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16 12 07 VIAJES Algunas pistas Dónde alojarse. En Punta del Este, Awa Boutique Design Hotel (www. awahotel. com) el singular L Auberge en el barrio Parque Golf (www. laubergehotel. com) en Laguna del Sauce, Club del Lago (www. clubdellagohotel. com) Las Cumbres (www. cumbres. com. uy) en José Ignacio, La posta del Vinyet (ww. lapostadelvinyet. com) Mano de Mario Irrazábal, en el paseo de las Américas, se ha convertido en un icono de Punta del Este. Hay otra similar en Madrid Dónde comer. La parrillada es la estrella de la gastronomía que hay que probar en los tombos. También merece lugar de excepción la corbina. En Punta del Este, un clásico como Lo de Tere (www. lodetere. com) en José Ignacio, La Huella al borde del mar, lugar de peregrinación de famosos (www. paradorlahuella. com) No puede perderse: Museo del Mar, en La Barra. Verano austral Punta del Este (Viene de la página anterior) lotes lujo y vida de campo a partes iguales. Un servicio seis estrellas que provee a cada parcela con su vino personalizado- -a estos niveles, de tenis, golf, hípica y casino 24 horas como el gran Hotel Conrad, ni hablamos- Todo un contraste con las dunas de Rocha, en Cabo Polonio, territorio de surfistas y hippies, donde apenas si llega el agua y no hay luz, que han inspirado al oscarizado Jorge Drexler su disco 12 segundos de oscuridad justo el tiempo que tarda en girar la luz del faro que cuando rota sume en la penumbra a los pobladores de este rincón de naturaleza indómita que se quiere preservar como un tesoro. Algo así como el que escondieron los piratas en La Barra- -y que tanto lo ocultaron que nunca se encontró- zona predilecta de los veraneantes argentinos que llegan para el fin de año por cientos, y sobre el que el botellón de madrugada- -la moda consiste en que tras una siesta nocturna te levantas hacia las dos de la mañana para festejar hasta las nueve o las diez que el verano todavía no se acaba- -es cita obligada de la movida juvenil esteña. Hasta La Barra se llega cruzando dos puentes que a buena marcha, y por la ondulación de su diseño- -única en el mundo- surten el mismo efecto que una mini montaña rusa. O sea, que ya se llega con el estómago en andas. Pero, de cualquier forma, seducido: de su línea sinuosa dijo Neruda que era como los pechos de una mujer Entre agua y aire brilla el Puente Curvo: entre verde y azul las curvaturas del cemento, dos senos y dos simas con la unidad desnuda de una mujer o de una fortaleza, sostenida por letras de hormigón que escriben en las páginas del río Tras los pasos de Lorca Precisamente es un editor, el bonaerense Miguel Schapire, la referencia en La Barra sobre cómo acoger al visitante como si estuviera en su propia casa lo que hace en Le Club una posada en el mar que siempre está llena de amigos (www. leclubposada. com) El mismo Schapire me cuenta que anda recomponiendo la historia de los periplos de célebres españoles, como Alberti, Lorca o Casona, por estas playas, y anuncia el próximo estreno de un documental con material inédito. Para abrir boca, salta a la vista la arquitectura de Antonio Bonet, exiliado republicano y colaborador de Le Corbu- sier, que se levanta en Solanas, una de las debilidades del balneario. Luego, para llevarse el sol de Uruguay en papel, madera o cerámica, el viajero adquirirá en Casa- Pueblo, edificación que sobre los acantilados de Punta Ballena levantó Carlos Páez Vilaró- -padre de uno de los supervivientes que ingirió carne humana en el terrible accidente aéreo de Los Andes- una de las cotizadas producciones del artista. Y para volver, engánchense al enigma de Piriápolis, ciudad hecha por un solo hombre, el alquimista Francisco Piria, del que cuentan que hacía viajes astrales y que la soñó como un árbol de la vida. Aunque no haga falta tanta droga dura: es raro encontrar por esos mundos de Dios gentes tan hospitalarias y acogedoras como los uruguayos. Lo dicen hasta los propios argentinos. Por eso siempre vuelven. Las lápidas de San Carlos Dice el arquitecto Ricardo Weiss que las costas son únicamente los ojos de Punta del Este, pero que detrás hay un cuerpo imponente, armado, además de por los regalos de la naturaleza, por la mano del hombre. Allí encontramos rincones sorprendentes. Como en San Carlos, la segunda ciudad de Maldonado, la única población del Río de la Plata que no pudieron conquistar los ingleses en sus invasiones- hubo otras pero sobre ellas no existió un asedio fundada por portugueses y que ya en 1777 fue territorio de españoles. En esta ciudad, la iglesia de San Carlos de Borromeo, único edificio religioso de Uruguay que se levantó íntegramente en el XVIII y que se conserva sin modificaciones, jugó un papel decisivo: el padre Amenedo, cura vicario, fue fundamental en el raro ejemplo de confraternidad hispano- portuguesa. En el predio de la iglesia se instaló la primera necrópolis de la ciudad, desde 1781 hasta 1850, y por las lápidas que allí se alinean se puede conocer, no sólo la muerte, sino la vida y obra de aquellos pobladores. La muestra: Q. E. P Manuel Dutra (12- 7- 1792) D. Marido de María Antonia Machado. Murió en la noche repentinamente a resultas del fuego de una centella que lo abrazó junto a su hijo Francisco que tenía en sus brazos y a otros cuatro mozos O esta otra: Q. E. P Un parbulito (1- 1- 98) D. Nacio y murió. Siendo bautizado por la comadre Andrea de Acosta. Y lo hizo bien. Hijo de Ana, morena soltera Aunténticas novelas en un pedazo de piedra. Una de las joyas de la necrópolis