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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE Cuando Kennedy llegó a la Casa Blanca los católicos ya eran todos estadounidenses de clase media, como mínimo. Ya no asustaban por inmigrantes sino por otra cosa. No olvidemos que la nación americana se crea a la fuga, huyendo de Europa en sus peores momentos de persecución política y religiosa. Hay en el ADN americano un posible gen anticatólico que coincidiría con el gen anticomunista: desconfiar de todas las religiones de Estado. Hay quien aún se imagina al Vaticano actual, y un poco a toda Europa, funcionando como en tiempo de los Borgia. Dean Hoge, profesor de sociología en la Universidad Católica de América, cree que Kennedy, con aquel discurso, se puso casi a la altura de Enrique VIII de Inglaterra: no llegó a fundar una religión propia, pero sí a dejar claro que no estaba a las órdenes de Roma. La independencia americana seguía a salvo. Hasta el atentado de Dallas, por lo menos. Desde entonces el catolicismo no ha parado de expandirse en Estados Unidos, pero a partir de los AP años ochenta lo hace en progresión geométrica. El nuevo boom católico es otro boom migratorio, ahora de raíz indiscutiblemente latina, hispana: hay quien ya llama Mexifornia al Estado de California. En este momento son oficialmente católicos el 26 de los ciudadanos norteamericanos- -que todos juntos equivalen oficialmente el 6 de los católicos del mundo- pero si entraran en el cómputo los indocumentados, quién sabe en qué quedaría la proporción. Quizás sería entonces el Vaticano el que debería dar garantías de que nunca ondeará la bandera americana sobre la cúpula de San Pedro. Sólo en Los Ángeles hay un millón de católicos oscuritos secretos, que cualquier día van a explotar promete el padre Michael Gutiérrez, pastor católico en Santa Mónica, el barrio hispano de Los Ángeles, y líder del movimiento Nuevo Santuario, que no se para en barras a la hora de defender a sus fieles de las redadas de inmigración. Tristemente famoso se hizo el caso de Elvira Arellano, mexicana, inmigrante ilegal perseguida que se refugió en la iglesia de Nuestra Señora Reina de Los Ángeles. Cuando no tuvo otra que salir, la policía la separó de su familia y la deportó. Ahí estaba el padre Michael para poner, nunca mejor dicho, el grito en el cielo: Elvira Arellano es una devota hija, esposa y madre, cuyo marido es ciudadano americano, madre de tres hijos americanos, tiene un trabajo a tiempo completo y carné de conducir, y paga sus impuestos Nada de eso impide que sea una apestada para los funcionarios federales. Sólo Nuevo Santuario la cuida y la recuerda en sus oraciones. Lo que intentamos es crear un gran santuario donde todos podamos convivir como una nación donde nadie tenga miedo de nadie por consideraciones de estatus o de raza. Queremos restaurar los valores familiares- -madre, padre e hijos viviendo en paz y mejorándose ellos mismos, a sus familias, a sus vecinos y a los Estados Unidos de América- ¿Teología de la liberación en Los Ángeles? A veces los métodos del padre Michael recuerdan un poco a los de los sacerdotes rojos de Vallecas. Cuando el padre Michael se enteró de que la escuelita católica de Santa Mónica estaba a punto de cerrar por falta de fondos, porque no había bastantes niños inscritos en ella, dio un golpe de mano. Se negó a pronunciar sermones los domingos hasta que todo el mundo arrimara el hombro para salvar la escuela. Vaya si lo arrimaron. Pero tras este contundente desenfado- -el padre Michael nos cuenta sus aventuras vestido con Una mujer ante la catedral neoyorquina de San Patricio AFP Cada vez más feligreses y menos curas Actualmente sólo Brasil, Mexico y Filipinas superan a Estados Unidos en volumen de católicos. En cambio Estados Unidos tiene 13 cardenales, más que todos estos países juntos, y en los últimos cónclaves sumó más votos que toda África. Pero la flecha de las vocaciones sacerdotales apunta decididamente hacia abajo. En 1965 había 58.000 sacerdotes católicos en Estados Unidos, ahora suman unos 41.000. Se espera que en el año 2020 sean 31.000 y que la mitad superen los 70 años. En 1965 hubo 1.575 nuevas ordenaciones. En 2005 sólo 454. Y siguen bajando. Buscando causas, el profesor Dean Hoge pone el dedo en la llaga del celibato, un plus de exigencia para los curas católicos que no tienen sus homólogos protestantes ni los judíos. Pero Hoge apunta otra razón: el voto de obediencia. Varias iglesias americanas tienen un margen de autonomía verdaderamente enorme. Funcionan muy pegadas a la parroquia, cada congregación va a lo suyo, sin espectaculares escalas jerárquicas como las que caracterizan las diócesis y archidiócesis católicas. De nuevo el fantasma de los Borgia se interpone entre los americanos y el púlpito. un informal jersey a rayas y poniéndose ciego de fast food en un deli de Nueva York- -hay más tradición de la que parece. Michael Gutiérrez se crió en el seno de una familia hispana (legal) en Los Ángeles, donde, como es natural, todo el mundo era católico. A él ni se le pasó por la cabeza ser otra cosa. Para él su familia es su fe y su fe es su familia. Es ese énfasis en los valores familiares una de las claves del atractivo católico en la sociedad americana, donde los principios más conservadores a veces se viven, en el día a día, con una extrema frialdad. Los hijos mayores viven muy lejos de los padres, las familias se ven poco o nunca, el trabajo devora a las personas. No sólo a los inmigrantes ilegales les falta comprensión y calidez. Este es uno de los secretos de las llamadas megachurches megaiglesias que ofrecen no sólo misas y sermones, sino asistencias sociales de todo tipo, desde instalaciones para practicar deporte o realizar actividades hasta fiestas y cursillos. Hay quien hasta tiene un starbucks dentro de la parroquia. Esto atrae fieles ávidos de sentido comunitario. Mark Chaves, doctorado en Sociología y en Divinidad por Harvard y profesor en Duke University, donde es precisamente especialista en megatemplos, considera natural esta evolución. En Estados Unidos no hay ni ha habido nunca una religión de Estado. El fenómeno religioso no es político de arriba hacia abajo sino de abajo hacia arriba: es la gente la que moldea su religión, en este caso, obligando a los distintos credos, para competir y captar más clientes a ofrecerles toda clase de incentivos, desde conciertos de gospel hasta desayunar gratis los domingos. En el caso de los católicos, el creciente protagonismo del activismo social en defensa de los inmigrantes es, para Mark Chaves, un signo de sensibilidad de algunas diócesis (tampoco todas) a la problemática real de muchos de sus nuevos clientes Su efectividad es en algunos casos motivo de envidias entre los defensores de los derechos civiles en el mundo laico. ¿Se encamina Estados Unidos hacia una especie de Vaticano de los desarraigados, una religión de la frontera? Mark Chaves opina que también esta oleada migratoria será asumida, como la anterior, y que los nuevos hispanos católicos espabilarán y aprenderán inglés muy rápido. Dean Hoge coincide en eso. Pero también advierte de que, a su juicio, el catolicismo sumergido real ya equivale al 42 de la población. La masa ya es lo bastante crítica como para que la integración no pase necesariamente por creer en otra cosas positivas.