenemos acceso a cualquier serie en cuanto se emite en Estados Unidos y no hay que esperar a la tele convencional (ni a la de pago) Pero es que, igual que el comunismo algún día tuvo ese halo romántico, para mí la televisión lo sigue teniendo. Eso tan anticuado de mirar a qué hora ponen tu programa favorito (en lugar de mirar si se ha colgado o bajado) tiene un encanto especial. Seguramente el mismo que los discos de vinilo o los sofás Chester envejecidos (un chester nuevo es tan ordinario como un amazona de Loewe nuevo) Pero me voy de Los Soprano Aunque es difícil elegir un único personaje de la serie, me quedo con mamá Soprano. No con Carmela (que también) con la madre de Tony, Livia (qué curioso que se llama como el pérfido personaje de Sian Phillips en Yo Claudio otra madre para llevarse a casa y ponerle un lazo) Livia, la gran Nancy Marchand (la señora Pynchon de Lou Grant Tony Soprano, como Hemingway, como Bobby Fischer, odiaba a su madre. Sí, vale, esta madre es un personaje de ficción pero precisamente por eso lo hemos podido ver desarrollarse (de las otras sólo sabemos lo que leemos por ahí) Y por eso me sirve para entender que alguien pueda odiar a su madre. Y Tony tiene razones que la razón entiende. Menuda pájara. Entre su cerebro y su boca no había intermediarios dice Herman en su entierro cuando Janice, la hija (otra perla) casi obliga a la gente a dedicar unas palabras a la desaparecida (que se les había muerto de verdad) Se supone que era un elogio. El único que se le ocurrió para alguien que no quería funeral precisamente porque pensaba que no iría nadie. Pero es que aunque odies a tu madre, si no lo has hecho público como Bobby Fischer y eres un jefe de la mafia lo lógico es que el personal vaya a darte el pésame. Al final del episodio de la muerte, Tony Soprano llora. Pero lo hace por la madre de James Cagney en Enemigo público no por la suya. Tony (ese hombre que lleva los mismos jerséis que José Luis Moreno) coincidiría con Claudette Colbert, que estaba segura de que la explicación de que los nietos y los abuelos se llevan tan bien es que tienen el mismo enemigo. Mamá.