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16- 17 D 7 LOS DOMINGOS DE Levantamiento del cadáver de José Manuel Águedo, El Bueno Debajo, una vecina de Oliva de la Frontera limpia la sangre derramada sus cabales, que tiene cosas de tontos le vieron rondando por su calle, la de Vasco Núñez, a las siete de la mañana. A esa hora, Montserrat Merchán, de 34 años, la pipera, la de las golosinas, que tiene su tienda en el paseo de las Palmeras, dejó salir a los perros al corral. Tenía cuatro. Fue su marido el que se encontró a Toy muerto. Me dio mucha pena. Llevaba nueve años conmigo y me había hecho mucha compañía. El Bueno le aplastó la cabeza con el pie A su marido le soprendió verlo subido a la tapia del corral, con el pico en la mano. Pensó que estaba trabajando, porque de hecho había estado ayudando a los albañiles que están haciendo una obra en nuestra casa. Primero mató al perro. Luego la emprendió con los pavos de Emilia. ¿Cuántos pavos te mato? le dijo. Y ella le respondió: Has matado dos, uno para ti, otro para mí. Ya no mates más Mi marido le preguntó a Emilia si tenía al Bueno trabajando para ella, y la vecina le replicó: Trabajando, sí. Ma- tándome a los pavos Su marido se fue al cuartelillo con el perro en una bolsa, para denunciar el caso, y en La Nora, a eso de las nueve, se desató la tragedia. Vi a Loli que salía de su casa con la mano en la barriga mientras repetía: Mi hermano ha cogido un cuchillo, mi hermano ha cogido un cuchillo Y se desplomó. Pensé que había tropezado. No le vi sangre. Entonces apareció su hermano, que escondía el cuchillo con su cuerpo. A través de las ventanas de un coche que estaba aparcado vi como otra vecina María Lucas, de 76 años, que ya ha salido de la UCI en un hospital de Badajoz intentaba detenerle, y cómo él le metió una cuchillada en el abdomen. Entonces me metí en casa y llamé a los guardias y les dije que había un loco que estaba matando a todo el mundo Desde el lunes no duerme. El que no lo ha visto no lo entiende. Le veo con el cuchillo en la mano. La imagen no se me va de la cabeza La pipera, como su marido, nació en Barcelona (en Hospitalet hay una colonia de oliveros) y se instalaron en Oliva hace cuatro años. Por eso no sabe nada del crimen del pastelero. Lo recuerda el cronista de la villa, quien se alegra de que El Bueno no tuviera escopeta: Menos mal que cogió un pico y un cuchillo, porque no era cazador. Con una escopeta hubiera dejado chico a Puerto Hurraco. Es un pueblo pacífico. No hay explicación racional Buscando precedentes para la desgracia recuerda el caso del pastelero Luis Avellí, de 78 años, que en septiembre de 1998 mató de una cuchillada a su esposa, de 73, mientras echaba la siesta. Vivían en los altos de la confitería, que hoy sigue allí, en la esquina de la Plaza de España y el paseo de las Palmeras. Y en ella trabaja la muchacha a la que algunos dicen que El Bueno rondó la noche del domingo y la mañana del lunes fatídico. En la peluquería de Charo Pinilla, las comadres comentan. Es de noche en la calle, pero desde la ventana se las ve al retortero, con las cabezas incrustadas en las escafandras- secadoras: Otro caso así no se ha visto nunca en el pueblo dice una. Yo no digo ná apunta otra. Si se hubiera matado el sábado nada hubiera pasado remacha una tercera. En la plaza del ayuntamiento, cuatro niños amenazan con hacer trizas a balonazos el cristal del estanco, mientras se ponen nombres de futbolistas extranjeros y repiten como un soniquete ¿por qué no te callas? A la reconstrucción de los hechos se superpone la averiguación de las razones que nadie encuentra: Como no hay explicación la gente está desconcertada dice Víctor Morera, el alcalde, socialista, maestro que dio clase al Bueno y a su hermana Dolores, que se casó en febrero y trabajaba asistiendo a enfermos y ancianos en sus casas. José Manuel era un alumno más. ni brillante ni conflictivo. No terminó la primaria y se puso a trabajar. Cobraba el desempleo agrario y bebía. Como muchos otros. Pero no era violento Lo corrobora Javi, el barman de La Parrilla: Era cliente mío. Sí que era bueno. No hacía mal a nadie y cuando bebía no se ponía violento como otros. Daba voces, hacía rimas, contaba chistes. Era buena persona. Me contó el hijo de una vecina que trabaja de cocinera aquí que llevaba varias noches sin dormir, con la luz encendida y la tele puesta. El muchacho le preguntó si quería un gato recién nacido, pero El Bueno le dijo que no podía abrir el coche porque llevaba dentro el cuchillo de la matanza: Pero a ti no te va a tocar le dijo. Tenía dos gorrinos. Parece que algo tramaba, que algo le rondaba la cabeza Pero el Bueno se llevó con sangre su secreto. A ti no te va a tocar Lo cuenta Francisco Romero, campesino jubilado: A ese muchacho desde que le parió su madre estaba picado. El padre era bueno. Como su abuelo, que era carabinero