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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE Un tripulante cumple jornadas de entre 15 y 18 horas; y cobra en función de la pesca obtenida. Al cabo de un buen año, gana alrededor de 9.000 euros Los últimos pescadores Año 10.000 a. C. Cueva del Abrigo del Perro. Un hombre talla en sílex el primer arpón. Puerto de Santoña, enero de 2008. El Demar suelta amarras. Entre una y otra escena, se ha jalonado una de las más bellas historias marineras de España. Una historia con los días contados TEXTO Y FOTOS: JAIME ROYO VILLANUEVA Costa Norte a bahía de Santoña se abre al mar desde la Peña del Fraile, un farallón cuya forma semeja la de un hombre postrado hacia la cumbre en oratorio acto. Desde allí hizo arrojar Diocleciano a San Ananías y ocho de los suyos; y allí entró en éxtasis Leopoldo Alas, Clarín, mientras veía romper las olas a los pies de la peña. Península de difícil invasión por fuerzas enemigas tal y como cita Pascual Madoz en su Diccionario, Santoña es tierra de hombres recios y pujantes. Su hi- L jo predilecto, Juan de la Cosa, codescubridor de América con la Santa María, obligó por contrato a que en su barco sólo se enrolaran santoñeses. Marinos expertos, ya en el siglo XII salían en chalupas a la captura de las ballenas, y, más tarde, aprendieron a perseguirlas en su periplo migratorio hasta la Terranova. Andrés González Argos (48 años, Santoña) es el patrón del Demar, un pesquero de 25 metros con capacidad para 40 toneladas. Lleva en el oficio más de tres décadas y conoce los motivos que ale- jan a los jóvenes. Esto aquí es muy bonito, en la mar es otra historia... Los chavales de Santoña llevan toda la vida escuchando a sus padres y abuelos que la mar es lo último. Un tripulante cumple jornadas de entre 15 y 18 horas; cobra en función de la pesca obtenida. El sistema de pago es a la parte. Se descuentan para el armador los gastos en víveres, hielo, aparejos, etcétera. La cantidad que queda es el monte y se procede a dividirla en dos mitades; una para el armador y otra, denominada soldada, para los marine- ros. Al cabo de un buen año, un tripulante gana alrededor de 9.000 euros. Hasta hace poco, la anchoa mantenía el negocio. Actualmente existe una moratoria europea que impide su pesca; a pesar de la importante merma de ingresos que supone, la Cofradía de Pescadores de Cantabria ha votado a favor de mantenerla hasta la recuperación de los bancos. Si a ello unimos una legislación laboral deficiente, el cada vez más elevado precio del petróleo, el incumplimiento sistemático de las ayudas prometidas por el actual Gobierno y la enorme cantidad de especies importadas el mayor puerto de pescado de España es el aeropuerto de Vitoria asegura Andrés) no es difícil augurar el futuro de este oficio. Entre tanto, el patrón subsana la carencia de tripulantes autóctonos con trabajadores africanos y sudamericanos. Ibanda (Senegal, 30 años) Musulmán. Llegó en patera el verano pasado. Lo que me hizo salir de mi país fue el sufrimiento. No es fácil no tener nada. Su sueño es trabajar bien para comprarles una casa a mis hermanos y visitarles en vacaciones. Cuando logre eso, buscaré una mujer. (Pasa a la página siguiente)