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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE rebro del pequeño Adi. Cuando el grosero padre yace muerto, al fin ya queda su idolatrada madre sólo para él y por fin, de tanto contemplarse y toquetearse, Adolf logra crear un saludo militar que emule a su erección. La realidad no da para tanto misterio. Se conoce muy bien quiénes son los padres de Hitler que, además, están enterrados en el cementerio de Leonding, en Austria. No sólo Hitler no los escondió, sino que siendo canciller visitó su tumba en ocasiones. Parece una broma macabra que la casa de este pueblo en la que vivió el inspirador del Holocausto sea hoy la funeraria local. Hitler declaró la casa monumento nacional en 1938 y, todavía en 1943, 50.000 personas la visitaron en peregrinaje. Las fotos conocidas de Alois Hitler y Klara Pölzl dejan adivinar la fisonomía del hijo. El padre fue un agente de aduanas, basto y pendenciero, con afición por cultivar panales, que transmitirá a Adolf el semblante murrio. La madre es prima- -según imagina Mailer, tal vez incluso hija- -y tercera esposa de Alois, de quien tendrá tres abortos antes de dar a luz al futuro Führer, a quien cede esos ojos azulados y alucinados. En el restaurante Bardolino de Leonding está el sofá sobre el que murió de un ataque al corazón Alois, quien según la fantasía de Mailer, en el momento de concebir al pequeño Adi, había notado ya la punzada del infarto. La novela está meticulosamente investigada, pero sobre repeticiones de datos apenas probados. La hagiografía tramposa en los 30 y 40 dejó lugar a una historiografía freudiana muy dada a con- Padre basto y pendenciero Hitler con traje regional bávaro y un grueso chaleco a prueba de balas en una imagen de 1925 clusiones del tipo de que si exterminó a los judíos, es probable que también matase lagartijas de niño y que probablemente él mismo fuera judío... Así lo contó en sus memorias redactadas en una celda de Nürenberg el carnicero de Cracovia pero nunca se probó. Y es que la necesidad de explicar al infame personaje ha lastrado los estudios sobre el mismo. Más prosaico, el historiador Lionel Richard, aun admitiendo que fue un niño traumatizado por la muerte de su hermano y de sus padres, escribe en De dónde viene Adolf Hitler que, a sus 25 años, antes de la Primera Guerra Mundial, Hitler no tiene nada del pangermanista y antisemita que luego pretendió ser, ningún compañero de clase ni luego de habitación destacó nunca afirmación antisemita alguna En su opinión, es tan poco militarista que se muda de Viena a Múnich en 1913 para evitar el reclutamiento. Por idéntico ardid sería luego un contumaz evasor de impuestos de escaso patriotismo. Adolf se convierte en Hitler, según Richard, por la guerra, en la que vive el restallante nacionalismo y, después, por la dolorosa derrota militar Los responsables de ésta son los otros los pacifistas, los traidores, los burócratas, los judíos... Más peligroso es presentar a Hitler como un engendro que provoca la ira natural. Es una explicación que evita el desagradable trance de conocer lo que a veces mora en zonas oscuras de seres humanos tal vez no tan distintos del monstruo Lo que tampoco significa ni mucho menos que el suyo fuese un pueblo monstruo (Pasa a la página siguiente) En su juventud, en 1913, Hitler se trasladó de Viena a Munich para evitar ser reclutado. Por idéntico ardid se convertiría después en un contumaz evasor de impuestos