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30 12 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Católicos Auge en dos orillas Boom de fieles en Estados Unidos Suman ya 68 millones los católicos en Estados Unidos a pesar de los escándalos de pederastia. Un crecimiento que no cesa, pero que se explica por la inmigración de latinos desde el sur del río Grande POR ANNA GRAU N o deberían ser buenos tiempos para ser católico en Estados Unidos. Los escándalos de pederastia de los años 90 que obligaron a la archidiócesis de Boston a cerrar 65 parroquias tuvieron un gran impacto. La beligerante oposición al aborto, al divorcio y al matrimonio homosexual sitúa al catolicismo en el punto de mira de todo el mundo progresista ateo o laico. Y en cambio nunca había habido tantos, tantísimos católicos en Norteamérica. Van para 68 millones, uno de cada cuatro ciudadanos estadounidenses, y siguen creciendo. Y, sobre todo, siguen llegando. El boom católico americano siempre ha tenido mucho que ver con la inmigración. La traza primigenia fueron los primeros enclaves españoles en Florida y California. En la América británi- ca, sólo la excepcionalmente tolerante Maryland acogió en 1634 una gota de catolicismo rodeada de un mar protestante embravecido. Aún así, los católicos representaban un 1 de los habitantes de las Trece Colonias. Empiezan a ser muchos más con las grandes oleadas migratorias europeas de los siglos XIX y XX. Irlandeses, alemanes, polacos y hasta franco- canadienses bañan de catolicismo toda Nueva Inglaterra, se hacen fuertes en Nueva York... Ya entonces surgen las primeras crisis en que el miedo al católico se confunde con el miedo al inmigrante. El Ku Klux Klan los persiguió por épocas. Hay que llegar a los años sesenta para que un católico como John Fitzgerald Kennedy pudiera jurara como presidente de Estados Unidos. Y aún así, tuvo que dar antes explicaciones a la nación, asegurando que sería el presidente de todos, no sólo de los católicos. Un discurso parecido acaba de hacer el primer aspirante mormón a la presidencia, el republicano Mitt Romney. El arzobispo George H. Niederaurer ante la puerta de la catedral de Santa María en San Francisco