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3 2 08 CLAVES DE ACTUALIDAD ASÍ APLASTÓ HITLER LA DEMOCRACIA Cuando se cumplen 75 años de la disolución y el incendio del Reichstag, siguen siendo dolorosamente actuales las lecciones tan mal aprendidas de la toma del poder por Hitler. Episodio que nos recuerda cómo el autoritarismo se crece con el apaciguamiento a hemos llegado proclamó exultante Hitler ante la multitud que le aclamaba en el Kaiserhof berlinés junto a los hombres de las SA y las SS que desfilaron hasta la medianoche de aquel 30 de enero de 1933 a la luz de las antorchas. El ascenso al poder se celebró como el día del levantamiento nacional aunque la toma de posesión del nuevo gabinete estuvo repleta de forcejeos y de tensiones entre los líderes nazis y la clique conservadora cercana al poder, que contemplaba a Hitler como un dócil instrumento en manos de una amplia coalición política de tono nacionalista y contrarrevolucionario. La rapidísima transformación en sentido autoritario que Alemania sufrió entre esta fecha y el verano del año siguiente dejó estupefactos tanto a las élites políticas como al conjunto de la ciudadanía. El último día de enero, Hitler convenció al senil presidente de la República, el mariscal Paul von Hindenburg, para que caucio- Y Eduardo González Calleja Historiador nase un decreto de disolución del Reichstag que no se ajustaba al espíritu de la Constitución de Weimar. La campaña para los comicios generales del 5 de marzo- -los últimos pluripartidistas que se celebrarían- -se desarrolló en medio de una oleada de terror y de represión sin parangón, patrocinada desde el Estado con el apoyo de las escuadras nazis y la milicia nacionalista Stahlhelm, mientras Hitler representaba el papel de moderado, reclamando disciplina a sus seguidores más fogosos. En plena convocatoria electoral, el 4 de febrero, el Decreto de Protección del Pueblo Alemán limitó gravemente las libertades de prensa y de reunión. De repente, el nunca plenamente aclarado incendio del Parlamento alemán (Reichstag) perpetrado en la noche del 27 de febrero por el joven holandés Marinus van der Lubbe- -un desequilibrado de presuntas simpatías comunistas- -abrió las compuertas a una preparada campaña de pro- paganda histérica frente a la pretendida amenaza de una insurrección izquierdista. Al día siguiente se emitió un nuevo decreto para la Protección del Pueblo y del Estado que ampliaba las medidas de emergencia a todo el Reich y otorgaba al gobierno poderes de intervención en los Länder. Las libertades garantizadas por la Constitución fueron suspendidas, y la represión anticomunista se amplió al partido socialdemócrata y a los militantes de su brazo paramilitar el Reichsbanner, además de cernirse sobre sindicalistas e intelectuales de izquierda, encerrados en prisiones ilegales bajo custodia de las SA o las SS. El discurso del miedo caló hondo en un electorado ampliamente movilizado: con una afluencia récord del 88 el partido nazi sólo logró la mayoría absoluta gracias al apoyo de sus socios de coalición nacionalista. Las elecciones de marzo fueron el auténtico trampolín que facilitó la toma del poder por los nazis, en un proceso de coordinación (Gleichschaltung) de instituciones y organizaciones a escala local y regional que se hizo a viva fuerza y en clara violación de las normas legales: los gobiernos de los Länder fueron presionados desde Berlín para que nombrasen a jerarcas nazis al frente de la policía, se multiplicaron las manifestaciones amenazadoras en las ciudades y se procedió al izado de la svástica en todos los ayuntamientos. El 22 de marzo, en las afueras de Dachau, se instaló el primer campo de concentración. Al día siguiente, Hitler se dirigió al renovado Reichstag para esbozar su programa político, repleto de invocaciones al cristianismo y a la protección de la clase media. Con el voto en contra de los socialdemócratas, el Parlamento ratificó dócilmente una Ley para Acabar con la Penuria del Pueblo y del Reich, más conocida como Ley de Autorización, que supuso su autoinmolación como órgano democrático al ceder a Hitler la capacidad legislativa. Los judíos quedaron inmediatamente expuestos a esta peculiar construcción de un régimen tiránico de radicalización acumulativa, que combinaba medidas pseudolegales, violencia, terror, manipulación y colaboración vo- Elecciones y claudicación Vista del juicio por el incendio del Reichstag, en el que los nazis intentaron volcar todas las culpas sobre los comunistas