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20 1 08 VIAJES Bucarest La mole de Ceaucescu megalómanos sueños del dictador TEXTO: ESTEBAN VILLAREJO FOTOS: EDUARDO MANZANA Construido para sede del Partido Comunista de Rumanía, este gigantesco palacio del realismo socialista refleja lo efímero de los n su haber tiene el privilegio de ostentar la denominación de segundo edificio más grande del mundo tras el Pentágono, y el primero de Europa Para su construcción fue precisa la demolición de más de 7.000 viviendas, doce iglesias, tres monasterios y dos sinagogas que habían quedado dañadas tras un terremoto. Para hacer rea- E Apenas un puñado de funcionarios y turistas recorren sus galerías lidad el último delirio megalómano del dictador comunista se contrató a 20.000 albañiles, 1.000 ingenieros y 1.500 arquitectos, veinticuatro horas al día durante cinco años. El propósito: Mostrar mi poder palabra de Nicolae Ceaucescu. No se puede entender a Bucarest- -ni a Rumanía en general- -sin esta visita así presenta Andra, una de las guías oficiales, la que es visita obligada a realizar en la capital rumana: el Palacio del Parlamento. Construido para albergar la sede del Partido Comunista Rumano, la mole faraónica de Bucarest es una de esas paradas que destapan los rocambolescos (y macabros) destinos que el invento ideológico de Marx y Lenin pudo hallar en la praxis- -monstruos del estilo del Muro de Berlín, la sede del KGB en Moscú, el complejo gubernamental de Pyongyang o la Cuba del realismo- socialista. El interior del edificio es digno de zares, césares o sisís emperatrices pero su exterior es gélido, inhumano y triste: metáfora del comunismo, que cambia de aspecto según el lado de la nomenklatura en el que uno se encuentre. La que iba a denominarse Casa del Pueblo está enclavada en una colina artifical que se asoma al bulevar de la Unidad (Unirii) una de las arterias principales de la capital rumana, una ciudad en construcción que busca un sitio en la Europa de los 27. En una superficie construida de 365.000 metros cuadrados- -casi triplica la del Palacio Real de Madrid- -el Palacio de Bucarest alberga ahora, paradójicamente, las instituciones de un país democrático: las Cámaras alta y baja del Parlamento rumano y el Tribunal Constitucional, lo que en su día ya causó considerable polémica. También se puede visitar en su interior el Museo Nacional de Arte Moderno y un sinfín de salas de conferencias, laberínticos pasillos y estancias que provocan la advertencia de la guía: Síganme en todo momento o se perderán. Quien quiera contemplar durante un minuto cada una de las 5.100 Síganme en todo momento o se perderán. Quien quiera contemplar durante un minuto cada una de las 5.100 habitaciones necesitaría tres días y medio