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9 12 07 GENTE BEATRIZ CORTÁZAR Al punto Dos mujeres, dos estilos Gonzalo Miró, en plan caballero gentil, ayuda a la actriz Eva Green, rostro del perfume de Dior, en la fiesta de la firma or distinto motivo pero en la misma semana dos mujeres han acaparado los titulares de las crónicas rosas. La primera fue la baronesa Thyssen que sigue en sus trece de no querer saber nada de su nuera Blanca pero sí de su hijo Borja en esa cruzada particular que encabezó el día que su hijo anunció que se casaba. La baronesa tiene otros frentes abiertos pero el que interesa en las tertulias del corazón es el empecinamiento que tiene en contra de la mujer que le hará abuela a finales de enero y a quien sigue sin querer ver ni en pintura. Como muestra sólo decir que a su hijo le ha dicho que le espera en Nochebuena siempre que no vaya acompañado de su mujer. Con esa mentalidad y, sobre todo, con unas impresionantes esmeraldas que lució como collar y como broche en forma de flor es como se fue a la cena que Beatriz de Orleans organizó para lanzar el perfume Midnight Poison de Dior dispuesta a darse un baño de micrófonos y flashes. El resultado se ha visto en el papel couché y casi comparte página con la aparición de Isabel Preysler en la cena de gala que los Reyes dieron a la presidenta de Filipinas y en donde estuvo como invitada por aquello de las raíces. Desde luego las comparaciones son odiosas y la naturaleza injusta la mayoría de las veces. Preysler y la baronesa coinciden en muchas cosas pero son dos mundos. P Isabel Preysler, a su llegada al Palacio Real para la recepción de los Reyes en honor de la presidenta de Filipinas Las dos han recurrido a la cirugía estética para mejorar sus rasgos y las dos lucen valiosas joyas (las de la baronesa son propias y las de Isabel de Suárez) al igual que diseños de alta costura. Pero como diría Alejandro Sanz, no es lo mismo. Preysler jamás acudiría a una cena de etiqueta con el pelo recién lavado en casa y dos pinzas como único recogido al igual que Tita tampoco combinaría su vestuario hasta extremos tan sumamente estudiados. Ignoro qué tal se llevan, si es que se llevan, y cómo sería una conversación en-