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6 1 08 7 0 A N I V E R S A R I O EL HEREDERO LA OPCIÓN DE DON FELIPE El Príncipe podría desempeñar un papel muy importante en Cuba, donde la Monarquía española sigue siendo muy respetada odo el mundo conoce la hazaña del Rey Juan Carlos como artífice de la milagrosa transición española a finales de los años setenta. Cómo lo hizo exactamente era la pregunta que se formulaba en las embajadas españolas de Europa del Este 10 o 15 años después. Aspirantes a demócratas de Varsovia y Bucarest trataban de seguir la senda española El triunfo imprevisto y asombroso de Don Juan Carlos queda simbolizado en 1981 cuando desafía el levantamiento de los mandos castrenses en las Cortes. Ahora eso forma parte de la historia. En este momento la pregunta es cómo alcanzarán las generaciones venideras, generaciones que incluso ahora aguardan su turno en el banquete de la vida democrática, las oportunidades creadas para ellas en los años setenta. El éxito del Príncipe Felipe no sólo es esencial para la Monarquía en España, sino que también daría un impulso a otras Monarquías, entre ellas algunas que todavía no han sido restauradas. Aunque el Rey Juan Carlos sólo tiene 70 años, percibimos ya un nuevo carácter impredecible en la sociedad que dejará atrás. Debe de parecer grosero plantear ahora la cuestión de la mortalidad, pero el hecho de que no sea así es una razón a favor de la Monarquía, ya que siempre podemos contemplar un momento en el que digamos: El Rey ha muerto, ¡Viva el Rey! Con los dictadores eso es imposible. Puede que el hijo de Castro sea un buen físico nuclear, pero su futuro como mandatario nunca se ha sacado a colación. Muchos de nosotros somos juancarlistas ¿Somos también monárquicos? ¿Es Don Felipe monárquico o felipista ¿Puede heredar el estilo y la eficacia de su padre, así como sus logros? Si ha de tener un estilo propio, ¿qué acogida tendrá? Es cierto que Don Felipe se ha convertido en un personaje muy querido y habitual en actos públicos, por lo general acompañado de la Princesa Letizia, quien, según parece, no ha dado un paso en falso desde su boda. Así y todo, quizá sea necesario que Don Felipe haga pronto algo él solo para sellar su 29 mayo de 1977: El Príncipe de Asturias, con nueve años, firma su filiación básica al Ejército como soldado de honor en el Regimiento de Infantería Inmemorial del Rey número 1, en Madrid T Hugh Thomas Historiador autoridad en su época y su momento de oportunidad. ¿Cabe tal vez esperar que resuelva personalmente los problemas actuales en el País Vasco y Cataluña? Es un tanto improbable, puesto que las soluciones creativas a esas ansiedades deberán provenir de hombres sabios de esas comunidades. Un lugar en el que Don Felipe podría realmente desempeñar un papel sería Cuba. No bromeo. Cincuenta años después de la más trágica de las revoluciones hispanoamericanas, la Monarquía española todavía es respetada en una isla que era conocida como siempre fiel hasta el año negro de 1898. Cuba, desde que obtuvo la independencia en 1898, ha sido un fracaso estrepitoso. Sesenta años de dominación estadounidense desembocaron en tres décadas de control comunista ruso. Desde entonces, desde 1990, Cuba ha estado aislada, pero eso tampoco ha sido un éxito. La isla precisa un nuevo padrino, y los europeos y los latinoamericanos deben insistir en que España sea el candidato predilecto y no Estados Unidos, que entre 1898 y 1959 hizo gala de un sorprendente don para cometer errores en Cuba. Hace unos años, en La Habana, la fidelidad subyacente de Cuba hacia España se vio confirmada en la embajada canadiense. Se celebraba una fiesta y el Gobierno estaba allí, Castro incluido. Algunos diplomáticos occidentales rodearon a Castro y le preguntaron qué depararía el futuro a Cuba. Ah comentó el dictador, uno de esos caballeros que están sirviéndose tapas será mi Adolfo Suárez Es una pena añadía, (Pasa a la página siguiente) Es una pena que no haya un Rey que ayude a que el proceso salga adelante como lo hubo en España comentó hace unos años Fidel Castro en la embajada canadiense El mensaje para Cuba del Príncipe podría traer un anuncio de constitucionalismo democrático: democracia parlamentaria con una Monarquía formal y responsable 11 de junio de 1969: Don Juan Carlos, entonces Príncipe de Asturias, sostiene en brazos a su hijo Felipe, que tenía un año y cinco meses