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20 1 08 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN Fantasías sobre las mujeres La escritora Edurne Uriarte reflexiona en Contra el feminismo sobre todo aquello que el feminismo no ha contado sobre la igualdad. La manipulación del techo de cristal, las fantasías sobre el estilo femenino del poder, el falso pacifismo, el nuevo biologismo, los viejos clichés sobre la sexualidad. O las tentaciones de la dependencia de las musas contemporáneas ivimos la primera experiencia histórica de la educación para la independencia de la inmensa mayoría de las mujeres. De las mujeres y de toda la sociedad. Los valores dominantes indican ahora que ellas ya no dependen de ellos, que deben desarrollar su independencia en todos los campos, que la relación entre sexos está presidida por la más absoluta igualdad. Que ellas están destinadas a sobrevivir profesional, económica y vitalmente. Por sí mismas. Que sus aspiraciones deben ser las mismas que las de los hombres. Que juegan con las mismas reglas. Que el poder, en la familia, en la vida profesional o en la sociedad, está ahí para que se haga con él cualquiera, hombre o mujer. Muy atractivo, en teoría. Porque, una vez abierta esa nueva sociedad de las oportunidades femeninas, nos hemos encontrado con el hecho de que algunas mujeres, bastantes, no tienen ninguna prisa en hacerse con ellas. Que prefieren el modelo clásico. Que ellos persigan las oportunidades, que ellas les acompañarán. Es más cómodo. Hay que limitarse a estar, no a hacer. Ellas quieren ser musas, como en los viejos tiempos, cuando ellos creaban y ellas ponían la cara, sobre todo si la cara era bonita. A algunas esto les parece un chollo, quizá por la sencilla razón de que es realmente más cómodo y práctico que se inspiren los demás y no tener que hacerlo tú misma. Tener una idea siempre es complicado. Tumbarte en el sofá mientras él la alumbra parece más sencillo. Junto al de concubina, el concepto de musa, tal como se aplica en el español común, y no en el sentido explicado por el diccionario de la Real Academia Española, es seguramente el concepto más machista que circula por la vida diaria de nuestras palabras y de nuestras ideas. Se aplica a aquellas mujeres que inspiran la creación de los hombres. ¿Cómo? Pues he ahí el segundo problema de la palabreja, que la inspiración se produce habitualmente V Título: Contra el feminismo Autor: Edurne Uriarte Editorial: Espasa Calpe Colección: Espasa Hoy Páginas: 256 Precio: 21,00 euros Fecha de publicación: 22 de enero por medio de los encantos físicos de la fémina, no por su sugerente conversación intelectual sobre la obra del artista. Como esto aún les parece muy estimulante a los liberados e igualitarios hombres, y mujeres, de los países desarrollados, muchos insisten en la fascinación por la figura. Por ejemplo, con una reciente película llamada Factory Girl basada en una gloriosa vida que ya hizo merecedora a su protagonista de una biografía antes de esta película. La gloriosa vida de una musa. Se llamaba Edie Sedgwick y brilló en los años sesenta en Nueva York. ¿Su aportación a la historia? Acabo de contarlo, fue nada más y nada menos que una musa. Sus méritos consistieron en fascinar a Andy Warhol y en enamorar a Bob Dylan, o quizá algo menos profundo que enamorar, pero lo suficiente para que Dylan le dedicara una canción. La musa inspiró la siguiente impresionante frase de dicha canción: Hace el amor como una mujer pero se rompe como una niña Ambos logros, la fascinación de Warhol y el interés de Dylan, se produjeron, a la vista de los datos de la biografía de Sedgwick, por sus méritos físicos, dado que no es posible encontrar algún rasgo significativo más en esa biografía que su belleza. A no ser que consideremos méritos su falta de calidad como actriz, que ni su condición de musa pudo ocultar, o el haber sido hija de una rica familia cuyo dinero rápidamente dilapidó en juergas en Nueva York, o, sobre todo, su principal aportación, el consumo desenfrenado de drogas; eso sí, siempre Edurne Uriarte Escritora y catedrática de Ciencia Política con un aspecto muy chic, embutida en la ropa más cara de Nueva York y con el fondo decorativo de la Factory de Andy Warhol. Murió de una sobredosis en 1971, a los 28 años. Así acabó la vida de una musa que ingresó unos años antes en el olimpo de los dioses a través de un sistema ciertamente muy tradicional en lo que a relación de géneros se refiere. En una de sus juergas nocturnas, su única ocupación conocida, fue descubierta por Andy Warhol, que cayó rendido a sus pies. No porque estuviera recitando su última creación poética, o cantando con una maravillosa voz, o tocando una pieza al piano, o haciendo un fascinante análisis de la situación bursátil. No, Sedgwick bailaba subida a una plataforma. Los biógrafos no especifican el número de copas que tenía en ese momento en su cuerpo. Da lo mismo. Inspiró a Warhol. Una vez abierta esa nueva sociedad de las oportunidades femeninas, nos hemos encontrado con que algunas mujeres no tienen prisa en hacerse con ellas Junto al de concubina, el concepto de musa, tal como se aplica en el español común, es seguramente el concepto más machista que circula por la vida diaria Una de las más gloriosas aportaciones a la supervivencia de las musas la hacía El País Semanal a fines de enero de 2007, con motivo de la entrega de los Goya. La portada era impresionante. Bajo el título Parejas de hecho. Siete directores de las películas que compiten hoy en los Goya con sus actrices fetiche el director Bigas Luna, sesentón, ¿quizá setentón? vestido hasta las orejas, con jersey de cuello alto, sostenía en su regazo a una jovencita con aspecto de ser su nieta, a no ser por el detalle de que la supuesta nieta miraba provocativamente a la cámara, cual estrella de cine porno, ligera de ropa, quizá para compensar el cuello alto de Bigas Luna, y con las piernas bien abiertas. Como es costumbre en estas parejas de creador y musa, el hombre, o sea, el creador, miraba pensativamente a la cámara, en actitud de tengo una idea, aunque no lo parezca por esta ridícula fotografía, y no paro de pensar aunque tenga que hacerlo en esta pose de viejo verde Ella, la actriz fetiche, la musa, miraba con la boca ligeramente entreabierta, como también es de rigor en las mu- El sesentón y su musa