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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE Antonio López, ante fotografías de la Familia Real, de la que está ultimando un ambicioso retrato GONZALO CRUZ Reales retratos POR DELFÍN RODRÍGUEZ Una biografía pintada La larga serie de importantísimos retratos del Rey realizados por artistas de primer orden (Antonio López, Macarrón, Arroyo, Guayasamín, Mingote, Revello de Toro... constituye un extraordinario ejemplo de las virtudes y enigmas del género osee el género del retrato, en general, cualidades y atributos complejos y enigmáticos que parecen siempre ir más allá del simple parecido o de la verosimilitud del retratado, aunque sean ésas del parecido o lo verosímil condiciones inalienables de cualquier retrato. Y, sin embargo, cuando alguien contempla un retrato mira inevitablemente más allá de las apariencias, incluido el propio retratado que, al observarse pintado o representado, se pregunta necesariamente sobre sí mismo o pone en marcha mecanismos simbólicos que tienen que ver con sus recuerdos o con la memoria, con su propia biografía, sorprendiéndose, en muchas ocasiones, de verse representado de esa manera, como si sus recuerdos y lo que ve no coincidieran del todo o de ninguna forma, ya que no es infrecuente que el retratado contemple sus retratos como algo ajeno a sí mismo, aunque se le parezcan. Si el propio retratado puede desconcertarse o inquietarse ante su retrato es porque supone que de la misma forma que él se ve en lo pintado lo ven los demás, tentados todos por la necesidad de interpretación que parece requerir el género, a medio camino entre la imagen reflejada por un espejo o por la que puede deducirse de una máscara. Es decir, que, ante un retrato, todos suponen que el artista ha realizado una tarea más allá de su condición de tal, convirtiéndose en improvisado psicólogo, historiador o crítico del retratado, como apropiándose de su alma o desvelando lo inesperado, lo que el simple parecido pudiera esconder. Cabe señalar también que, a pesar de todo, lo que prioritariamente el artista pretende resolver al hacer un retrato de otro pertenece a un orden propio de su disciplina, a la resolución de un problema artístico poderosamente marcado por la necesidad de atender al parecido, aunque lo exprese mediante formas y colores expresivos en los que parece encerrarse, en mayor o menor medida, ese plus de interpretación sobre el retratado, ese desvelamiento del alma y carácter del retratado. Aunque todos esos enigmas e interpretaciones los plantea la representación, el retrato, no el retratado, por muchos que todos deseen o piensen que son lo mismo o que en algún momento coincidieron, hasta el extremo de que no es inhabitual mirar al personaje y recordar algunos de sus retratos, suplantando lo real por lo pintado, como forzándole a parecerse a lo representado artísticamente. Tal vez por eso mismo, por esa tensión simbólica, los retratos inquieten siempre, tanto a quien los hace como a quien los observa, (Pasa a la página siguiente) P