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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE M. FRANCISCO REINA Cultura Emilio Ruiz Barrachina a mayoría conocimos el trabajo de Emilio Ruiz Barrachina a partir del magnífico y valiente documental Lorca, el mar deja de moverse sobre el poeta de Granada que, sin paños calientes y con una cuidadísima investigación de Pilar Góngora y Miquel Caballero, además de las canónicas de Ian Gibson, ponían en su lugar, con nombre y apellidos, a los asesinos de Federico, aclarando también los tan traídos y llevados argumentos contra el poeta Luis Rosales, leal a su amigo hasta el silencio más acusador y en su demérito. A pesar de la indiferencia de algunos, sobre todo los que creen que Federico, su obra y su figura, son una marca registrada más que rentabilizar y coto privado de caza y homenaje en conmemoraciones y otros saraos con forma de premios literarios que repartir con los amigotes, el rosario de galardones y reconocimientos internacionales no ha parado de Italia a Chile, pasando por distinciones de críticos, expertos y festivales en nuestro país. Aseguraba el director que queda claro que no hay que insultar a un país, como hizo Rubianes, para saber sobre la muerte de Lorca refiriéndose a la sobredimensionada polémica del cómico en las mismas fechas en las que se estrenaba el documental. Ha tenido que insultarse a todo un país para que los medios de comunicación hablen de Lorca en páginas enteras. Eso sí, absolutamente ningún político hizo acto de presencia en el estreno del documental. ¿Será que nuestra clase política, de una tendencia o de otra, sigue teniendo miedo a Lorca? Algo tendrá el bardo cuando se le silencia y el código ético que trasluce la mirada del autor de esta pieza tan dolorosa, tan contemporánea, tan rigurosa y delicada L cuando muchos nos hemos convertidos en seguidores de Barrachina. Emilio, claro, es un poeta. Quizá no un poeta al uso y, por eso juega al despiste con la abundancia de trabajos ensayísticos, documentales, fílmicos y narrativos, con títulos como Brujos, reyes e inquisidores Calamarí El arco de la luna que obtuvo el Premio Internacional de novela Luis Berenguer, o La venta del Paraíso que apareció hace un año en la editorial Bruguera y le presentó la vicepresidenta del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, que es un ejercicio narrativo nada fácil, lleno de riesgos experimentales y de plasmación de lenguajes como ya no se atreven a hacer la mayoría de los novelistas más autocomplacidos, y que trata de una manera comprometida el difícil asunto de la inmigración, con un lenguaje que le relaciona con los grandes latinoamericanos de los sesenta como García Márquez, José Donoso o Carlos Fuentes. En palabras de la crítica Valeria Correa Fiz, es una novela incómoda, un texto dónde se pone de manifiesto descarnadamente el engaño, la decepción y la mentira. El engaño de una organización dedicada a traer extranjeros a España, la decepción que sufren los protagonistas, emigrantes de Calamarí (país latinoamericano imaginario) cuando descubren que no hay tal Paraíso Todas estas virtudes consiguieron que, sin grandes alharacas mediáticas, se le dedicaran jornadas a esta novela en varias universidades españolas. Vuelvo a la condición poética de Emilio Ruiz Barrachina, un poeta descreído de su condición poética que, sin embargo, hace poesía visual en sus documentales y películas, en sus novelas y que, por fin, se desveló con un libro de poemas, Arroyo que se ha alzado con el premio de poesía Rubén Darío de este año, organizado por el Pen Club España y la editorial Sial, con un jurado de poetas como FERNANDO FERNÁNDEZ Economía Que nadie olvide las eléctricas L que está alejado de todo ensimismamiento y, a pesar de esto, que es cierto, esta otredad poética nos hace su discurso íntimo y cercano. Todo el libro es un largo poema fragmentado, un diálogo con los que están presentes en la vida, aunque estén más allá de ella, como amigos que se sientan en la misma mesa, mezclándose Lorca, Rosales, Francisca Aguirre, o Félix Grande, en ese arroyo que es la vida, que es la poesía, que es la conciencia de especie y sus deberes. Un raro regalo, un hallazgo en días de frivolidades oceánicas para disfrutar con recogimiento. Gracias Emilio. Luis Alberto de Cuenca, José Ramón Trujillo, o Basilio Rodríguez Cañada. Dice acertadamente el poeta Manuel Rico en el prólogo del libro a casualidad es caprichosa y ha querido hace coincidir la despedida política de Rodrigo Rato con una semana llena de noticias sobre el sector eléctrico. Tras meses de rumores, el ex director ejecutivo del FMI ha fichado por Lazard, un banco de inversión norteamericano no especialmente conocido pero grande en historia. Fundado en 1848, gestiona activos por casi 150.000 millones de dólares. Es una entidad boutique que quiere dar el salto a la liga de los mayores y que en España es conocida por su papel en alguna operación de concentración precisamente en el sector eléctrico. No es el destino esperado y no acallará las especulaciones, pero el papel del ex vicepresidente en el partido popular no puede ya ser muy diferente del que dicen jugaba Pizarro, fábrica de ideas, muñidor de equipos, asesor áulico, pero nunca protagonista. El aclarado futuro de Rato ha eclipsado otras noticias, hasta una primicia quizás producto del afán de unidad, como que Zapatero haya asumido la propuesta de Rajoy de eliminar el impuesto sobre el patrimonio. Qué oportunidad para que la SGAE le obligue a pagar derechos de autor. Pero ha sido la semana de las eléctricas. Todo empezó el lunes cuando Alemania y Francia se plantaron en Bruselas y rechazaron frontalmente los planes del comisario europeo de la energía Andris Piebalgs de obligar a las empresas a elegir entre la propiedad de las redes de transporte y la producción de energía eléctrica. Política que de aplicarse con todo rigor obligaría a los gigantes E. On y EDF a dividirse. Una política por cierto que es conceptualmente idéntica a la que quiere aplicar la comisaria Kroes a las telecomunicaciones. El ministro francés llegó a hablar de expropiación encubierta, traduciendo en román paladino lo que quiso decir Sarkozy cuando forzó la retirada del fomento de la competencia de los objetivos constitucionales de la Unión Europea. Por su parte, el martes las eléctricas españolas pasaban al ataque ante la incertidumbre regulatoria producto de los cambios de opinión gubernamentales y expresaban su malestar por la congelación de tarifas, la inadecuada remuneración de la actividad de distribución y las contradicciones en el cumplimento de los compromisos de Kyoto. Para complicar el panorama corporativo, por si aún hiciera alguna falta, el miércoles el millonario belga y principal accionista de Suez, Albert Frère, vendió un 2,2 de la participación del 5,06 que tenía en Iberdrola, con una plusvalía de 200 millones de euros y dejando a Florentino Pérez más solo si cabe en su particular empeño en la fusión con Fenosa. Y el jueves la Comisión Europea vuelve a dar un nuevo varapalo al gobierno español por su actuación en el caso Endesa al declarar ilegales cinco de las siete condiciones impuestas por el ministro Clos a instancias de Maite Costa en la CNE; entre otras las que pretendían mantener el centro de decisión en España y los servicios eléctricos insulares en manos de una empresa formalmente española. La decisión es vinculante y su incumplimiento acarrea automáticamente la apertura de un procedimiento formal de infracción al que el gobierno no debería arriesgarse en plena campaña electoral salvo que quiera dar argumentos a Juan Costa, otrora delfín de Rato y ahora coordinador del programa popular. La mesa está servida en el sector, las cartas echadas, pero todavía nadie sabe muy bien cómo se gana esta partida porque las reglas se van cambiando en cada nueva mano. El sector financiero ha estado esta semana más aburrido, a la espera quizás de la decisión del BCE sobe los tipos de interés y sobre todo que se aclaren los principales protagonistas de la pelea por Bankinter, donde los Botín parecen haber tocado a arrebato y pueden poner en liza a Banesto. Mientras un histórico de la banca portuguesa, Jardim Gonçalves, fundador del BCP se ha visto forzado abandonar la presidencia tras el fracaso de su deseada fusión con BPI. Sobre ambos bancos tienen opciones y estrategias no se sabe si concurrentes o competitivas dos viejos amigos, Isidre Fainé y Josep Oliu. Curiosa alianza luso catalana esta semana que se ha hablado tanto del desapego.