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13 1 08 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN Cuentos chinos Escribe Félix Romeo en su prólogo a estos cuentos chinos que el novelista Andrés Ibáñez ha reunido bajo El perfume del cardamomo que el conflicto entre razón y misterio está muy presente en sus páginas, que concluyen con una certeza: La vida sólo es para los valientes E Ibáñez, como demuestran sus Comunicados de la tortuga celeste (ABCD) siempre se arriesga La mujer del bandido n la provincia del Río del Norte se cuentan muchas historias de la mujer del bandido San. Algunos dicen que era una hija de un recaudador de impuestos, otros aseguran que era de sangre noble, lo cual no es probable. La mujer del bandido San se llamaba Camelia Blanca. La raptaron los bandidos cuando casi era una niña, y se la llevaron con ellos a la Montaña de la Nube (que para algunos es la montaña del alma) pasando por el desfi ladero de Qi, para presentársela al rey de los bandidos, el todopoderoso San. En total eran cinco cautivos, Camelia Blanca, sus padres, una anciana criada y una doncella. San estaba entonces en la cúspide de su poder. Dominaba toda la región, y su fama se extendía sin cesar a través de las llanuras, se filtraba por los pasos y los desfi laderos que atraviesan las montañas, se deslizaba en las barcazas que fluyen río abajo, avanzaba pausada pero imparable con las caravanas. El propio emperador estaba preocupado. Camelia Blanca no era especialmente hermosa. Era muy morena, muy delgada y huesuda, tenía ojillos vivaces y brillantes, labios finos y secos. Incluso entonces, cuando casi era una niña, la expresión de su rostro era ya desconfi ada y arrogante. Todos los cautivos se arrodillaron frente al bandido San, con la esperanza de salvar su vida. Todos menos Camelia Blanca. -Toca el suelo con la frente, muchacha- -le dijeron los alcaldes del bandido. Uno de ellos se acercó para golpearla con la espada, pero el bandido le detuvo con un gesto. ¿No me tienes miedo? -le dijo a la niña. -Sí- -dijo ella, que estaba temblando de pies a cabeza- Pero sé que me vas a matar de todos modos. Si muero mirando a la tierra, iré a los infiernos. Prefiero morir mirando al cielo. El bandido soltó una carcajada. -Niña- -le dijo- ¿Tú crees en esas cosas? No existen ni el cielo E Título: El perfume del cardamomo Autor: Andrés Ibáñez Introducción: Félix Romeo Editorial: Impedimenta Páginas: 160 páginas Precio: 16,95 euros ni el infierno. -Eso ni tú ni yo lo sabemos- -dijo Camelia Blanca. El bandido quedó en silencio y se puso a rascarse la barba, signo de que estaba pensando profundamente. La muchacha estaba allí frente a él, mirándole a los ojos, mientras los otros cautivos seguían postrados en el suelo, con la frente tocando el polvo. ¿Quieres salvar tu vida? -preguntó el bandido- Te perdonaré la vida si matas a los otros. Camelia Blanca rechazó la espada que le ofrecían y eligió una daga corta. Uno por uno fue matando a los otros cuatro, pero antes de cortarles la garganta les decía que levantaran el rostro y miraran al cielo, país de la garza y del halcón, morada de los inmortales. Andrés Ibáñez Novelista. Autor de La música del mundo M Diario de pesca i barca se desliza sin sentir por las aguas del Lago Sereno. No hay corrientes en este lago, y sin embargo, ¡qué suavemente vaga mi esquife, como arrastrado por una mano dulce que lo lleva sin dudar hacia un destino mágico e insospechado! No tengo que hacer nada, más que sentarme en la punta de la barca en la postura del loto (con las piernas cruzadas) y sostener la caña de pesca entre mis manos, esperando que el barbo confiado que vive entre las plantas del fondo encuentre el cebo y lo muerda. Y puedo dejar vagar mi imaginación, sin preocuparme de impulsar la barca con mi percha, ni de remar, porque la fuerza maravillosa de los genios del lago me impulsa quién sabe hacia dónde. El Lago Sereno es tan grande y tiene tantas islas y tantas bahías que nadie puede decir que lo conoce completamente. E imagino que el genio de las aguas que ha decidido apoderarse de mi barca me conduce hacia la casita donde vive mi verdadero amor, una muchacha que vive sola en una de las islas, o una princesa convertida en pájaro que espera desde hace cientos de años a que llegue su salvador... O que me lleva, quizá, a una isla donde hay un pequeño templo cuyo genio tutelar me concede tres deseos. O, quizá, a un país desconocido y olvidado de todos que existe más allá de las islas, en la otra orilla del lago, un país donde existe la tradición de hacer rey al primer extranjero que llegue a sus orillas... Un golpe inesperado me saca de mi ensoñación. Mi barca ha quedado atrapada en medio de los nenúfares, en un rincón pantanoso y pestilente. Mi sedal ha quedado enredado entre los tallos de las fl ores. Levanto la vista y me pregunto, asombrado, cómo he podido adentrarme tanto en esta zona pútrida. ¿Cómo no me han despertado de mi ensueño los mareantes perfumes de las flores y del cieno, cómo es que el limo no ha detenido antes el curso de mi barca? Y con un suspiro me pongo de pie, cojo la pértiga, y me dispongo a sacar mi barca de este lugar inadecuado. U El misterio de las garzas Uno por uno fue matando a los otros cuatro, pero antes de cortarles la garganta les decía que levantaran el rostro y miraran al cielo, país de la garza y del halcón ¿Cómo no me han despertado de mi ensueño los mareantes perfumes de las flores y del cieno, cómo es que el limo no ha detenido antes el curso de mi barca? n día de sol en medio del invierno, el campesino Chong salió de su cabaña para cortar un poco de leña en el bosque y contempló en la limpia nieve del camino las huellas de dos garzas. Aquello resultaba muy extraño, no solo porque las garzas emigran en invierno, sino también porque aquellas huellas no se movían como suelen hacerlo los animales, trazando círculos caprichosos, sino que avanzaban camino abajo, la una al lado de la otra, sin desviarse ni un ápice. Intrigado, Chong decidió seguir las huellas para ver si conseguía desentrañar aquel misterio. Si fueran verdaderas garzas se