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6 1 08 70 ANIVERSARIO OPINIÓN PÚBLICA 23 de enero de 1938: El bautizo del Rey se conoció en España (en guerra) gracias a la edición sevillana de ABC 9 de noviembre de 1948: Don Juan Carlos pisó suelo español por primera vez y vino a estudiar a Madrid 15 de diciembre de 1955: El Príncipe 14 de mayo de 1962: Boda en de Asturias juró bandera en la Atenas de los Príncipes Don Juan Academia General de Zaragoza Carlos y Doña Sofía 1 de febrero de 1968: Los Príncipes presentaron a su primer hijo varón, Felipe SI ACTÚAS RECTAMENTE Cuando la irresponsabilidad y el dinero sucio empañan la percepción de la función pública, el Rey mantiene la esperanza de regeneración n tratado medieval sobre la Monarquía europea asignaba a los monarcas un doble cuerpo simbólico, perecedero el uno, incorruptible, divino, el otro. Sin embargo, los Reyes de España- -al contrario de los de Gran Bretaña o Francia- -han tenido que contentarse, a lo largo de su historia, con ser plenamente humanos. Si los Reyes franceses son los ungidos del Señor, los milagreros descendientes de San Luis, los españoles no han aspirado más que a ejercer el poder temporal con las mismas armas y mejores argumentos que sus súbditos. Esta naturaleza temporal y cotidiana de la Monarquía española, más militar que sacerdotal, más cercana al mundo y sus contingencias que a la divinidad ha ahorrado a sus representantes el vía crucis de otras majestades europeas cuando la libertad y la igualdad para hacerse efectivas tuvieron que desacralizar el poder monárquico. Al carecer de cuerpo inmortal, los Soberanos españoles pudieron ser desposeídos de su corona sin el trágico requisito del cadalso o la guillotina de los ingleses y franceses. En España los Reyes superaron el desafío de la Revolución con argucias meramente humanas, transigiendo y luego imponiendo, como Fernando VII, o imponiendo y, más tarde, marchándose, al estilo de su hija Isabel II. Siglos antes, en una época en que se REY SERÁS, U Fernando García de Cortázar Historiador halagaban los oídos reales con teorías sobre el origen divino de su poder los españoles, por medio de Francisco de Vitoria, aguaban la fiesta monárquica abriendo camino, sin embargo, al desarrollo del derecho internacional. En pleno proceso de fortalecimiento del poder real, Juan de Mariana defiende la existencia de leyes nacidas del pueblo, cuya modificación sólo puede hacerse con el consentimiento de la comunidad. De otra forma, la Monarquía degenera en tiranía, contra la que los súbditos están autorizados a defenderse. Ni se ungen, ni se coronan, los Reyes de España ofrecen el aspecto hondamente humano de los guerreros, los burócratas o los cazadores de mirada prensil con pocas ganas de viajes por los itinerarios del cielo. Nada hay de divino en el retrato de Felipe II, patrón del mayor Imperio de la cristiandad, ni en la retina de su pintor Sánchez Coello al vestirlo de sombría negritud y de impasible talante. Entre grises y sepias, su coetánea Isabel de Inglaterra oculta, en cambio, su naturaleza mortal con la complicidad del anónimo artista de la National Gallery londinense que la ve como Astrea, la diosa de la Justicia. Pisa la tierra Carlos III, retratado por Mengs, respondiendo en su sincera frialdad al ideal progresista de su reinado y hay un verismo justiciero en la estampa vulgar de Carlos IV y su familia transmitida por Goya. Los españoles del primer tercio del siglo XX conocían bien a un extrovertido Alfonso XIII, que confió su popularidad, no recompensada políticamente, al ejercicio de un sentido madrileño de la frase graciosa o la ocurrencia castiza. Esta singular relación de los súbditos con la Corona explica que la historia de España manifieste una veta anticlerical pero no antimonárquica, en sentido estricto, aunque ésta se proyecte en la difusión de un vago espíritu republicano, equiparado a un anhelo de mayor democracia y libertad. No podía ser de otra manera en un país donde tampoco existía un hondo sentimiento monárquico, capaz de suscitar la emoción contraria. Rey serás si procedes rectamente, no lo serás en caso contrario, dejó escrito Horacio señalando el principio de legitimación del poder monárquico. Así también lo han entendido los españoles de hoy al enjuiciar al Rey Juan Carlos. Recuperada en 1975 la Monarquía, supo ésta reconvertir su deuda franquista en crédito democrático gracias a su protagonismo en la conquista de las libertades individuales y colectivas. Por vez primera en la historia de España, un Rey promueve la limitación constitucional de sus poderes y no pretende gobernar. Sólo lo hizo durante dos años cuando la democracia naciente necesitó de su autoridad para desguazar la política heredada, que le obs-