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27 1 08 EN PORTADA Padre Nicolás El jesuita de los pobres (Viene de la página anterior) en Japón, donde estudió Teología y se ordenó sacerdote en 1967. Tras pasar por la Universidad Gregoriana y doctorarse con una tesis titulada Teología del progreso regresó al imperio del Sol Naciente en 1971 para impartir clases en la prestigiosa Universidad Sofía de Tokio, regentada por los jesuitas. En esa época en la que habitó en la Casa Teologal de la capital nipona, uno de sus mejores amigos era Plácido Ibáñez, otro misionero jesuita nacido en Granada hace 73 años, pero que ha pasado la mayor parte de su existencia en esta parte del mundo. Jugábamos todas las tardes al chinchón y, como le gustaba mucho andar, dábamos largos paseos por la ciudad, en uno de los cuales nos enteramos escuchando un transistor de que Franco había muerto recuerda Ibáñez, quien destaca el gran sentido del humor del nuevo general. Lo ha heredado de su padre, así que, cada vez Adolfo Nicolás dijo en su primera homilía que coincidía con el Papa en que en todo, amar y servir lo que ha sido interpretado como un intento por zanjar asperezas que reflexionábamos sobre la crisis vocacional, Adolfo solía decir que lo importante era no perder ni el chinchón ni el sentido del humor indica el veterano misionero, quien estaba con él cuando, en 1978, recibió una carta informándole de que iba a dirigir el Instituto Pastoral de Manila. ¡Menuda me ha caído! exclamó entonces el padre Nicolás, quien quizás pensó algo similar al ser nombrado prepósito de los jesuitas porque, según sus amigos, no se lo esperaba. A Nico lo vi a finales de diciembre, poco antes de partir a Roma para participar en la Congregación General 35, y le dije que iba a ser el próximo general, pero él lo descartó porque tenía ya 71 años sobre la espalda indica Manuel Silgo, otro misionero afincado en Japón que se reunió con el padre Nicolás en un Burger King de Madrid porque no encontramos ninguna cafetería para poder sentarnos y charlar un rato Del nuevo responsable de la orden, una de las más numerosas de la religión católica, Silgo resalta su gran profundidad espiritual y de conocimientos teológicos y humanos que, sin embargo, no va pregonando porque sabe escuchar atentamente a todo el mundo para hacer luego unas reflexiones muy acertadas Por ese motivo, el sacerdote Juan Ribera, encargado del asilo de Tokio donde son atendidos los jesuitas más ancianos y enfermos de Japón, cree que la elección de Adolfo Nicolás ha sido una apuesta por la interculturalidad, ya que se buscaba a una persona que pudiera unir Occidente y Oriente, de donde proceden la mayoría de las vocaciones religiosas en la actualidad No en vano, la comunidad jesuita más numerosa del planeta ya se encuentra en la India, donde esta congregación tiene unos 3.700 miembros. Asia es la prioridad principal para el Vaticano, que quiere normalizar sus relaciones con China y necesita como interlocutor a un hombre capaz de dialogar y con experiencia en este continente apunta Ribera, quien aclara que Nicolás no se precipita en las decisiones y está preparado para aguantar situaciones difíciles porque tiene mucha paciencia oriental Otra de las claves de su designación es, a juicio de Manuel Silgo, Profundidad espiritual su carácter diplomático, por lo que no habrá ningún enfrentamiento con el Vaticano ni con el Papa como ha ocurrido en otras ocasiones en la agitada historia de los jesuitas. De hecho, Adolfo Nicolás se apresuró a asegurar en su primera homilía que coincidía con Benedicto XVI en que en todo, amar y servir lo que ha sido interpretado en la Compañía de Jesús como un intento por zanjar las asperezas que causó el intervencionismo de la Santa Sede en la elección de su antecesor, Kolvenbach, tras la retirada por enfermedad de Arrupe. Un momento que los jesuitas vivieron con gran incertidumbre y que volvía a poner de manifiesto la inmensa distancia que se abría entre los curas que trabajan y viven con los pobres en plena calle y el mundo de intrigas políticas y discretas diplomacias en el que evolucionan obispos y cardenales en los salones y pasillos del Vaticano. Nicolás y Arrupe son distintos porque, mientras el primero lanzaba muchas propuestas y era muy impulsivo, el segundo es más intelectual y se encargará de poner las ideas en orden razona Juan Ribera. Para empezar, lo que tendrá que poner en orden será una congregación también marcada por la división, pero en cuyos misioneros de base tiene todavía una gran aceptación la controvertida Teología de la Liberación, condenada en los años 80 tanto por Juan Pablo II como por el cardenal Joseph Ratzinger antes de ser elegido Papa. Por eso, los jesuitas más enfocados hacia la labor pastoral y educativa confían en la moderación del padre Nicolás. Por su parte, los más activistas aquellos que señalan con ironía el mucho dinero que ha costado el levantamiento de la esplendorosa iglesia de San Ignacio de Tokio y la contigua sede oficial del provincial de la congregación, se aferran a sus hondas preocupaciones sociales y a los sacrificios que hizo en Japón en favor de los más necesitados. Mientras tanto, Antonio García, el administrador de la casa de los jesuitas en la capital nipona, que llegó a Japón en 1950 y ha trabajado tanto bajo las órdenes del padre Arrupe como del nuevo general, recuerda las películas que iba a ver con Nicolás: títulos como La misión y El nombre de la rosa Todo un ejemplo de buen gusto cinematográfico, pero también de rebelión ante la autoridad de la cúpula eclesiástica que habrá que ver si sigue vigente en el padre Nicolás ahora que ha pasado a formar parte de ella. Poner orden en la congregación Asia, prioridad para el Vaticano Los jesuitas Silgo, Ribera, Antonio García y Plácido Ibáñez en la casa de esta orden en Tokio