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D 7 23 12 07 Barcelona, enero de 1939. Una niña de 3 años es testigo de una explosión de alegría en el seno de su propia familia, al tiempo que las tropas de Franco entran en la ciudad. Comienza, así, Habíamos ganado la guerra (Ed. Bruguera) la obra con la que la escritora y ex editora Esther Tusquets recorre su infancia y primera juventud, al tiempo que traza un preciso retrato de la burguesía catalana. A través de un relato emocionante y bendecido con una sabia ironía, se desvelan las claves de una de las personalidades más sugestivas y certeras de la literatura española GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Esther Tusquets ESCRITORA Nunca me he sacrificado por nadie ISABEL GUTIÉRREZ- ¿Cómo le ha sentado este viaje literario a su infancia y primera juventud? -La visión de mi vida, ahora mismo, está muy centrada en el pasado, es muy nostálgica. En especial, tengo presente Barcelona, porque casi todo lo que me ha sucedido ha sido allí. -Recordar el pasado, ¿le ayuda a vivir su presente de otra manera? -El pasado es el pasado y el presente es el presente. Lo que pasa es que hay que tener conciencia del pasado para decidir en el presente. ¿Le resulta placentera la introspección? -Más que placentera, en mi caso la introspección es un vicio. Aunque no escribiera, siempre seguiría haciendo esa tarea. Estar preguntándome a mí misma todo el tiempo... es inevitable. -Se insiste en que su libro de memorias es controvertido. ¿A quién le puede perturbar lo que usted cuenta? -Hay quien dice que he escrito esto con mucha valentía. Yo sólo cuento cosas bastante normales que me han pasado; ninguna demasiado gorda. Pero, bueno, supongo que se refieren a todo el sarao se ha montado en torno a la parte política del libro. -Así que hay a quien le cuesta aceptar hechos de su pasado que no encajan en su presente. Por ejemplo, su militancia en la Falange. -Es que hay gente que se desprecia a sí misma por la manera en la que vivió en el pasado. Eso a mí no me pasa. ¿Se abusa de las máscaras? -Pues sí. Pero los hechos son los hechos, aunque quieran ocultarlos. Es que la gente esconde cosas extrañísimas. Si fuera el caso de tapar crímenes o robos, tiene su lógica. Pero yo soy partidaria de la verdad, de conocerse bien a una misma y de aceptarse. -También la han felicitado por su valentía al reconocer precisamente que usted fue falangista... ¿Pero de qué valentía me habla? Fui falangista durante casi dos años, ¿y qué? Las edades críticas La vejez es un problema, porque los médicos han alargado muchísimo la vida, pero no se han creado los mecanismos suficientes para que esta vida siempre sea gratificante. De todas maneras, la adolescencia resulta mucho más dura, pues psicológicamente eres más sensible. Sin embargo, en esa época se establecen relaciones entrañables que son maravillosas, más importantes y comprometidas. CHEMA BARROSO ¿Nunca se ha arrepentido? -A la Falange fui con la mayor fe del mundo, convencida de que estaba haciendo lo mejor. Y fue un error. Yo nunca me había metido en política, no sabía de derechas ni de izquierdas; sólo sabía que el mundo estaba mal repartido y pensé que había que repartir mejor. -Usted, según cuenta, carece de sentimiento de culpa, lo que es una grandísima suerte... -Es así gracias a la educación que recibí. Y sobre todo, se lo de- bo a mi madre. Además, el hecho de no haber estudiado en un colegio religioso me parece muy positivo. La tradición judeocristiana no ayuda en nada a superar el sentimiento de culpa. Sentirte culpable de tus propios actos es lógico, pero asumir la culpa por actos ajenos, ¡vamos, que no me vengan con esas! ¿Qué culpa tengo yo de lo que Adán y Eva hicieron? ¿En qué nivel sitúa el amor? Porque da la sensación de que lo desmitifica bastante. -El amor te crea tal estado, te da tal fuerza y vitalidad, que te empuja a hacer ciertas cosas que una debería hacer por sí misma y no por el ser amado. ¿Cree en el sacrificio por amor? -A mí la palabra sacrificio no me gusta nada. Yo le diría que jamás me he sacrificado por nadie, ni siquiera por mis hijos, aunque reconozco que sí he pagado un precio muy elevado. Cuando he hecho algo, lo he hecho porque me apetecía. A mis hijos les quiero, me gusta hacer cosas por ellos, pero no me gusta la idea de sacrificarme. -Como experta observadora de las relaciones humanas, usted siempre ha dudado de la monogamia. -Nunca he creído en ella. Toda la vida dedicada a una sola persona, en general no se corresponde con nuestros deseos e intereses. Y es un problema de difícil solución, porque los celos siempre entran en juego por encima del sentido común, de las ideas o de cualquier pacto de libertad que se establezca en la pareja. El celoso es un loco, un miedoso. Yo, que he sido observadora de la gauche divine he visto auténticos dramas al respecto. ¿Le interesan los libros de autoayuda? -No los leo, aunque supongo que algunos pueden ayudar. La ansiedad y el miedo siempre han existido, pero el caso es que ahora, más que nunca, hablamos de nosotros mismos. Antes no se contaban ciertas cosas, uno las llevaba a solas y las solucionaba como podía. Ahora se comenta, se escucha, se pide ayuda... Pero, en el fondo, seguimos como siempre: ellos, muy machistas y ellas, muy sometida.