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13 1 08 EN PORTADA Un grupo de mujeres en el pasado Seminario Internacional para la Alianza de Civilizaciones celebrado en Córdoba VALERIO MERINO Civilizaciones Diálogo en la inopia (Viene de la página anterior) alturas, de las civilizaciones como economías. La globalización ha abolido los marcos económicos tradicionales, imponiendo una nueva división mundial del trabajo que no tiene en cuenta destrezas ni hábitos transmitidos de generación en generación. Sólo cabría hablar de civilizaciones como mentalidades, pero éste es un concepto muy amplio donde caben prejuicios, mitos, utopías, estereotipos, creencias, etc. Huntington optó por dar un papel preponderante a las religiones, y es, efectivamente, en torno a las religiones donde hoy discurren los debates sobre choque, diálogo o alianza de civilizaciones, estimulados, sin duda, por la irrupción del terrorismo islámico en la historia mundial desde comienzos de la década de los noventa. Es cierto que, en el caso del Islam, civilización y religión coinciden casi por entero, pero tendríamos que retroceder hasta las sociedades de la Antigüedad para encontrar un caso tan extremo de impregnación religiosa de la cultura. No sucedió lo mismo, ni siquiera en la Edad Media, en las sociedades cristianas, donde poder religioso y poder político han coexistido en medio de una perpetua tensión y donde las esferas científica y artística han pugnado con éxito por emanciparse de la autoridad de las iglesias. Esta diferencia, como ha observado Elie Barnavi en su último libro- -Religiones asesinas (Turner) invalida el diálogo de civilizaciones bajo la especie de diálogo interconfesional como instrumento para forjar cualquier alianza de civilizaciones Conviene recordar que el diálogo de civilizaciones fue una propuesta inicial del anterior presidente de la República Islámica de Irán, lo que resulta bastante coherente, porque el clero y las autoridades religiosas de los países islámicos- -y más cuando son a la vez autoridades políticas- -se consideran representativas de la totalidad de sus poblaciones. Nada semejante ocurre en los países de tradición cristiana, donde las autoridades religiosas carecen de poder efectivo fuera del ámbito de las iglesias respectivas. ¿Beckham, Sarkozy, el Papa? Islam, civilización y religión ¿Quién representa a las civilizaciones ¿Los líderes políticos, los intelectuales, los artistas, los deportistas? La cuestión no tiene respuesta posible, porque todos y nadie las representan. El Papa, Sarkozy, Beckham, García Márquez son más o menos representativos de la civilización cristiana pero carecen de toda autoridad para hablar en nombre de la misma. El Papa, lógicamente, puede representar a la Iglesia católica en un diálogo entre distintas confesiones; no así a la civilización cristiana como una totalidad (por otra parte, inaprensible) Las civilizaciones no dialogan. Probablemente, tampoco chocan. Lo que vemos son conflictos cuyas causas se relacionan con las religiones. Ahora bien, éstos no se resuelven con alianzas entre civilizaciones. Ni siquiera con diálogos interconfesionales. Animado, sin duda, por una encomiable voluntad de tender puentes entre cristianismo e islam, Benedicto XVI planteó en su discurso magistral de la universidad de Ratisbona las que, a su juicio, eran discrepancias fundamentales acerca de la concepción de Dios en ambas religiones. Si hubiera tenido enfrente una personalidad comparable a la suya, quizá su lección universitaria habría servido de acicate para un auténtico diálogo. Se encontró, por el contrario, con un aluvión de insultos y amenazas procedentes de un medio religioso extremadamente sectario y suspicaz. El problema de la comparabilidad es clave, y los relativistas que creen que todas las culturas son igualmente buenas y válidas (y, por tanto, comparables) se acaban estrellando, más temprano que tarde, contra la evidencia de lo contrario. El antropólogo mejicano Roger Bartra, siguiendo a Ernest Gellner, el gran estudioso de los nacionalismos, ha resumido perfectamente la aporía del modelo relativista al señalar que para que este modelo funcione bien, se requieren dos condiciones, por lo menos: primera, que todas las culturas sean internamente relativistas, igualitarias y tolerantes; segunda, que los linderos entre cada cultura sean identificables y estables, hasta cierto punto. Nada de esto parece ocurrir en este mundo y no es pertinente suponer que esto sucederá en los años venideros (Territorios del terror y la otredad, editorial Pre- Textos) Antes de auspiciar iniciativas de diálogos y ulteriores alianzas, hay que saber con más o menos claridad qué se tiene delante, y Rodríguez Zapatero, que ni se lo olió en el caso de ETA, parece el menos indicado para iniciar procesos de paz globales. A veces, la conjunción de buenismo y despiste resulta enternecedora. Uno de los actuales responsables del Ministerio de Exteriores, al que tengo por una bellísima persona, trataba de convencerme de su voluntad de entendimiento con Israel, recitándome la lista de todos los rabinos que había tratado. Nada tengo que objetar a las excelentes intenciones de Bernardino León, pero, si se trata de mejorar las relaciones entre el gobierno de España e Israel, que no han sido lo que se dice óptimas en los últimos años, yo me olvidaría de los rabinos. Menos pretensiones de arreglar el mundo y un poco más de pragmatismo en política exterior. Eso habría hecho falta. Nuestro despiste Antes de auspiciar iniciativas de diálogos y alianzas hay que saber qué se tiene delante, y Zapatero, que ni se lo olió en el caso de ETA, parece el menos indicado