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30 12 07 VIAJES Deià El refugio de Robert Graves El autor de Yo Claudio aquí encontró su edén, entre olivos esculpidos por el viento, pinares y calas solitarias. Y tras su estela, éste se ha convertido en un lugar elegido por artistas de todos los continentes POR MANENA MUNAR FOTOS: ABC Robert Graves, anclado en Deià ancales de olivos, limoneros, robles centenarios, una brisa acariciadora y el mar Mediterráneo son encantos más que suficientes para sucumbir al lugar. Si a todo ello se le añade el aroma de los jazmines, el colorido de las flores y una arquitectura que se funde con el entorno, se comprende que una pequeña aldea como Deià, a solo 30 kilómetros de Palma de Mallorca, haya atraído a tanto foráneo. Uno de los pioneros fue el célebre escritor británico Robert Graves, quien siempre consideró que este rincón mallorquín es lo más cercano al paraíso. Llegó por pri- B mera vez en 1929, año en que publicó su autobiografía Adiós a todo esto obra que le costó algún que otro disgusto en su Inglaterra natal. El estallido de la guerra civil en 1936 le obligó a salir de Mallorca. Un abandono físico, que no espiritual, ya que Deià había conquistado su corazón ofreciéndole una forma de vida fresca y natural, un clima benigno y una gastronomía genuina. En 1946, Gra- Una forma de vida fresca y natural, un clima benigno y una gastronomía genuina convierten en un lujo este pueblo situado estratégicamente entre el mar y la montaña ves volvió a esa aldea que ya consideraba su lugar en el mundo, y allí construyó un hogar que lo sería para el resto de sus días. El autor de Yo Claudio adquirió la rutina de escribir seis horas diarias, darse sus buenos paseos por el campo, bajar a las calas a nadar e ir de vinos a las tabernas del pueblo. Hoy, en el cementerio de Deià, rodeado de olivos y flores, descansan sus restos. El antropólogo William Waldren también se enamoró de Deià y fundó allí el Museo Antropológico. Se dedicó a estudiar en profundidad la trayectoria de un curioso ejemplar entre antílope y gacela, el Myotragus Balearicus, oriundo de la zona, que sobrevivió a las glaciaciones hasta la llegada de los humanos 6.000 años a. C. Con el paso de los años, la belleza del pueblecito, su situación estratégica entre mar y montaña y sus diversos encantos han seguido atrayendo a gentes diversas, sobre todo artistas británicos.