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16- 17 D 7 LOS DOMINGOS DE Los Reyes y el Príncipe de Asturias en el pleno extraordinario con motivo del XXV aniversario de la Constitución El Rey y la Ley Retos de futuro TEXTO: BLANCA TORQUEMADA FOTOS: ABC La Monarquía se sustenta en la sólida base de la Constitución de 1978, pero, detectados después de tres décadas algunos problemas (como el sucesorio) los juristas sugieren posibles modificaciones legales uando Don Juan Carlos acaba de cumplir setenta años, su Reinado es una consolidada certeza de más de tres décadas. Un amplio periodo de tiempo no sólo apto para certificar, ya con perspectiva histórica, la vitalidad y vigencia de la Institución, sino para diagnosticar y solucionar sus posibles carencias. Precisamente porque la Monarquía está C plenamente afianzada deja hoy al descubierto sus flancos perfectibles, puntos a los que no se ha dado un desarrollo normativo desde que se redactó la Constitución y que, por tanto, aun asentados en el firme suelo jurídico de la Carta Magna, pueden quedar expuestos a controversia. El Rey vive una madurez fecunda, apuntalada por un indiscutible talento intuitivo en el desempeño de su papel institucional ¿Por qué no te callas? que, sin embargo, no resuelve por sí solo ciertas cuestiones abiertas. Casi superado definitivamente el tópico del juancarlismo asidero de coyuntura a fin de cuentas, se normaliza día a día el discurrir sin sobresaltos de la Monarquía como forma de Estado. Sin embargo, al haberse despojado la Corona del celofán de una cautela en ocasiones excesiva, toca hoy abordar, en opinión de algunas voces autorizadas, si están adecuadamente resueltos determinados aspectos, como el de si habría que dotar de una mayor concreción (con más varillas en el paraguas jurídico) a la labor institucional del Rey, del Heredero y del resto de los miembros de la Familia Real. Además, cuando el Príncipe de Asturias está a punto de cumplir cuarenta años, su figura goza de un relieve propio y sobradamente valorado, pero la cuestión sucesoria está permanentemente bajo los focos. El nacimiento de su primogénita, la Infanta Leonor, puso en solfa el artículo 57 de la La cuestión sucesoria Constitución que establece la prevalencia del varón sobre la mujer para ser titular de la Corona. Tal anacronismo abre necesariamente el melón de una reforma del Título II de la Constitución que, sin embargo, viene despertando recelos en quienes, desde el ámbito político, han de promoverla. Se piensa que el referéndum necesario para tal modificación, sujeta a los muchos condicionantes de la llamada reforma agravada podría ser manipulado ante la opinión pública hasta llegar a convertirse en un plebiscito sobre la Monarquía misma. Y, en ese sentido, ¿hay algo que temer? No lo parece, a tenor de los estados de opinión que revela el Centro de Investigaciones Sociológigas (CIS) que desde 1984 viene certificando periódicamente que el 70 por ciento de los españoles considera bastante o muy importante el papel del Rey como árbitro y moderador. Así, pese al sarpullido de la quema de retratos en Cataluña y del vapuleo rosa (a veces inmisericorde) a la Familia Real y su en (Pasa a la página siguiente)