Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
16- 17 D 7 LOS DOMINGOS DE Los fundadores, de izqda a dcha: Antonio Fernández Spencer, Jorge Cela, no identificado, Carmina Morón, J. M. Caballero Bonald, Pilar Paz Pasamar, Demetrio Castro, Carlos Salomón, Luis López Anglada y Eduardo Cote Lamus la revista, por parte del nicaragüense Mejías, de un símbolo vegetal escogido de un libro de botánica por su belleza, que recordaba en cierto sentido al perejil juanramoniano, y que resultó ser la mortal cicuta. Rafael César Montesinos, hijo del poeta, asegura que fue su padre quien, al ser identificada la ponzoñosa planta, decidió mantenerla asumiendo su símbolo como el veneno de la poesía La historia de la Tertulia podría contarse sólo con la yuxtaposición de los nombres de escritores que por ella pasaron. Allí se reunieron los maestros del 27 que residían en España, como Vicente Aleixandre, Carmen Conde, Dámaso Alonso, Gerardo Diego o Luis Rosales, quienes proporcionaban el contacto con los exiliados, junto a los jóvenes poetas, ávidos de sus predecesores. Por allí pasaron la generación de posguerra, la del cincuenta, la generación del lenguaje la de los novísimos... y así hasta nuestros días. Desde José Luis Cano, Rafael Morales, Carlos Edmundo de Ory, Gloria Fuertes, Joaquín Benito de Lucas, Ángela Figuera Aymerich, Carlos Bousoño, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Pablo García Baena, Ricardo Molina o Vicente Núñez, a Francisco Brines, Pilar Paz Pasamar, Manuel Alcántara, Elena de Andrés, Cocha Zardoya, Claudio Rodríguez, Pepe Hierro, Fernando Quiñones, Concha Lagos, Caballero Bonald o Gil de Biedma. Desde Félix Grande a Diego Jesús Jiménez, de Jesús Hilario Tundicor a Manuel Ríos Ruiz, Ángel García López, Francisca Aguirre, Antonio Colinas, José Miguel Santiago Castelo o Antonio Hernández. De Clara Janés, Luis Antonio de Villena a Pere Gimferrer, Ana María Moix, Luis Alberto de Cuenca, Juan Van Halen, Vicente Molina Foix, Javier Lostalé, Pureza Canelo, Enrique Gracia Trinidad o José Infante. En- Maestros del 27 y continuadores tre los jóvenes que leyeron sus primeros libros en la Tertulia estuvieron Dulce Chacón, Fanny Rubio, Ana Rossetti, Fernando Beltrán, Juan Carlos Mestre, Luis García Montero, Miguel Losada, Leopoldo Alas, Juan Cobos Wilkins, José Ramón Trujillo, Guadalupe Grande, y un larguísimo etcétera que continúa hasta nuestros días. La Tertulia nunca abandonó su carácter hispanoamericano, como se ve en que por ella pasaron Jorge Luis Borges, Ernesto Cardenal, Carlos Germán Belli, Juana de Ibarbourou o Dulce María Loynaz. No faltaron a estos encuentro figuras internacionales de otros ámbitos lingüísticos como Jean Cocteau, personalidades de difícil clasificación, salvo por su grandeza, del periodismo, el cine, el teatro o la música, como César González- Ruano, Fernando Fernán Gómez, o Paco Rabal. Importantísimos, en tiempos tan difíciles, fueron los homenajes de la Tertulia a figuras como Pío Baroja o Luis Cernuda, de cuyo culto la Tertulia fue pionera en tiempos en los que estaba prohibido y olvidado. También Rafael Alberti y Rosa Chacel fueron acogidos en la Tertulia a su vuelta del exilio. Se dedicaron numerosos ciclos a poetas de los que no se podía hablar abiertamente, como el citado Cernuda, García Lorca, o Antonio Machado. Fue Tertulia nutricia para los escritores de todas las generaciones que allí se mezclaban y conocían. Porque si algo fue y sigue siendo- -gracias a los esfuerzos de su hijo, el fotógrafo Rafael César Montesinos y de Marisa Calvo, presencia vivificante y contumaz en el trabajo y apoyo de su marido en esta labor impagable- -es un lugar de encuentro para los que aman la palabra escrita como forma de vida. Todo el que ha sido algo- -literariamente hablando- -ha pasado por esta catedral de nuestras letras. Esperemos que las instituciones y, en especial las que vinculadas históricamente a la Tertulia- -Exteriores, la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) y el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe- -continúen ejerciendo su labor con recursos renovados, para que sus herederos puedan seguir adelante con un proyecto tan hermoso y plural, durante muchas veces 55 años, para que otros muchos escritores puedan encontrarse allí con el testigo de nuestra historia. La cicuta de la literatura, el veneno de las letras, es una bella imagen en días tan obvios, tan faltos de vuelo y de belleza. Recordarlo y buscarnos en nuestra memoria, es obligación de todos. Catedral de las letras us