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9 12 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Su madre (en el centro) fue, probablemente, el único ser humano a quien amó Hitler, personaje atormentado, en quien el delirio creció a medida que menguó su bigote Hitler La gestación del mal En su novela sobre la infancia y juventud de Hitler, Mailer retrata al personaje como un engendro criado literalmente por el Diablo. Pero si seguimos los pasos del sujeto veremos que la historia es más compleja TEXTO: RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL EN BERLÍN FOTOS: ABC n humilde niño austríaco se orina cada noche en la cama. Esta incómoda humedad en que yace cada noche el pequeño Adolfo, y el miedo que le inspiran el padre y sus compañeros de clase, además de que tal vez le faltase un testículo, le llevarán un día a concebir el Holocausto, el mayor crimen programado de la historia. Y, de paso, a que un león de la literatura como Norman Mailer perpetre una novela cuando menos arbitraria. ¿Hitler prisionero del sexo de sus padres? Precisamente así se llamó un ensayo de Mailer en los 70. El volumen de 467 páginas- -y todavía pensaba en una segunda parte- -recorre tres generaciones de la familia de Hitler, en la Austria del siglo XIX, hurgando y holgando en un hogar deprimente, torturado e incestuoso. El tranquilizador mensaje, una vez más, podría ser: si usted no nació en un ambiente así, y ni siquiera habla alemán, puede dormir tranquilo que nun- U ca cometerá barbaridades de alcance global. Aquel niño pobretón llamado Adolfo (Braunau am Inn, Austria, 1989, Berlín 1845) sería para Mailer el mayor gol que el demonio le ha metido a Dios desde la manzana de Eva. Así que cuando el demonio se mea en la cama no hay duda de que lo peor puede suceder, incluida una mala novela. En El castillo del bosque el narrador del relato es un ángel negro a sueldo del maligno, encargado de velar por la bajeza del joven Adi (alias austríaco de Adolfo) a quien cree el mayor prodigio de su Maestro frente a la impotencia de Dios (al que trata familiarmente como el tonto Parece que es más fácil creer una explicación paranormal del hecho del nazismo que una histórica o política. Adolf se convierte en Hitler a consecuencia de la Primera Guerra Mundial y de la dolorosa derrota, que achacó a los otros a pacifistas, traidores, burócratas, judíos... En realidad Mailer se dedica menos a Hitler que a su padre. Demonio de padre en lugar de Dios padre. El contrasímbolo religioso está también en la doncella violentada por el padre incestuoso, en vez de fecundada por el Espíritu Santo. Así que el autor se pierde en relatar la impura concepción, antes que en explicar cómo pudo Adi convertir en bárbaro a un pueblo tan reputadamente culto. Cuestión que, entre otros, aborda el historiador Götz Aly en el libro El Estado popular de Hitler en una sociedad rota y subvertida por la postguerra, la repentina pobreza, el rencor y el nacionalismo sobornaron a los alemanes con promesas de grandeza y beneficios contables redistribuyendo bienes expropiados, primero a los judíos y, luego, a otros pueblos europeos. Pero en la entelequia de Mailer va a ser la afición por las abejas del abarraganado progenitor de Hitler lo que siembre en el endemoniado muchacho su primer y tal vez único pensamiento político: Mira cómo las abejas idolatran a su reina y destruyen a las débiles y lisiadas observa qué fácil es gasearlas dentro de la colmena Alcanzada la adolescencia, parece que el trabajo del Maligno está hecho, cualquier intento de Dios por plantar alguna simiente de conciencia ha sido arrasado del ce-