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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE Las cobradoras se han ganado a pulso su etiqueta de eficaces. Blanca, Marina y Carolina (primera, segunda y tercera por la izquierda) jamás tiran la toalla DANIEL G. LOPEZ España en deuda A la caza del moroso POR VIRGINIA RÓDENAS Tarde, mal o nunca es la marca de pago made in Spain 2,5 millones de deudores conocidos y un buen puñado sin rastro hacen de España potencia europea de morosos con un roto de 9.000 millones de euros por el que tantos acreedores se precipitan al vacío. Hay víctimas despojadas por la crisis aciaga, pero aún más artistas del escaqueo. La mayor caza de morosos de los últimos años ha empezado. lanca tiene la mirada dulce, maneras delicadas, y viste un contundente traje de chaqueta- pantalón; Marina es rubia, alta y delgada- -no sabemos si como su madre- pero se desliza sobre botas de tacón de aguja como si lo hubiera hecho desde la cuna y, tras unas gafas de última hornada, destila el desparpajo del que sabe que no falla jamás; y luego está la sonrisa de Carolina, que no se apaga, como nunca se oscurece el brillo astuto de sus ojos. No han cumplido los 27. Y Dios quiera que no tengamos que encontrárnoslas en circunstancias diferentes a las de esta entrevista amigable. Que para llegar hasta ellas, gestoras del cobro a morosos, hayamos tenido que atravesar el portal que se abre entre los escaparates de Los guerrille- B ros en plena Puerta del Sol de Madrid, es sólo el indicio casual, pero al fin y al cabo aviso, de que Daar (al moroso lo que se merece) -título y epígrafe de esta empresa dónde sólo emplean a mujeres- -no es ningún chiste. Estas mujeres de armas tomar, ahí donde las vemos tan diligentes delante del ordenador, están forjadas en la adversidad que supone horas de vigilancia bajo la lluvia o un sol de justicia, encerradas en sus coches, de día y de noche, ojo avizor durante jornadas o semanas, escudriñando en la vida de los deudores, presentándose ante ellos cara a cara en el portal de un edificio de la zona norte de Madrid o en la puerta de una casa del tristemente famoso barrio de las Tres Mil Viviendas de Sevilla, que de todo hay en la saqueada viña del acreedor. Pertrechadas con spray anti- violador, con el que frenar los embates de los morosos más violentos, son inasequibles al desaliento y nada las frena: ni las ínfulas de una fallera mayor- ¡quién lo iba a decir! -ni las artimañas de los deudores recalcitrantes, ni las amenazas del animal de dos patas más soez, ni la distancia, ni la marginalidad evidente que envuelve ciertos asuntos donde las diferencias no se despachan ni con palabras ni con papeles. Explica Marina Pueyo que a veces la estrategia, entre ella y Blanca, es la de hacer de poli bueno y poli malo o de aparecer como el ángel salvador que trae una solución a la embrollada vida del que no paga. O de ir de niña bondadosa, o de chula, o hasta de tonta que en estas clases de psicología parda todo sirve. En su catálogo de trucos, los de siempre: hacer llamadas desde dis- tintos teléfonos para que no se las identifique y poder dar con su presa; arreglárselas para colocar carteles en los tablones de anuncios de las empresas en las que trabajan los morosos en los que se pide encarecidamente a Pepito Quemeechenungalgo que se ponga en contacto con su empresa de cobro de morosos con el objeto de saldar una deuda, presionándole con el bochorno ante su círculo laboral, pero siempre ateniéndose a los límites que marca la legalidad de protección de todos los derechos del deudor que, como se dice, desde la misma Constitución, son todos- -subráyase- -frente al desamparo en que casi siempre queda sumida la víctima, esto es, el acreedor. Agustín Domínguez, supervisor jefe de este equipo de cobradoras- -único varón del grupo- -cuenta a D 7 que el número de clientes se ha multiplicado con el último zarpazo de la crisis. Son generalmente pequeñas y medianas empresas, la mayoría del sector de la construcción y la alimentación, que recurren a nosotros después de haber intentado por su cuenta el cobro. Algunos son viejos conocidos, y al menos tenemos tres casos reincidentes. Nuestro trabajo es la mediación y sólo actuamos ante deudas justificables. No usamos la violencia, sino el diálogo. No hay que amenazar, sino hablar e insistir: cada dos días estamos ahí. Y siempre tratamos de dar soluciones No en vano, antes de llegar a la habitación de las cobradoras, en otro mostrador se gestionan créditos (Pasa a la página siguiente)