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3 2 08 CLAVES DE ACTUALIDAD EE. UU. La Prensa aún resiste apoderarse de un público globalizado, mundial. Este es el gran desafío que saben que les va a lanzar Murdoch, ésta es la disputa: si el futuro pertenece inevitablemente al tipo de empresario sin contemplaciones ni entrañas, o si se les puede hacer frente con una sólida y acendrada tradición familiar. Claro que Murdoch también tiene familia, y hasta su corazoncito: de hecho, casi a la vez que compraba The Wall Street Journal revelando así la magnitud de sus ambiciones en EE. UU. dejaba las riendas de News Corporation en toda Europa y Asia a su cuarto hijo, James, presunto heredero de la dinastía. Y Murdoch padre y Murdoch hijo son familia, pero como empresarios no actúan como familia, no en el sentido de pasarse mutuamente la antorcha de unos valores, de un estilo. A ellos lo que les va es hacer negocio, ganar dinero, y si hay que mezclar churras con merinas, The Sun con The Wall Street Journal pues se mezclan. Arthur Ochs Sulzberger Junior, el último de la saga propietaria de The New York Times (Viene de la página anterior) hacen ricos a base de mucho trabajo. Todavía hoy sus sucesores, antes de mandar en el periódico, empiezan por abajo pasando por casi todos sus recovecos y secciones. Es una empresa familiar, pero a la antigua: el ojo del amo engorda la vaca, y los vagos, a la competencia. Se ha hablado mucho del predominio judío en la Prensa estadounidense, y es verdad que encontramos inmigrantes hebreos en el origen de las cabeceras más ilustres del país. Tiene que ver con el insaciable interés de los inmigrantes por la Prensa, precisa- mente como medio de integración, de comprensión más rápida de la sociedad que les acoge. Captando este público, se convirtió Hearst en el primer emperador de la Prensa amarilla. Pero Ochs quería llegar a ser justo lo contrario: el emperador de la prensa fidedigna y seria. Y sin duda lo ha conseguido. The New York Times es hoy uno de los periódicos más prestigiosos y fiables del mundo. De hecho es el gran competidor de The Wall Street Journal sobre todo para hacerse con el próximo gran pastel comunicativo: las ediciones electrónicas que, además, son las avanzadillas para A medio camino entre ambos mundos estaría el para muchos enigmático nuevo dueño de otro importante diario norteamericano, Los Angeles Times Desde hace un mes la empresa que edita éste y otros rotativos pertenece a Sam Zell, prominente judío de Chicago, que primero hizo una fortuna en la construcción, luego fue filántropo y donante político de primera magnitud y ahora es magnate de la comunicación. En su caso, la raíz judía es más marcada que en los Ochs- Sulzberger: se le considera inequívocamente sionista, inequívocamente comprometido con el Estado de Israel. ¿Va a fundar otra egregia dinastía periodística, o más bien un emporio a lo Murdoch? La respuesta, en el viento. El enigma Zell Le Monde, la Redacción frena a Prisa POR JUAN PEDRO QUIÑONERO. PARÍS e Monde (320.000 ejemplares, en 2007) es víctima de la erosión de sus ventas, que han agravado déficits y deudas crecientes. Sus principales accionistas no tienen los recursos financieros para hacer frente a la crisis. Y los accionistas minoritarios, que sí tienen recursos, no pueden ni desean intervenir mientras la Sociedad de Redactores (SRM) continúe hipotecando la gestión del periódico. Y es que la estructura del capital de Le Monde tiene unas características muy bizantinas, de las que el periódico se ha enorgullecido, durante décadas, hasta precipitar la crisis actual. El 60,4 del capital del diario pertenece a un histórico grupito de personalidades y asociados. Dentro de ese grupo, la Sociedad de Redactores controla el 21,87 lo que le permite actuar como accionista de referencia. En térmi- L nos prácticos, los únicos recursos propios de la SRM son sus acciones. Con ese capital, la Sociedad de Redactores controla en buena medida la gestión y la dirección del periódico, pero no tiene recursos para pagar deudas ni hacer frente a nuevos proyectos. Ese núcleo duro ha sido históricamente hostil a la entrada de nuevos accionistas. A lo largo de los últimos veinte años, Lagardère (17 Prisa (15 y otros medios franceses como le Nouvel Observateur han ido avanzando peones, sin conseguir apoderarse del núcleo duro del poder. Así las cosas, a mediados del mes de diciembre pasado, la penúltima crisis provocó la dimisión en bloque del triunvirato director. Tras un largo mes de vacío de poder casi total, un compromiso de última hora ha permitido a Eric Fottorino (miembro del triunvirato saliente) asumir provisionalmente la dirección del grupo. Las deudas y el calendario de los pagos pendientes no aconsejan el aplazamiento de medidas de excepción. Con 1.600 asalariados, Le Monde tiene un déficit de 150 millones de euros, a los que es necesario añadir otros 75 millones de euros reembolsables en acciones, a partir de 2009. Además, el vespertino ha perdido entre 10 y 12 millones de euros anuales durante los pasados ejercicios. Jean- Marie Colombani- -el director no renovado el año pasado- -y el triunvirato dimitido en diciembre fueron víctimas de la Sociedad de Redactores, hostil al ingreso de nuevos accionistas y defensora a ultranza de su derecho de veto. Lagardère y Prisa proponen ampliar su participación en el capital de Le Monde, a condición de eliminar el derecho de veto y el control de la gestión ejercida por la SRM. Le Monde vendía en 2002 unos 407.000 ejemplares diarios. El año pasado, las ventas descendieron a los 320.500 ejemplares. Esa pérdida de 87.000 ejemplares hace más duras las tensiones y estanca las negociaciones, paralizadas, siempre, en torno al poder de veto y gestión de la SRM.