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D 7 13 1 08 Lleva varias décadas entregado a despejar las múltiples incógnitas que acompañan a todo delito. Robos, homicidios, atentados... Lo suyo es observar, recoger muestras que posteriormente son analizadas, cotejar y, sobre todo, hacer uso del sentido común, el mayor aval que, según él, tiene un policía. Cuando el veterano Juan Antonio Rodríguez San Román, un tipo campechano, locuaz y entrañable, daba sus primeros pasos profesionales, no podía imaginar el espectacular desarrollo que con los años tendría la Policía científica. Antes se limitaba a sacar huellas; hoy dice buscar en lo visible y lo invisible para esclarecer los hechos. GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Juan A. San Román INSPECTOR JEFE DE ACTUACIONES ESPECIALES DE POLICÍA CIENTÍFICA Ni somos CSI ni Los hombres de Paco estamos en medio ISABEL GUTIÉRREZ- -Policía científica, una profesión en ascenso. ¿Pura vocación o es que las teleseries tienen un tirón irresistible? -La demanda ha aumentado y es cierto que las series de ficción han disparado las vocaciones. Nosotros ni somos CSI ni Los hombres de Paco más bien estamos en medio. -Y a usted, ¿qué le despertó el gusanillo? -En mi caso fue Serpico con Al Pacino... El cine y la tele favorecen nuestra imagen, pero una buena imagen no se construye con la ficción, sino con el trabajo. ¿En qué consiste exactamente su trabajo en lo que llaman Actuaciones Especiales? -Intervenimos en una gama amplia de delitos y siniestros: robos, incendios, atentados, asesinatos... Desgraciadamente, actuamos cuando ha sucedido algo grave. Nos centramos en la inspección ocular del escenario y dependemos funcionalmente del juez, así que recogemos muestras y aplicamos una serie de métodos científicos y técnicos destinados a la instrucción. Tenemos muy asimilado el concepto de servicio público y lo que tratamos es de minimizar el tiempo de respuesta. No sólo se trata de hallar al culpable, sino de descartar al inocente. ¿Son tan polifacéticos como Grissom y compañía: recoger muestras, pasar por el laboratorio, detener, interrogar... -Qué va, eso sólo sucede en la ficción. Cuando yo empecé en la Policía científica, a mediados de los 80, sólo rastreábamos huellas en el escenario del delito. Ahora buscamos todo tipo de muestras; incluso, le diría que buscamos lo invisible. El abanico se ha ampliado y la responsabilidad, también. Todo se ha actualizado: técnicas de investigación, metodología... -Así que, aunque disponen de más medios, su vida se ha complicado. -Aún estamos entre la tradición y las nuevas tecnologías. La tradición es lo que te transmite el compañero veterano, que es el mejor mente etiquetadas y selladas, reflejando la cadena de custodia: hay que saber quién ha recogido qué, para qué análisis y en qué laboratorio. Cotejamos todo, documentamos todo. Al cabo, el delincuente siempre se lleva o se deja algo en el escenario. -Las pruebas de ADN, ¿despejan todas las incógnitas? -Nosotros sólo podemos decir que el perfil genético de una persona ha aparecido en tal escenario, pero nada más; eso no demuestra que sea el autor del delito. El juez es el que determina. ¿Qué condiciones se necesitan para la inspección ocular? -Aptitud y actitud. Y la segunda a veces es más importante que la primera. Una persona con muchos conocimientos, aunque con poco ánimo, en la inspección ocular puede resultar desastrosa. -Como veterano, ¿cree que los jóvenes llegan más resabiados? -No. Lo que pasa es que a la científica vienen jóvenes con mayor preparación que la que hemos tenido nosotros, tras su paso por la universidad; y como cuentan con nuestra experiencia, van a superarnos con creces. La Policía científica ahora es una marca de prestigio. Cuando yo empezaba, bastaba la autoinculpación del detenido para que fuera juzgado y, probablemente, condenarlo. Ahora, lo que demuestra algo son las pruebas avaladas científicamente. -Con tecnología, ¿hasta qué punto la intuición desaparece? -El pálpito se tiene, pero no puedes dejarte llevar por él. Hay que fiarse del método. Aunque el método, sin sentido común, tampoco sirve. ¿Y alguna vez hay algo que se salga del sentido común? -Hay que ser precavido, mirar por si acaso, llegar hasta el final. Todo tiene un fin y un sentido, aunque en un determinado momento se escape a tu compresión. -Ustedes serán de piedra... -Cuando vamos al escenario de un homicidio, siempre damos un paso atrás para no implicarnos emocionalmente. No nos comemos el coco. Trabajamos y punto. IGNACIO GIL Trabajar bajo presión Somos de carne y hueso, pero sabemos para qué trabajamos. Así que procuramos no escuchar el ruido mediático, cuando lo hay. Hay casos puntuales que de cara a la opinión pública resultan excesivamente complicados, pero casi siempre las cosas son más sencillas. En general nos sentimos valorados activo que tiene un policía: pensar con lógica y con criterio a la hora de hacer una inspección ocular. Lo bueno es que a esos años y años de experiencia, se suman las nuevas tecnologías. ¿Es posible dejar algo al azar? -Nuestra labor es muy minuciosa, tiene que estar perfectamente documentada con fotografía y vídeo para plasmar el escenario según lo encontramos; luego, trazamos un plan de trabajo, recogemos las muestras, las fotografiamos y las fijamos. Traemos las distintas muestras conveniente-