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30- 31 D 7 LOS DOMINGOS DE ROSA BELMONTE Expediente Ñ No es mundo para viejas ntes de los años 50 nadie hablaba de la juventud. Lo recordaba Coco Chanel entre quejosa y estupefacta. Y si alguien la mencionaba era para colgarle algún marronazo. Así, Herbert Hoover (1929- 1933) trigésimo primer presidente estadounidense, soltó aquello de Bienaventurados sean los jóvenes porque ellos heredarán la deuda pública Un regalito. Pero de los 50 hace más de 50 años y ahora estamos en una historia diferente, quizá de terror. No se habla de otra cosa que de la juventud. De la verdadera, de la eterna y de la fingida. Menos de la que baila. Aunque Lucille Ball afirmara que el secreto de la eterna juventud estaba en vivir con honradez, comer despacio y mentir sobre la edad, ahora la ayuda química, si no la quirúrgica, es casi obligatoria. La locura es cada vez mayor y aunque afecta más a las mujeres también toca a los hombres. Si hace años Jane Fonda (imagen juvenil de cremas para quienes han cumplido los 60) aseguraba alegremente que las líneas de expresión de Robert Redford eran sus arrugas de vieja, el posterior cambio de expresión (y de líneas) de su compañero en La jauría humana y tantas más desmintió o moderó ese aserto. How Not To Look Old (Cómo no parecer viejo) de Charla Krupp, es un libro de autoayuda que entró la semana pasada en la lista de los más vendidos del New York Times Nadie con dos dedos de correcta frente aceptaría un libro que se titulara Cómo no parecer judío (o gay, o gitano, o inmigrante) Pero la de la edad es una discriminación perfectamente aceptada. Y ya no se trata tanto de lucir estupenda como de conseguir trabajo. O de conservarlo. Y en el mundo del espectáculo, como dice Joy Behar, cómica del 43 y A Exterior y sencilla, una de las imágenes de los Príncipes de Gales con sus hijos. Eran más felices posando que en otros momentos los royals han posado con sus retoños y de ahí que se pueda ver- -cada año- -cómo han evolucionado este tipo de retratos. De la rigidez de los cuadros de años atrás donde las familias reales posaban con sus mejores galas y los pintores de cámara reflejaban en sus lienzos las expresiones más serias y las condecoraciones más preciadas, se ha pasado a unas fotografías fuera de todo protocolo donde los príncipes posan en sus salitas de estar o en los comedores privados sin ningún tipo de etiqueta y ofreciendo una imagen mucho más cercana y moderna de la monarquía. Pero de la cámara de uso familiar al reportaje de un equipo profesional hay un mundo. De ahí la importancia de los detalles. Por ejemplo, el posado que protagonizaron los príncipes Haakon y Mette Marit de Noruega con sus niños era demasiado funcional, un punto ikea y mostraba cómo a Mette Marit la estética le importa lo justo y necesario, más bien nada, y de ahí que las últimas imágenes familiares sean de andar por casa, pero de verdad, sin trampa ni cartón. Cuidadas y elegantes son, sin embargo, las fotografías de Felipe y Matilde de Bélgica con sus tres hijos en el palacio de Laeken. EPA Toda la familia luce jerséis de cuello cisne en tonos grises que contrastan con el blanco del mármol de las paredes y el suelo. Se trata de un posado informal, familiar pero con el cuidado y estilismo que requieren estos regalos que se hacen a los medios que demandan más imágenes de sus príncipes. También simpática y actual es la fotografía de Federico y Mary de Dinamarca mientras desayunan con sus hijos con la mesa llena de platos y tazas y con una salita decorada muy al estilo danés pero sin perder el gusto por las cosas buenas. Luminoso y alegre es el retrato de Guillermo y Máxima de Holanda con sus niñas durante su estancia en Argentina las pasadas navidades. La fotografía sirvió como felicitación navideña. Desde luego Máxima Zorreguieta se lleva el título de la princesa más elegante y da gusto cómo lleva a sus tres niñas. Pero de todo lo visto en los últimos años sin duda nadie ha podido superar las imágenes que en vida de Diana de Gales se hacían los Príncipes con sus hijos Guillermo y Enrique. Sobre todo algunas realmente imponentes que firmó lord Snowdon. El matrimonio fue un desastre pero los retratos familiares una auténtica delicia. una de las presentadoras de The View (ese Viva la gente de la tele estadounidense) la única manera de envejecer con dignidad es muriendo joven. Como River Phoenix, incluso como Natalie Wood. Claro que también puedes ser Jeanne Moreau, haber llegado a los 80 el miércoles pasado y dar lecciones de cómo cumplir años. Aunque también es verdad que siendo europea (y Jeanne Moreau es el cine europeo) lo tienes un poco más fácil. Pero no entonemos aleluyas porque andamos ya cerca del shangrilanguismo americano. Jeanne Moreau (la mejor actriz del mundo según Orson Welles) ama el tiempo que pasa. Quizá por eso el tiempo ha pasado tan bien por ella. Vale que había buena materia prima pero también otras cosas. La materia prima la vió perfectamente Luis Buñuel, que la dirigió en Diario de una camarera Una vez Jeanne le dijo a don Luis que le habría encantado ser su hija. El aragonés le contestó que mejor no, que la habría metido en un armario para que nadie la viera. Siendo seis años mayor que Brigitte Bardot, con quien hizo Viva María a las órdenes de Louis Malle, la Moreau ha llegado a vieja en mejores condiciones. A veces me da la impresión de que todos los viejos se parecen. Como los chinos. Como las Jennys. Últimamente, y me ha pasado varias veces, cuando miro en la tele o en los periódicos a Manuel Fraga (ese hombre que ahora reivindica el centro, qué cosas) veo a Jorge Luis Borges (un Borges que ve) Parece que llega un momento en que yendo ya para el mismo sitio los rasgos faciales empiezan a difuminarse y confundirse con los de otros que ya han pasado por el mismo lugar. Sin embargo, Jeanne Moreau no se parece a nadie. Ni ella ni esa voz que hace gárgaras con piedra pómez. La inimitable la llamaba Coco Chanel. Inimitable e insuperable. Tan inimitable que, llevando 60 años en el cine, mantiene que no tiene una carrera sino una vida como todo el mundo. Que una carrera implica una ambición precisa, una premeditación y ella, como decía Jean Renoir ha navegado. La profesora Ginette Vincendeau, una de las mayores especialistas en cine francés, la ha comparado con sus otras dos colegas rubias: Si Brigitte Bardot era sexo y Catherine Deneuve, elegancia, Moreau encarnaba la feminidad intelectual Será gafapasta. Como si la Moreau no fuera también el sexo y la elegancia. Y la memoria, aunque es una actriz sin memorias. Pero bien podría haber escrito Cómo llegar a vieja sin parecer idiota