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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE ALIANZAS DE CONSUMO Ironiza el autor sobre la que considera cansina retórica pacifista una Alianza de Civilizaciones a cuenta del erario español que ha ideado el tándem Rodríguez- Moratinos con la que instaurar la paz rodriguil sobre la Tierra una elevación a categos una buena ría cósmica del viejo preidea, pero llejuicio anglosajón- protesva sus trámitante- blanco que animó tes respona nubes de reverendos, dió un decaviajeros o historiadores no de Derecho a unos alanglicanos, luteranos borotados estudiantes presbiterianos, etc. de que le exigían la caída Serafín Fanjul visita por los países cainmediata del franquisHistoriador tólicos desde fines del simo. De igual modo, la glo XVIII. El mismo esfraternidad y armonía quema que aquellos nauniversales son excelenda imparciales observates utopías cuya realizadores (Ford, Borrow, en el caso esción parece compleja y requiere pañol) aplicaban con más simplealgo más que atajos voluntaristas za que simplismo a los católicos, y hatajos de lo mismo. Y no basta los reproduce el americano refericon zarandear las tesis de Hundo a los cristianos ortodoxos y a tington, por merecedoras de crítilos musulmanes. Huntington exaca que sean: el número de civilizagera, pero ofrece datos concretos ciones, las líneas divisorias entre e incontestables de nuestra conunas y otras, la exclusión de los temporaneidad inmediata, así iberoamericanos de la cultura ocpor ejemplo recuerda que, en los cidental, la infravaloración de los últimos veinticinco años, en tres factores económicos en los chode cada cuatro conflictos socioques entre grupos humanos, el derreligiosos hay implicados muterminismo cultural y religioso sulmanes. Por ejemplo. Y añade que subyace en toda esta visión... unos cuantos elementos de juicio Son fallas que presenta tal panode la misma índole con previsiorama reduccionista, de hecho E nes nada quiméricas sobre la fe religiosa como punta de lanza en las confrontaciones del siglo XXI. Pero ante este horizonte de realidades inquietantes, brota una luz de fuerza maravillosa y cegadora: nuestro Rodríguez ha descubierto la triaca milagrosa para contrarrestar la infección y gangrena que las guerras son. No importa que el inventor- precursor fuera el persa Jatamí, el del país donde se ha ejecutado por sus tendencias sexuales a seis mil homosexuales desde el 79, donde se miden los centímetros de flequillo que muestran las mujeres por frente de la pañoleta, o se contabiliza el número de roces (pecaminosos per se) en los transportes públicos de Teherán entre hombres y mujeres. Un país con el Huntington exagera, pero recuerda que, en los últimos veinticinco años, en tres de cada cuatro conflictos sociorreligiosos hay implicados musulmanes cual- -gracias a Dios y mal que pese a Alá- -no tenemos concomitancia alguna. Y, sin embargo, el tándem Rodríguez- Moratinos- -ahíto de triunfos diplomáticos como conseguir cumbres de cuatro segundos con Bush, o lograr sentarse junto a Micronesia y Mongolia en citas internacionales- -promueve una Alianza de Civilizaciones, a cuenta del erario español, con la que instaurar la paz rodriguil sobre la Tierra. Cantemos el aleluya (laico, por supuesto) por recibir al secretario general de la ONU, modelo de eficiencias, o al Erdogan turco, que está desarrollando con minuciosidad el programa para devolver a su país a la Edad Media, si alguna vez salió de ella. Felicitémonos porque durante dos días tan egregios invitados soltarán algunas obviedades de cansina retórica pacifista, en tanto los figurantes y dominguillos locales asienten y aplauden encantados ante la dorada ocasión que se les brinda para reiterar las vaciedades habituales al uso, más o menos adobadas (según los cargos que ostenten, o no) en torno al sionismo, el imperialismo, el colonialismo, el eurocentrismo, la xenofobia, la islamofobia y los derechos del pueblo palestino que- -como es natural- -no pueden faltar: no hay boda sin la tía Juana. Porque este género de festejos- -aparte la soporífera finalidad protocolaria- -encierra un objetivo claro por ambos lados: simular una política exterior, de la banda de acá; y utilizarlos, por la de allá, como caja de resonancia propagandística, también para consumo interno, en la que airear los aburridos victimismos antioccidentales. Los jeques saudíes y kuwaitíes, que nos cobran a 90 dólares el barril de petróleo, culpándonos de la pobreza en el mundo musulmán; la Liga Árabe exigiendo la entrega- -ellos la llaman descolonización- -de Ceuta y Melilla; Amr Musa, secretario general de la mentada y benemérita organización, reclamando que los musulmanes ocupen la catedral- -que fue mezquita- -de Córdoba, como en la conferencia de la OSCE patroneada por el pánfilo Moratinos. Porque ésta es la única verdad tangible de tan probo esfuerzo, sin atisbo de autocrítica ni el más remoto esbozo de reciprocidad: dado que en el mundo no hay otra civilización sino la islámica, sólo cabe servirse de estos montajes- -que pagamos los españoles- -para promocionar el islamismo, en cualquiera de sus advocaciones. Aunque, hasta la fecha, nadie nos haya explicado cuál es la diferencia entre islamistas extremistas y moderados. Seguimos a la mira. Caja de resonancia Integristas paquistaníes queman una bandera francesa para protestar por la publicación de caricaturas de Mahoma ABC