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30- 31 D 7 LOS DOMINGOS DE ROSA BELMONTE Expediente Ñ El conejo y el escribano hortelano rimero, cácese el conejo. Bueno, en realidad era la liebre y, además, no había que cazarla porque la cita First catch your hare ha estado siempre mal atribuida a Hannah Glasse, que en The Art of Cookery made Plain and Easy (1747) escribía cas d (desollada) y no chased (cazada) La frase era Take your hare when it is cas d and make a pudding A la más famosa escritora de cocina del siglo XVIII (y que también hacía el vestuario del Príncipe de Gales) le pasa como al Gobierno de España, que lo citan mal. Breaking news, noticia de última hora (cuando lo era) el Gobierno recomienda comer conejo en Navidad para burlar la subida de los precios. El cachondeo queda inaugurado. Que, vamos, tampoco es que haya recomendado canapés de oso panda, cabezas de asno rellenas o consomé de elefante con menudillos. Ni ha propuesto, como hizo Heather Mills, cambiar la leche de vaca por la de rata, gato o perro. Sí, ¿y quién iba a ordeñar a las ratas? Por otro lado, y como se preguntaba Billy Connolly, ¿quién descubrió que podía obtenerse leche de las vacas? ¿Y cuál era su intención cuando eso ocurrió? Pero es que el Gobierno tampoco ha recomendado estrictamente la ingesta de conejo en el sentido en el que, por ejemplo, sí invita (incita, estimula, no paga) a desayunar. Ahí está la mala cita. Sólo hay que prestar atención al lugar donde el Secretario General de Agricultura y Alimentación señaló la conveniencia de dar chance al conejo. Fue en un supermercado Dia, que no pinta mucho como lugar de oficiales y solemnes comunicados gubernamentales. Y fue durante el acto de presentación de la campaña de promoción llamada precisamen- P Marina Danko, una de las figuras conocidas que acudió a la inauguración de la nueva clínica: los estrenos han cambiado mucho no anotando pedidos y señalando precios. Hubo cena espléndida servida por Isabel Maestre (feliz ahora que una de sus hijas trabaja a su lado) y muchos invitados de la anfitriona, como los padres de la actriz Ana Obregón, Antonio García y Ana Obregón, que no sólo son educadísimos sino que saben muy bien cómo arreglárselas con los medios. También me encontré con Quique Sarasola y su marido, Carlos, que viven su segunda luna de miel tras superar la crisis de los catorce años como apunta el empresario. Sarasola no sólo es un hombre enamorado sino que también la fortuna le acompaña en los negocios. Acaba de abrir nuevo hotel en Madrid y pronto dará el salto en América. Por cierto, sus diferencias con su hermano Gigi cada día están más lejanas, tras la boda de Gigi con Teresa Astolfi. También organizaron brindis navideños, como era de esperar, dos casas de champán tan emblemáticas como son Veuve Cliquot y Dom Perignon. La primera tuvo a la actriz Emmanuele Sagnier como invitada de honor y la segunda al actor galo Romain Duris, un auténtico desconocido en España, pero de los más cotizados del país vecino: uno de sus grandes éxitos es su papel en el filme de Klapisch Una casa de locos la vida de un grupo de estudiantes que se instalan en Barcelona. Quien no necesita presentaciones es el diseñador Eduardo Ladrón de Guevara que ha inaugurado oficialmente su nuevo taller en Madrid, un auténtico lujo para los sentidos. El modista favorito de famosas como Miriam Ungría, Alicia Koplowitz, Estrella Morente o Patricia Rato, está encantado con las nuevas instalaciones y lleno de ideas. Además de diseñador, Eduardo es un pintor de gusto. Lo que se dice un artista. Antes de acabar la semana y ver cómo los nostálgicos del punk se reunían en torno a Malcom MacLaren, que viajó a Madrid para celebrar el 30 aniversario del movimiento (fue el creador de los Sex Pistols) hubo cóctel navideño en la Clinique Française donde María Muñoz presentó a su último fichaje el doctor Pérez Díaz, autor del retensado cutáneo o, como lo ha bautizado la propia María, la plancha mágica por cómo deja la cara y el cuello con sus infiltraciones. La modelo Nieves Álvarez dejó por un ratito a sus gemelos para acudir a este encuentro que dará que hablar en más de un salón. te Carne de conejo, exquisita y ligera para apoyar al sector cunícola. La noticia habría estado en que el señor secretario, con el conejo de cuerpo presente, hubiera cantado las alabanzas del pavo o del whopper (aprovechando su cincuenta aniversario) Y no sólo han saltado como gazapos (conejos jóvenes) los del PP, claro, también los productores de carne de cerdo y vacuno. Unos abusones teniendo en cuenta (y de ahí la necesidad de promoción) que el conejo consumido en los hogares españoles es sólo el 3.05 por ciento del total de carne que se gasta en España. Quizá el escribano hortelano se consume menos. El escribano hortelano es un pajarillo que no sobrepasa los 15 centímetros. Y como recuerda Ben Schott en su Miscelánea gastronómica el pajarito prohibido se sirvió en la última cena de François Mitterand, que no fue de Nochebuena pero sí de Nochevieja (31 de diciembre de 1995) Sin mirar el precio ni el qué dirán, el condenado a muerte por el cáncer de próstata que padecía tiró la maison por la fenêtre. Cenó ostras de Marennes, foie- grass, capón asado y, sobre todo, dos escribanos hortelanos. Y parece que ese banquete fue lo último que ingirió antes de su fallecimiento una semana más tarde. Si alguien cree que a las ocas se las maltrata para conseguir un hígado bien rollizo, tendría que repasar la preparación del escribano, según sigue apuntando Schott. Se encierra al pájaro vivo en una caja oscura donde se le hincha de grano para que engorde (algo así como la versión pajarraca de Hansel y Gretel) Luego se le ahoga en coñac (cosa que hacía en vida humana Yootha Joyce, la señora Roper, que se bebía un litro al día) Finalmente, se despluma y se asa. Y que quede bien churruscadito. Madre mía, a los que se preocupan por el sufrimiento de las langostas al zambullirse en agua hirviendo les daría un patatús con esta práctica ilegal. La tradición bárbara continúa con el comensal arrancando la cabeza del pajarillo, comiéndoselo entero (huesos y todo) y tapándose la cabeza (del comensal) con una servilleta. Por la vergüenza. Me gusta el conejo pero la cena de Mitterand resulta mucho más atractiva. Mmm, podría meter una codorniz en un cuarto oscuro... En el fondo, lo importante es que la comida provoque culpa y no sea sana. Y dice el Secretario que el conejo es sano, ligero. Error. No puedo estar más de acuerdo con Oliver Wendell Holmes. La alimentación equilibrada no se aprecia demasiado en Navidad: hace que los niños lloren y pone nerviosos a los adultos Nerviosísimos, ya se ve.