Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE Tony y Cherie Blair en una misa celebrada en Londres en memoria del Papa Juan Pablo II, en 2005 rante la primera mitad del siglo por suerte fueron abundantes. En su libro Literary Converts (Conversos literarios) el crítico Joseph Pearce cuenta cómo desde la década de 1880 hasta los años sesenta, un torrente de personas con mucho talento se convirtieron. Entre ellos se incluían al eufórico novelista G. K. Chesterton, que se hizo de inmediato muy popular como gran apologista católico; el dramaturgo Maurice Baring; el escritor y teólogo Robert Hugh Benson (hijo de un Arzobispo de Canterbury) el compositor Lennox Berkeley; el periodista Malcolm Muggeridge; el poeta sudafricano (e hispanófilo) Roy Campbell; el historiador Christopher Dawson; los novelistas Graham Greene y Evelyn Waugh; el pintor Graham Sutherland; J. R. Tolkien, el inventor de la Tierra Media; y Oscar Wilde en su lecho de muerte- -además de someterse a la Iglesia, Wilde se volvió hacia su papel pintado y exclamó: Ah, bien, uno de nosotros tenía que marcharse En realidad este torrente nunca ha cesado: conversos posteriores fueron el actor Sir Alex Guiness; la novelista Muriel Spark, con su sobrecogedora habilidad para imaginar el mal; Peter Benenson, fundador de Amnistía Internacional; y G. E. M. Anscombe, filósofo analítico y amigo de Wittgenstein. Pero hacia los años sesenta la avalancha de conversiones se estancó; aparentemente una tendencia cultural significativa en la vida inglesa se había agotado. Quizá no por casualidad, más o menos en la misma época- -la del Concilio Vaticano Segundo- -el ambiente que rodeaba las conversiones católicas también cambió. Se veían menos como un asunto de orgullo institucional para los fieles, y más como una oportunidad, como afirmó Rowan Williams sobre Blair, para profundizar en la relación personal con Dios. Sin embargo, después de un periodo de calma, las conversiones al catolicismo empezaron a surgir de nuevo, y por una razón inesperada. Aunque la gente religiosa se mostraban más relajados en cuanto a las diferencias de dogma entre las fes, no lo estaban en cuanto a las diferencias entre confesiones. Las evoluciones liberales en las iglesias no católicas- -desde el abandono de creencias fundamentales como la Encarnación, pasando por el nombramiento de algunas mujeres como obispos, hasta la santificación de los matrimonios entre personas del mismo sexo- -empujaron a los tradicionalistas a buscar refugio en otra parte. La ondulada carretera inglesa les llevaba inevitablemente a Roma. Más de 400 sacerdotes anglicanos (y otros anglicanos tradicionalistas) se han convertido. Entre los más eminentes se incluyen Graham Leonard, que antes era el Obispo Anglicano de Londres; John Selwyn Gummer, hijo de un párroco anglicano y miembro del gabinete de Thatcher; y Ann Widdecombe, también ex ministra conservadora. Esta conversión masiva (tratada con discreción) ha llevado a predecir que la Iglesia católica será la religión oficial de Inglaterra. Los católicos que acuden a la misa de los domingos ya superan en número a los anglicanos que asisten al oficio divino. Los inmigrantes polacos hinchan aún más la cifra total de católicos. ¿Podría sustituir el catolicismo a la Iglesia anglicana como religión oficial a su debido tiempo? REUTERS ¿Podría sustituir el catolicismo a la Iglesia anglicana como religión oficial a su debido tiempo? Excluyendo milagros, la respuesta tiene que ser no por diversas razones Excluyendo milagros, la respuesta tiene que ser no Los católicos superan a los fieles anglicanos por el menor de los márgenes: 861.800 católicos todos los domingos, frente a 852.500 anglicanos. Probablemente ambos sean superados por los fieles musulmanes semanales, o pronto lo serán. Además, la Iglesia de Inglaterra es aceptable para la Gran Bretaña post- cristiana como religión oficial sólo porque lleva aquí mucho tiempo y no asusta a los laicistas por ser demasiado religiosa. Y luego está el problema. La única acogida hostil de Blair procedió de los conservadores católicos que exigían que renunciase públicamente a antiguas medidas políticas que entran en conflicto con doctrinas de la Iglesia sobre temas como el aborto. Animados por los medios de comunicación, puede que le hostiguen aún más y consigan provocar una auténtica polémica. Si es así, la Gran Bretaña post- cristiana sacará la conclusión apropiada: a pesar de nuestras mejores esperanzas, estos católicos son religiosos, después de todo. Y la conversión de Inglaterra se pospondrá indefinidamente. Y esto es excluyendo milagros.