Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
30 12 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Tony Blair, el líder que mencionó a Dios John O Sullivan, ex asesor de Thatcher, periodista y autor de El Presidente, el Papa y la Primera Ministra. Un trío que cambió el mundo (Ed Gota a Gota) analiza la sintomática conversión de Tony Blair POR JOHN O SULLIVAN Católicos uizá lo más significativo de la conversión de Tony Blair al catolicismo es que ha generado críticas más fuertes por parte de los católicos, que de otros sectores. De hecho, nadie excepto los católicos lo han criticado. Es posible que algunos protestantes inflexibles hayan hecho públicas sus protestas en alguna parte. Yo no he sido capaz de rastrearlas. Incluso el líder fundamentalista de Irlanda del Norte, el reverendo Paisley- -del cual se puede contar con que denuncie cualquier cosa que suene a papista en un decir Jesús- -ha permanecido en silencio. Los líderes de las confesiones no católicas más extendidas han sido igualmente discretos. Sólo el Arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, cuya Iglesia anglicana acaba de abandonar el ex primer ministro, dijo algo digno de mención. Y lejos de lamentar la conversión de Blair, la alabó con el espíritu más ecuménico de la caridad cristiana. Un gran escritor católico del siglo pasado afirmaba que la única razón para trasladarse de una familia cristiana a otra era la de profundizar la relación de uno mismo con Q Dios. Rezo para que éste sea el resultado de la decisión de Tony Blair en su vida personal No mucha gente tomó nota de las palabras del Arzobispo. La televisión y los periódicos, que durante años han estado especulando acerca de la próxima conversión de Blair, perdieron todo interés por el asunto en cuanto tuvo lugar. Uno o dos columnistas, como Matthew Parris en The London Times trataron la fe religiosa de los primeros ministros anteriores (y llegaba a la conclusión de que sólo dos habían sido devotos cristianos, en mi opinión equivocadamente: se olvidaba de Harold Macmillan) Y eso fue todo. La caravana siguió su camino. Varias condiciones sostienen y explican esta ausencia de reacción. La más obvia es que la religión ya ha dejado de importar para la mayoría de la gente. No mencionamos a Dios respondió Alastair Campbell, portavoz de Blair, en Downing Street cuando su jefe quiso terminar un discurso con algo tan anodino como Dios os bendiga Aunque Campbell se equivocase respecto de Blair, que es un cristiano serio desde la universidad, claramente tenía razón en lo que respecta a Entre la fe y la ciencia N. R. C. La elección de Joseph Ratzinger como Papa hace dos años fue interpretada como una vuelta a la línea más conservadora del catolicismo. Pero Benedicto XVI ha demostrado que se puede mantener un equilibrio entre la fe y la razón. Ese intento del Papa por aproximarse a la era tecnológica que vivimos ha acaparado la atención de la revista Nature una de las biblias de la ciencia internacional y que, con Science marca el valor de los estudios e investigaciones científicas. Según un colaborador de Nature Philip Ball, el Papa no se deja deslumbrar por la ciencia y la tecnología, pero sus últimos mensajes nos animan opina. Sorprende la nueva mirada de Nature porque esta misma publicación ha sido muy crítica con cuestiones religiosas. Nature destaca la mirada que Benedicto XVI ha dedicado al debate del cambio climático, uno de los grandes retos de la humanidad- -dice- -y reclama modelos de desarrollo sostenible que garanticen el bienestar de la población y el equilibrio medioambiental, sin caer en miradas apocalípticas sobre la muerte del planeta. Qué levante la mano quién no esté de acuerdo con este mensaje pide Ball. Benedicto XVI, próximo al mundo universitario, se abre a la ciencia, aunque no ahorrado críticas a la utilización de embriones en proyectos de investigación, por ejemplo. Y ese mensaje no cambiará. El progreso ofrece nuevas posibilidades para el bien y también para el mal. La ciencia no puede ser la brújula que guíe nuestra sociedad ha dicho. los medios de comunicación y a las élites políticas de la Gran Bretaña post- cristiana. Ellos no mencionan a Dios, y se sienten incómodos cuando otros lo hacen. Los creyentes no se eximen de esta tendencia. Las encuestas muestran que la mayoría de los ingleses aún sostienen ser cristianos. Pero su compromiso parece leve y poco apasionado, y su actitud hacia otras religiones (o ninguna) parece tolerante hasta el punto de llegar a la indiferencia. Por tanto, cuando el nuevo líder de los demócratas liberales, elegido justo antes de la conversión de Blair, anunció despreocupadamente que era ateo, nadie pareció sorprendido o decepcionado. El comentario más despiadado fue: ¿cómo explicaría esto a su esposa e hijos, que son católicos? Como sugiere el comentario de Rowan Williams sobre Blair, incluso la gente muy religiosa comparte esta actitud relajada hacia las diferencias de dogma entre fes. Ahora ven al resto de los cristianos no como herejes, sino como compañeros creyentes. Las antiguas barreras sociales entre anglicanos, católicos, metodistas y otros protestantes también se han debilitado en gran medida. Cada vez cooperan más entre sí en campañas plurirreligiosas para la mejora del ser humano. Los católicos se han beneficiado más que otros del debilitamiento de esas divisiones sectarias. Anteriormente se les admiraba por su firmeza doctrinal y su brillante arrepentimiento, pero también se les veía como extranjeros supersticiosos, quizá antidemocráticos y listos, pero con un matiz artero. Ante estos malentendidos- -y a veces clara intolerancia- los católicos han desarrollado una mentalidad de fortaleza. Las conversiones se volvieron importantes para ellos en su fortaleza pero en cierta medida por razones temporales o mundanas. Había signos de que nosotros íbamos ganando y aplastando al resto de equipos. Los conversos prominentes- -escritores famosos, por ejemplo, o filósofos distinguidos- por tanto, eran los mejores conversos de todos, porque parecían confirmar lo correcto de las doctrinas de la Iglesia. Y du-