Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6 1 08 70 ANIVERSARIO TIRA Y AFLOJA Por César Oroz PILAR CERNUDA Política ¿Recordáis México, Señor? eñor: No se yo si estas líneas me van a salir un tanto cursis, como ocurre cuando se escribe desde el corazón, pero me arriesgo. Soy una privilegiada, Señor, tuve la fortuna de pasar temporadas en Francia desde los doce años, y viví unos años en Nueva York; y no me sentía muy orgullosa de ser española, porque escuchaba cosas sobre mi país que no me gustaban. Por eso, Señor, se me saltaron las lágrimas cuando pude escuchar en directo vuestro discurso en el Congreso de Estados Unidos, con el presidente americano y todos aquellos congresistas y senadores aplaudiendo a rabiar a un Rey que explicaba cómo era la nueva España. Tuve la fortuna de cubrir informativamente vuestros primeros viajes, los irrepetibles, y me sentí rebosante de emoción cuando los dirigentes más importantes del mundo decían que España era ejemplo de cómo se podía convertir una dictadura en un país plenamente democrático. Ocurrió en la Francia de Giscard, en la Argentina terrible de Videla, en la China del postmaoismo, en los países nórdicos, en Japón, en el Irán del Sha o en la Alemania de Helmut el reconocimiento a vuestro trabajo era unánime, porque eran tiempos en que los todavía no había Constitución y teníais posibilidad de tomar decisiones de acuerdo con el presidente de Gobierno. Y la Constitución, lo sabemos bien los que vivimos aquella época, fue un empeño vuestro, personal, queríais que la primera legislatura fuera constituyente, por eso tenían que participar todos los partidos en las primeras elecciones, incluido el PCE, aunque os costó serios problemas su legalización el Sábado Santo Rojo. Sábado complicado, pero prueba evidente de que S no tenía vuelta atrás la Transición que preparabais desde el mismo día que Franco os designó sucesor. El aciago 23- F miré hacia La Zarzuela cuando todo parecía venirse abajo. El Rey está aquí, dando órdenes por teléfono a los capitanes generales, me dijo Fernando Gutiérrez. Luego, como millones de españoles, esperé impaciente vuestro mensaje, necesitaba ese mensaje que significaba que no había vacío de poder aunque el gobierno estaba secuestrado. Los jóvenes que hoy queman vuestro retrato no tienen ni idea de lo que habéis hecho por este país, aunque es probable que incluso sabiendo actuaran de la misma manera, siempre hay rebeldes; pero al menos en mi época teníamos cierta formación y sobre to- El Rey ante el congreso de Estados Unidos en 1976 do mucha información, las protestas eran justas, nada que ver con el desconocimiento actual y con la algarada por la algarada que desgraciadamente nos invade. Pero no hablemos de las sombras, puesto que son muchas más las luces. A lo largo de estos años de profesión he tenido que informar de muchas de vuestras gestiones diplomáticas; de otras no he podido hacerlo porque eran muy discretas, por no decir secretas, pero los propios presidentes y ministros nos las contaban para que supiéramos de vuestra labor callada. He tenido la fortuna de vivir en primera persona los encuentro clandestinos con grupos oprimidos en regímenes dictatoriales, a los que recibíais en la embajada española para dar ánimo en momentos muy delicados. Recuerdo por ejemplo, y Vos también, algunas escenas especialmente emotivas en Buenos Aires y Montevideo, por no hablar del respeto con que tratasteis a las viudas de Madariaga y de Azaña en Suiza y en México. ¿Recordáis México, Señor? Dos mil personas querían entrar en la embajada, dos mil republicanos del exilio, y dijisteis que abrieran las puertas. Desde la terraza para que os pudiera ver todo el mundo, asomado al jardín, improvisasteis unas palabras de reconocimiento por su lealtad a España. Os besaban como si fuerais el hijo pródigo, o el padre, no sé muy bien, pero os besaban, os abrazaban. Representabais la posibilidad de regresar a una España en la que no serían perseguidos. Se me acaba el espacio, Señor, aunque podría llenar un libro escribiendo sobre lo que habéis hecho por todos nosotros todos estos años. Sólo me queda felicitaros por esos 70 tan bien llevados y expresaros una vez más mi respeto. Y, con vuestro permiso, también mi afecto.