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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE La primera red no sube nada. Los marineros recogen en sepulcral silencio. No hay peces, no hay dinero... malos, buenos y regulares. Sale el tema de la anchoa. José comenta que hace años podías llevarte 600.000 pesetas en dos noches. Ahora, si la pescamos la devolvemos a la mar. En una jornada de 18 horas ganas 40 euros, ¡si los llevas! La sirena interrumpe la conversación. Salen a sus puestos. Tres minutos más tarde, desde el puente, se oye la voz de Andrés: ¡Listos! ¡Larga! José va cantando los portillos del arte. Levantan más de 2.000 kilos de sardinas. La noche es fría. Escoltan al barco gaviotas silenciosas, atentas. Los marineros se tumban en catres para echar un sueño breve, continuamente interrumpido para volver a faenar. Cuando descargan en la lonja son las 11 de la mañana, restan apenas 6 horas para volver a salir. Ahora bajas al puerto y parece que has entrado en Dakar dice Alfonso, el segundo de a bordo; santoñés y 37 años de oficio. Nos han pagado las sardinas a 26 céntimos el kilo. Estaba mejor la mar hace 20 años que ahora. Menos mal que cuando paremos por los temporales me voy a Puerto Rico. ¡Si no, de qué iba a estar yo en esta mierda! Salgo con uno de los tripulantes. Se llama Pedro y me habla de peleas a bordo de otro barco, el Beti Piedad. La noche siguiente se da peor. La primera red no sube nada. Los marineros recogen en sepulcral silencio. No hay peces, no hay dinero. Un error largando la segunda hace perder todo. Andrés se devana el seso persiguiendo a los bancos. La tercera red es otro fiasco. El patrón clama al cielo, ¡es imposible no pescar nada! Pasa mucho tiempo antes de largar la cuarta. Matamos el tiempo mirando los sónares y liando pitillos. A Andrés se le abre el pico. Habla de sus hijas. Deneb tiene nombre de estrella, la más brillante de la constelación del cisne. Marina ha hecho honor al oficio de su padre. El Demar es un acrónimo de ambas. La vida lo que te da es anécdotas continúa el patrón, lo importante es no acordarse de los malos momentos; y la palabra. Eso es lo importante. Hace un rato, con el error en la maniobra de largada, ha blasfemado a voz en grito sin tomarla con nadie. Me explica que lo que nunca debe hacer un patrón es faltarle el respeto a sus hombres. Con la cuarta red, por fin, hay suerte. Al terminar la faena, un marinero sube quejándose de un flemón. Andrés le da un colutorio. No te lo bebas todo bromea. A las 8: 30 vemos el monte Buciero. Alfonso ha sustituido a Andrés en el puente de gobierno. Asomado a la ventanilla, me pide que fotografíe Santoña desde el mar; allí está la Peña del Fraile, donde empezó todo. Un tripulante me asegura en voz baja que el copatrón es un marino de los que no quedan Le vengo observando. A bordo es taciturno y nostálgico; en tierra se le encienden los ojos. La última generación de marineros santoñeses es la nuestra asegura antes de desaparecer dentro de la torre. Los marineros comen con las manos. Bromean y juramentan. Discuten si Ibanda (un africano que forma parte de la tripulación) corría detrás o delante de los leones en Senegal