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9 12 07 VIAJES Bohemia Cuento de Navidad Los artesanos trabajan sin descanso para llenar los puestos de los mercadillos (Viene de la página anterior) del siglo XIII, residencia de los señores de Hradec. Era originalmente de estilo gótico, aunque a finales de XVI los arquitectos italianos le dieron un baño renacentista. Merece la pena pasear por sus salas, y salir luego a las calles para ver los edificios de colores vivísimos tan típicos de Bohemia. Dicen sus habitantes que hay tantos días grises que es imprescindible utilizar el pantone en las fachadas para alegrarse la vista. En el caso de esta localidad de nombre impronunciable, la mayoría de esas casas se construyeron tras el incendio de 1801; en Cesky, en cambio, abundan los edificios del XIV y en Trebon hay una curiosa mezcla de construcciones renacentistas y barrocas. Trebon, ciudad balneario, también presume de un castillo renacentista construido en el siglo XVI. Es buen lugar para de nuevo dejar volar la imaginación una vez que se hace de noche y las horas se estiran como goma de mascar. Se cuenta que por estos pasillos deambula como alma en pena la dama blanca, una buena mujer de la familia Rozmberk que se casó con uno de los hijos de los Lichenstein, maltratador y feroz, bastante mayor que ella. El marido murió y, antes de expirar, le pidió perdón a su esposa. No lo obtuvo y, según se transmite de generación en generación, el varón de los Lichenstein escupió una de esas maldiciones contra las que no hay antídoto. La leyenda sigue viva. Una dama vestida de blanco vagará por los siglos de los siglos por estas salas congeladas como un cubito de hielo. El castillo de Zvikov, del siglo XIII, ha conocido mejores momentos, por ejemplo cuando fue el último bastión del ejército protestante en el sur de Bohemia. Ahora parece abandonado a su suerte, a orillas del Moldava, donde se ha construido un embarcadero del que zarpan minicruceros para observar la fortificación desde el agua. Esta tarde, la neblina que aletea entre el río y el cielo invita La segunda vida de los castillos Alrededor de Bohemia hay muchas rutas posibles, desde la cerveza a los castillos. Pero, estos días, en todos los escaparates y en todas las plazas brilla el Adviento a abrocharse el forro polar y a respirar profundamente. El barco se dirige a otro castillo, el de Orlik, catorce kilómetros más allá, reconvertido en hotel. En la República Checa hay dos mil castillos, y para algunos de ellos su transformación en alojamiento ha sido la única forma de seguir en pie. Bohemia vive durante un mes en estado de Navidad o de Adviento. En cualquier esquina, en la capital, esa ciudad en la que se anuncia un concierto de Mahler en la calle de Kafka, y en los pueblos. También en la mina de Pribram, un lugar que explotó sus entrañas- -plata, uranio, zinc, carbón- -hasta que en 1978 empezó a costar más el proceso de extracción que lo obtenido. Algunas de esas galerías, como las de Anna y Procopio, que se hundían cuarenta y un pisos en la tierra, se pueden visitar ahora. Como la casa del minero, donde unos cuantos artesanos preparan dulces o figuras para el belén, y donde suena la música clásica, esa dulce compañía para contar historias mientras llovizna- -o quizá nieva- -tras los cristales, mientras llega la cena... La carpa es el plato tradicional de la Nochebuena. Otra leyenda urbana y rural de las que se cuentan al calor de una cerveza dice que sus escamas propiciarán un año saludable, de forma que las amas de casa se afanan en ordenarlas bajo los platos el día 24. Además, guardarán algunas en los bolsillos de la ropa, para salir a la calle con la suerte pegada al cuerpo, con las luces en cada escaparate, con los mercadillos abiertos desde primera hora de la mañana hasta eso de las siete. Porque aquí, eso sí, la tarde parece noche, y la noche, madrugada. Mucho dulce y un poco de licor para combatir el frío La dieta de la Navidad está llena de tentaciones para los golosos. Puede empezar con una deliciosa masa de hojaldre calentada a la brasa con nueces, canela y un barniz de caramelo que se vende en todas las plazas de Praga por cuarenta coronas (menos de dos euros) Sólo para empezar, porque luego hay que probar las manzanas al horno, las trenzas con almendras y pasas, o el jidas un pastel a base de queso fresco. En cuanto a los licores, abundan y tonifican, como en todas las tierras frías. El vino caliente suele estar presente en todos los mercadillos, y también un licor aceptable, el pechrovka un cóctel de yema de huevo, leche condensada y ron. Otros clásicos de estas fechas son el grog ron añejo con agua caliente, y el ponche. En cuanto a la cena, la carpa es la reina, símbolo de suerte y prosperidad, aunque también encontramos platos de caza. Esta es la época, y en las colinas de Bohemia corretean jabalíes y corzos. El casco antiguo de Cesky Krumlov, rodeado por el Moldava, a 180 kilómetros de Praga