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16 12 07 EN PORTADA Aznar Mi vida política ya fue (Viene de la página anterior) con mucha atención lo que pasaba en España. Y dudábamos si esta ambición era cosa de Aznar o era cosa del país. Y ahora, después de lo que ha pasado, después de los cambios que se han producido en España, ya sabemos que era cosa tuya Aunque esa es una aseveración que no me gusta. Yo prefiero que los países sepan salvaguardar sus intereses fundamentales, con independencia de quien esté en el gobierno. Yo querría que algunas cosas que se habían hecho, creo que razonablemente bien, se hubieran mantenido. El juego ese de ¿Aznar dice que sí? pues nosotros que no; ¿Aznar dice que no? pues nosotros que sí es un juego infantil que sólo puede generar daño al país. Hay que pensar un poquito más allá que estar preocupado por dar un mitin comarcal todos los fines de semana. Deberíamos intentar que los países vayan ampliando sus capacidades, y que otras personas puedan continuar las líneas políticas beneficiosas para su país. -Bueno, yo siempre había pensado que usted era un político nato... que no sabía vivir sin la política. Y sin embargo, al leer su libro, he tenido la sensación de que usted ya quería desmarcarse de todo aquello y que ahora le atraía más convertirse en una especie de ensayista o pensador, tipo Popper, Sartori, Revel... Bueno, pues cuando ayer lo vi firmar libros y saludar a cada uno de sus admiradores, me convencí de que era inevitable: usted siempre sería un político puro, en activo o en no activo. -Eso no lo voy a perder nunca. Afortunadamente conservo ese instinto y esas ganas de estar con la gente. Eso sí es para mí una encuesta vital: estar en contacto directo con la gente. Y es gratificante lo que te dicen miles de personas que aguantan una cola en la calle, a pleno frío, para que les firme libros. Y había que verlo ayer en unos grandes almacenes. Gratificado y feliz: Para todos tenía una sonrisa. Con cada apretón de manos, una pregunta, un interés. A los jóvenes: qué estudian, en qué trabajan, cómo ven su futuro; a los mayores por sus familias; y a quienes le sugerían tímidamente Usted no se acordará de mí... pero nos conocimos en... la respuesta reconfortante Hombre! claro que sí... ¿Y cómo estás? Y todos abandonaban la cola con su libro, Si a un presidente le da miedo que lo abucheen, como hemos visto recientemente, no se le puede dar la confianza para que gestione una crisis importante su recuerdo y su cara de alegría. Sin embargo, un poco más allá, en la cafetería, el contraste. Una señora mayor, probablemente alguna empleada de la zona, le comentaba irritada al camarero: Pero bueno! ¿para qué tanto jaleo? Si este ya no es presidente, ni es nada Otra vez las dos posturas antagónicas. -Desde luego debe compensar los malos ratos, escuchar como ayer que un señor le diga: Vuelva usted, porque lo necesitamos o una chica: Estoy muy enfadada con usted, porque nos dejó O la madre que le compra el libro para que su hijo Nicolás, de 5 años, lo lea cuando crezca. -Claro... Es que no todos son momentos duros. Yo nunca he creído a aquellas personas que expresan un sufrimiento por estar en el gobierno. No son sinceras. Y le voy a decir una cosa: no conozco a nadie que sea presidente del gobierno y que no le guste serlo. Así que uno está donde ha querido voluntariamente estar, y porque le han votado. ¿Que ese trabajo tiene a veces momentos de enorme dureza? Es verdad. ¿Que tiene momentos de enorme incomprensión? Es verdad... Ahora bien, cuando usted oiga decir a alguien: Estoy deseando que esto se acabe, estoy deseando marcharme de aquí... no le haga ningún caso. Tampoco es verdad. No Intento ser cuidadoso con mis opiniones, sobre todo ahora, cuando el debate político en España no es precisamente de altura, sino de bajura