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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE 0 10 km Troisvierges N ALEMANIA LUXEMBURGO BÉLGICA Diekirch Mertert Luxemburgo Esch ABC FRANCIA LUXEMBURGO EUROPA Para no perderse Cómo llegar: Luxair vuela directamente al aeropuerto de Luxemburgo desde Barcelona, Madrid, Ibiza, Las Palmas, Málaga, Palma, Tenerife y Arrecife. Para comer: Mosconi es el restaurante más famoso del país, y uno de los pocos de cocina italiana fuera de Italia que ostentan dos estrellas Michelín. Pese a su pequeño tamaño, el país desborda de rincones con encanto que fusionan su entorno natural con la arquitectura europea para eventos culturales del país. Su slogan es Dialógo de culturas, cultura de diálogo otra vez el diálogo como bastión ideológico esencial de su idiosincrasia nacional. La situación del espacio es inmejorable, bordeando uno de los ríos de la ciudad y con una espectacular vista a una montaña trufada de las cuevas que cavaron los españoles para defender Luxemburgo en el siglo XVI. Para los buenos urbanitas, además, Luxemburgo ciudad presenta todas las características de una gran conurbación de nuestra era, a pesar de su pequeño tamaño y de que parece más bien una villa señorial donde el tiempo no transcurre. Gentes de todos los colores pueblan sus calles, que también dan una oferta más que aceptable de tiendas, cafeterías, restaurantes y pubs. La ciudad incluso cuenta con una City financiera al estilo londinense (una de los diez centros financieros más grandes del mundo) en la que brokers encorbatados realizan cada día transacciones millonarias. Porque Luxemburgo es un país de banqueros (su principal sector econó- No se pierda: El barco EchternachSchengen, el castillo de Vianden. La zona norte del país sorprende por la exuberancia de su naturaleza cuatro idiomas: el luxemburgués (idioma germánico) el francés, el alemán y el inglés, la lengua koiné del siglo XXI. El visitante no puede sino envidiar esta gran riqueza, sobre todo en un país como el nuestro donde ni el presidente del Gobierno es capaz de expresarse correctamente en inglés. La ciudad de Luxemburgo y toda la región han sido capital europea de la cultura en 2007, y esto ha supuesto un impulso que ha llenado de ilusión a los ciudadanos del ducado (no confundir con un cigarro) ansiosos por darse a conocer al continente. Por ello, redoblan esfuerzos por demostrar que la marcha también se puede asociar a Luxemburgo aunque, salvo catársis del cambio climático, están muy lejos aún de convertirse en un país tropical. Aquí son más de conciertos de ópera que de bachata y reguetón, y por ello han habilitado la Abadía de Neumunster- -en la parte vieja de la capital- -un antiguo fuerte militar que también ha sido prisión, como el gran espacio La cultura como baluarte Para los afortunados niños luxemburgueses aprender idiomas es una necesidad, y con 16 años ya se manejan perfectamente en inglés, francés, alemán y su idioma nacional mico) y eso se tiene que notar. Pero, para los que busquen algo más bucólico con lo que solazar sus sentidos, Luxemburgo también ofrece esa posibilidad. Como coger un sensual crucero por el río Mosela- -frontera con Alemania y tierra de viñas- -que nos lleve desde la localidad de Echternach a Schengen, un delicioso pueblo de 500 habitantes que fue sede del famoso Acuerdo firmado en 1985 y gracias al cual los ciudadanos de la Unión Europea podemos movernos por los distintos países miembros sin que existan fronteras. Otra posibilidad es visitar el castillo de Vianden y el bello pueblo homónimo sobre el que se yergue, surgiendo entre exhuberante vegetación, esta fortaleza construida entre los siglos XI y XIV que, lamentablemente, fue vendido pieza a pieza en 1820 por el rey Guillermo I de Holanda y que, aunque fue restaurado con mucho acierto en 1977, lógicamente no es lo mismo que una construcción original antigua. Además, todas estas bondades se verán mucho mejor si son regadas con la especialidad gastronómica luxemburguesa: el vino blanco. Con distintas composiciones, ácidos, dulces o afrutados, es una bebida ligera que acompaña al viajero durante toda su estancia en el país, con toda la satisfacción que sus efluvios generan.