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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE La vida cotidiana venezolana se ha radicalizado; ya no hay término medio. La revolución bolivariana, que defienden estos fans de Chávez, es el todo o la nada EPA Dos vidas Separa también familias, hermanos y matrimonios TEXTO: LUDMILA VINOGRADOFF MANUEL M. CASCANTE Dos Venezuelas La división del país entre partidarios y detractores de Chávez no se limita a clases sociales, barrios o regiones. P atricia lloró cuando se separó de su marido. No quería que su matrimonio con Pedro acabara de esa manera, pero ya no podía seguir aguantando. La discusión sistemática por los asuntos políticos los había llevado a tomar esa decisión. Él es chavista; ella, una escuálida como denominó el presidente Hugo Chávez a los opositores. Dos posturas hoy irreconciliables, por mucho que intenten integrarse. Luisana y Ramón han pactado no hablar de política en casa para no tener que romper con el vínculo matrimonial. Ella es escuálida; él, chavista. Y, después de muchas peleas y consejos de los psicólogos, acordaron que lo más saludable era sacar a Chávez de sus vidas para conservar la relación. Ahora se ven felices. Sus divergencias ideológicas ya no los perturban como pareja. Carlos Escarrá, chavista ABC En los hogares venezolanos Chávez se ha hecho omnipresente. Hablan de él en la mesa y la sobremesa, para bien o para mal, desde hace nueve años. Todos están pendientes de lo que dice o anuncia. Antes, las parejas se casaban sin importar que él fuera adeco o ella, copeyana Ella, de izquierdas; o él, de derechas. Y había armonía familiar, toda la armonía que pueda encontrarse en una familia. Ahora, sin embargo, el antagonismo político es un obstáculo que erosiona los afectos y divide a maridos de mujeres, a padres de hijos, a hermanos entre sí. Así, los Escarrá, Hermann y Carlos. Dos hermanos, dos abogados de prestigio, dos constitucionalistas, dos profesores universitarios, dos pesos pesados y dos posiciones enfrentadas por Chávez. La gente les llama el colesterol bueno y el colesterol malo, adjetivos intercambiables según quien los aplique. Carlos es uno de los más obsequiosos aduladores de Hugo Chávez: El presidente viene a ser en nuestra Constitución como el sol que, firme en su centro, da vida al universo. Esta suprema autoridad debe ser perpetua y permanente Mientras Hermann es, quizá, el más radical de sus opositores, que promueve enfrentarse al comandante desde la agitación urbana, y no mediante los votos. Son dos (Pasa a la página siguiente)