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27 1 08 EN PORTADA Padre Nicolás El jesuita de los pobres TEXTO Y FOTOS: PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL A TOKIO n 1997, siendo por entonces superior provincial de Japón, el sacerdote jesuita español Adolfo Nicolás dejó su residencia oficial para irse a vivir a una pequeña casa con paredes de latón en el distrito de Adachi, una zona obrera situada a las afueras de Tokio lindando ya con la Prefectura de Saitama. Esta infravivienda, que aún se mantiene en pie, no tenía calefacción ni muebles y el aseo era sólo un agujero en el suelo que desaguaba directamente a un estrecho callejón por donde las ratas se movían a sus anchas. Y si la vida de un hombre es la suma de sus actos, éste es quizás uno de los más reveladores- -pero no el único- -para entender al padre Adolfo Nicolás, quien a sus 71 años ha sido elegido la semana pasada prepósito general de la Compañía de Jesús. Después de casi 25 años bajo la autoridad del sacerdote holandés Peter Hans Kolvenbach, la influyente orden católica, fundada en el siglo XVI por San Ignacio de Loyola y que cuenta ya con cerca de 20.000 miembros, vuelve a estar pilotada por un español que a muchos les recuerda al padre Pedro Arrupe, quien dirigió a los jesuitas desde 1965 hasta 1983 con carisma no exento de controversia. Durante esos años, el fuerte compromiso social de Arrupe y su lucha a pie de calle por los más necesitados revolucionaron a una Iglesia católica que, acomodada en el espléndido fulgor del E Vaticano, se alejaba a pasos agigantados de una sociedad cada vez más secular y materialista. Frente a esa pérdida de espiritualidad en Occidente, el padre Arrupe, que también fue provincial de Japón y estaba destinado en Hiroshima cuando cayó la bomba atómica en agosto de 1945, miró al Lejano Oriente. Y allí centró la labor religiosa en la ayuda a los pobres, incomodando en ocasiones a una jerarquía eclesiástica que, en ocasiones, parecía más preocupada por seguir manteniendo su influencia en los elitistas círculos del poder o en preservar su influencia en el ámbito de la educación. Precisamente, el nuevo general de los jesuitas tratará de superar esta división, que él mismo vivió en Tokio y aún hoy puede apreciarse entre los miembros de la congregación. Pero el padre Nicolás no será el nuevo Arrupe, porque es menos impulsivo y más reflexivo, por lo que los cambios que se produzcan dependerán en buena medida de los asesores que le rodeen asegura a ABC Isamu Ando, un misionero español nacionalizado japonés que lleva 46 años en el archipiélago nipón y vivió con el nuevo prepósito desde 1997 hasta 2004. Una de las casas que ambos compartieron fue la humilde vivienda de latón de Adachi, donde, según explica Ando, el padre Ni- colás se metió de lleno en el problema de los emigrantes pobres que vienen a Japón en busca de trabajo y conoció una sociedad nipona muy diferente a la que había visto dando clases de Teología en la Universidad Sofía de Tokio Desde entonces, y tras dejar de ser superior de la provincia de Japón en 1999, Adolfo Nicolás se encargó de dirigir un centro de asistencia a los inmigrantes filipinos, a los que incluso ayudaba con el dinero que tenía asignado junto al padre Ando para sus propios gastos. En 2004, fue destinado a Manila con nuevas responsabilidades de gobierno como presidente de la conferencia de provinciales de Asia Oriental y Oceanía. Con tal cargo, en el que se ocupaba de toda la región jesuita que va desde Birmania (Myanmar) hasta Timor Oriental pasando por Vietnam, cerraba un largo periplo por este continente que había comenzado allá por el lejano año de 1964, cuando se marchó a Tokio para estudiar Teología. Nacido el 29 de abril de 1936 en la calle mayor de Villamuriel de Cerrato, en Palencia, Adolfo Nicolás vivió su infancia en Cataluña antes de recalar en el colegio jesuita Areneros de Madrid, donde ya apuntó maneras y dio muestras de brillantez académica al ser nombrado príncipe de su promoción en 1953. Ese año ingresó en el noviciado de Aranjuez y, tras licenciarse en Filosofía en Alcalá de Henares en 1960, recaló (Pasa a la página siguiente) Asistencia a inmigrantes El nuevo general de los jesuitas destaca por su diplomacia. El padre Nicolás no será el nuevo Arrupe, porque es menos impulsivo y más reflexivo dice uno de sus colaboradores Los otros líderes religiosos JOSÉ RODRÍGUEZ CARBALLO Franciscanos Menores, los frailes del pueblo 11 arzobispos y 94 obispos, 10.559 sacerdotes, 63 diáconos permanentes, 551 candidatos al sacerdocio y 2.282 hermanos laicos. Si a estos 13.567 profesos perpetuos se suman los 1.766 profesos temporales y 462 novicios, dan un total de 15.795 miembros. Los frailes menores viven en 52 países de los cinco continentes, con una fuerte presencia en Europa Occidental e Iberoamérica. Nacido en Orense en 1953, y con una amplia experiencia pastoral, el padre Rodríguez Carballo representa como pocos el espíritu de San Francisco de Asís, de cuyo nacimiento se cumplen en estas fechas el 800 aniversario. LUIS ARÓSTEGUI Tras los pasos de San Juan de la Cruz y Santa Teresa linas, que cuenta en todo el mundo con 10.500 miembros entre postulantes (328) novicios (547) externos (361) profesantes solemnes (787) y profesantes simples (8.534) La orden está íntimamente ligada a las carmelitas descalzas, y como ellas siguen el carisma fundacional, basado en los pilares de la oración, la abnegación y el celo apostólico. Nuestra vocación aspira a la unión con Dios por el camino de la contemplación y del fervor apostólico indisolublemente hermanados, formando una comunidad fraterna, signo de comunión en el mundo afirma el padre Aróstegui. JESÚS BASTANTE MADRID. Hemos sido y queremos ser los frailes del pueblo estar cerca de la gente, saber todo de la gente sencilla, siendo los últimos entre los últimos Así define el ministro general de la Orden de los Franciscanos Menores, el español José Rodríguez Carballo, la misión específica de esta congregación religiosa, la segunda orden masculina más importante de la Iglesia católica, tras los jesuitas. Según las últimas estadísticas, los Franciscanos Menores- -una de las cuatro ramas de seguidores del santo de Asís- -cuentan con 7 cardenales, J. B. MADRID. Luis Aróstegui Gamboa, prepósito general de los Carmelitas Descalzos, nació en Gatika (Vizcaya) en 1939, profesando como carmelita en 1956. Conocido por su obra poética- -en castellano y euskera- quienes le conocen, y le han leído, afirman que sigue los pasos de San Juan de la Cruz. También de Santa Teresa, de quien heredó su afán por viajar a todos los rincones. Miembro de varias sociedades de espiritualidad y traductor al vasco del alemán, inglés y francés, se encuentra al frente de una de las grandes congregaciones religiosas mascu-