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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE Eva y Rafael (en la fotografía, con sus hijas) guardan la compra del día en las alacenas. Intentan ajustar el presupuesto sin perder calidad los de pollo por cinco euros; en la tienda de enfrente, dos kilos por 5,90. Claro que aquella carne es blanca y ésta, grisácea. La elección no siempre es fácil... En Peñaranda compro los embutidos; en Muñana, la carne; en Muñico, las aceitunas... Echo el día, pero como estoy jubilado puedo permitírmelo. Y me ahorro un dineral. Sólo con lo que gano con las olivas (traigo diez botes de kilo) me pago el combustible del viaje confiesa Esteban, que vive en Madrid, fue profesor de Matemáticas y los números no le bailan en la cabeza. Claro que hay que comprar casi al por mayor y tener un congelador de gran capacidad en casa Practica lo que podría llamarse la estrategia del circuito en la comarca que le vio nacer, la Moraña abulense. Engancha a su hermano o a su cuñado y allá que se van, con la intención de llenar la despensa para varios meses. En los productos de diario- -leche, pan- -es donde te crujen. No vas a ir a buscarlos a otro sitio, los adquieres en el barrio. Los demás, sobre todo la carne, hay que conseguirlos en origen, en las fábricas. El solomillo ibérico está allí a 9 euros el kilo; aquí, a 14; las costillas, a 2 euros; aquí, a 5 y pico. No vas a por dos costillas, evidentemente También es importante hacer los deberes a tiempo. La estrategia de la hormiga. Cojo medio centenar de melones en verano a 40 céntimos el kilo en los pueblos de la sierra de Madrid. Ahora es un producto escaso y caro- -están a 1,30- Puedo decir, medio en broma, medio en serio, que el dinero que más me produce es el de los melones Esteban viene de la cocina con una bolsa de alubias pintas tolosanas que acaba de agenciarse en una reciente escapada a Peñaranda de Bracamonte (Salamanca) Son pequeñas y su piel lisa y marrón brilla dándoles el aspecto de piedras preciosas. Hace unos meses estaban a 5,5 euros el kilo y ahora a 7,5 (un 40 por 100 más) Los precios también han subido en los pueblos; aún así, el fenómeno no es comparable a lo que ha sucedido en las capitales. En Madrid estas mismas alubias están por encima de los diez euros. En otros productos- -por ejemplo, de pollería- -no hay subidas significactivas, pero han desaparecido las ofertas El nivel de control de los precios suele ser directamente proporcional a la edad de los consumidores. Los padres miran a sus hijos recientemente emancipados con una mezcla de crítica y conmiseración porque, en su opinión, se dejan timar. Mi madre me comenta cómo ha subido la pescadilla y yo le digo ¿ah, sí? ¿y a cuánto estaba antes? No me pregunte por los precios, porque en ese examen no saco buena nota. Sé lo que hay, más o menos, me doy cuenta de que con el mismo dinero no llego adonde llegaba antes, e intento adaptarme según el presupuesto de que dispongo confiesa Eva, que vive en Valdemoro con su marido y sus dos hijas (de 5 años y 20 meses de edad, respectivamente) Una joven familia tipo. Procuro no perder calidad, sobre todo en productos de alimentación. Pruebo marcas blancas- -las de los propios establecimientos; por ejemplo, de cacao soluble o de queso de untar- -y ajusto más en ropa, acudiendo a las rebajas y adquiriendo prendas de la temporada pasada, un detalle que me parece irrelevante. También me anticipo mucho. Soy previsora. El cochinillo para la cena de Reyes lo compré en octubre, porque sospecho que a última hora se pondrá por las nubes A mí no me afecta la subida de la gasolina, porque siempre echo 30 euros El chiste es viejo, pero aplicable a un sector importante de la sociedad al que la crisis actual le resbala bastante: no porque no le afecte, sino porque no tiene tiempo para preocuparse por ella. Antonio y Yolanda, padres de tres hijos, con trabajo fue (Pasa a la página siguiente) El circuito y la hormiga El tiempo también tiene precio En Peñaranda compro los embutidos; en Muñana, la carne; en Muñico, las aceitunas... Echo el día, pero como estoy jubilado puedo permitírmelo. Y me ahorro un dineral