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30- 31 D 7 LOS DOMINGOS DE ROSA BELMONTE Expediente Ñ Las adúlteras suicidas e gustan los idiotas de ficción. Los de verdad, menos. Pero también. Por afinidad, claro. Una de las novelas de éxito el año pasado, La elegancia del erizo de la francesa Muriel Barbery, está protagonizado por dos memas. Muy inteligentes y muy cultas pero un par de gilipollas. Una portera autodidacta, amante de Tolstoi, y una erudita niña de 12 años con una feroz y acertada mirada sobre la burguesía y sus valores. Ambas niponófilas (como la autora) La portera, para empezar cayendo bien, dice que su aliento tumba de espaldas, con lo cual, vaya, se entiende que sólo cuente con una amiga. La niña tiene el firme propósito de suicidarse (no es spoiler porque está al principio) Lo malo es que también piensa quemar su casa, la niñata. Por morirse haciendo un estropicio. Una par de infelices antisociales y poco creíbles. Y no es que no me crea a una empleada de finca urbana disertando sobre Guillermo de Ockham. Sin ir más lejos (y verán que no es sólo frase hecha) el portero de mi casa tiene el mejor castellano que yo he oído jamás (ni en el teatro clásico) Pero da igual lo mentecatas que se muestren, al final se les coge cariño. La gran literatura, y no digo que ésta lo sea, anda repleta de botarates (el capitán Ahab, Alonso M La chaqueta bordada del traje de Doña Elena, en detalle, y algunos complementos que llevó a la cena en homenaje al Rey españoles. El aplauso a sus apariciones fue unánime y a la Infanta se le perdonó lo que a la Princesa de Asturias tanto se le criticó: que recurriera a una firma italiana para su primera aparición mediática el famoso día de la pedida de mano. Por todo eso, esperaba con la lupa en la mano su primera aparición en una cena oficial ya sin Marichalar al lado. El resultado ha sido el que temía. La cena que se celebró esta semana para festejar el 70 cumpleaños del Rey era la primera ocasión que se presentaba para ver si la influencia de Marichalar en el estilo de Doña Elena seguía en su línea. Y está claro que no. La Duquesa de Lugo lució un conjunto de falda de gasa en color salmón con amplios vuelos y chaqueta bordada que para nada recordaba sus sorprendentes modelos anteriores. Doña Elena sí recurrió a uno de sus recogidos ondulados para su su larga melena y también a unos manolos como calzado, en color crema, que ya ha llevado en otras ocasiones. Pero la amplia falda de gasa y el largo que lució en esta ocasión recordaba más a las que suele usar la Reina que a las que han poblado su armario hasta la fecha. Desde luego el cam- REUTERS bio de imagen de la Infanta se nota, y mucho, en esta nueva vida que ha comenzado. El toque Marichalar brilla por su ausencia. Habrá que seguir observando el estilo de la Infanta. Muchos comentarios son los que ha levantado el último corte de pelo de la Princesa Letizia. Hay opiniones para todos los gustos. Independientemente de si está más o menos favorecida, para mí el problema reside en que una melenita tan corta para una Princesa no ayuda nada a la hora de completar su imagen de cara a la cantidad de recepciones y cenas de gala que tiene en su agenda. Para el día, con sus trajes de chaqueta de Varela y sus zapatos de Pura López, pues puede ir más cómoda. Pero, de cara a la etiqueta, ese corte no permite poder realizar recogidos ni moños, y sobra decir cómo favorecen esos peinados con ciertos escotes o largos de falda. Una de dos, o se luce un peinado corto como el que lleva desde hace años la Reina Doña Sofía o se deja un largo considerable (tipo Infantas) que permita realzar el peinado cuando la ocasión lo merezca. Las medias tintas no suelen funcionar. De ahí la pega. Un corte ¿arriesgado? Quijano, Humbert Humbert, Emma Bovary... pero no por ello se les nina. quiere menos. También hay personajes adorables. Como Ana KareLo bueno de una novela menor como La elegancia del erizo es que al menos despierta las ganas de echar mano de otras (con algunas se quitan hasta las ganas de volver a coger un libro) La obra tiene multitud de referencias. De esas que se lanzan a la cara, mira qué buen gusto tengo. Otra vez son las de la propia autora, que ha contado que va a todos sitios con un ejemplar de Guerra y paz Tan manejable, el librito de Tolstoi, no te digo. Luego habrá quien esté en contra de los libros electrónicos, pero son ideales cuando vas a un tocho ruso pegada y no, qué se yo, a Una pena en observación de C. S. Lewis. Un libro tan intenso como corto. Hay novelas superiores que también son una invitación a leer más. Así, Mansfield Park invita al Viaje sentimental de Sterne y 84 Charing Cross Road al Diario de Samuel Pepys (26 de febrero de 1661. Martes de Carnaval. Dejo a mi esposa en la cama, indispuesta por ceux- là Con La elegancia del erizo además del cine de Yasujiro Ozu, se despierta el deseo de volver a leer Ana Karenina La mejor novela para muchos. Y éste sí, un personaje literario encantador. Literario, cinematográfico y hasta televisivo. De Greta Garbo a Vivien Leigh pasando por las televisivas Nicola Pagett o Jacqueline Bisset (con ella, Vronski era Christopher Reeve) Mientras Emma Bovary, una tontalhaba y aprendiz de zorra, se la pega a su marido por aburrimiento, Ana lo hace por pasión. Mientras una se desenvuelve en provincias, la otra lo hace en la alta sociedad de Moscú y San Petersburgo (antros de perdición para Tolstoi, que les oponía la beatitud del campo de Levin y Kitty) Mientras una se suicida con arsénico (de la mano a la boca, tan fina ella) y agonizando unas horas, la otra, después de tirarse a Vronski se tira al tren, que es como más contundente, aunque en el último momento se arrepintiera ¿Dónde estoy? ¿Qué hago? ¿Por qué? musitó, haciendo un esfuerzo para echarse hacia atrás Pero vino el tren y se la comió. Si de George Cukor o de Pedro Almodóvar se ha dicho que conocen (o conocían) muy bien a las mujeres (lo que no deja de ser un lugar común) el conocimiento que Tolstoi demuestra en Ana Karenina de las mujeres y sus sentimientos es asombroso. Pero también de los hombres, del matrimonio o de la familia. Todas las familias dichosas se parecen. Las desdichadas lo son cada una a su manera Y siguen casi mil páginas de sabiduría rusa y universal. Cuando los obispos o el Gobierno se deciden a vapulearse (por favor, no hagan diálogos, que diría Michelle Bachellet) a costa del matrimonio y la familia, a una lequeda agarrar Ana Karenina (lo del arsénico o el tren puede posponerse) Donde esté Tolstoi que se quiten otros expertos en el matrimonio o la familia.