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2 12 07 VIAJES ¡Al Bronx! No sólo Manhattan (Viene de la página anterior) Algunas pistas Dos hoteles Intercontinental The Barclay (111 East 48 th St. y East Side Marriott (525 Lexington Avenue, 49 th St. Tres compañías aéreas con vuelos diarios a Nueva York: Continental: continental. com Iberia: iberia. com American: americanairlines. es Tres direcciones electrónicas www. nycvisit. com www. AboutTheBronx. com www. heartofbrooklyn. com to de incendios intencionados, crimen rampante y abandono tanto de los propietarios como de la ciudad (un tramo de la calle desapareció del mapa urbano en 1974 y no reapareció hasta una década más tarde) es hoy un área pujante donde conviven latinos, asiáticos y negros en casas ornadas con jardines manicurados valoradas en medio millón de dólares. Al Bronx donde se trasladó el famoso Fulton Fish Market (el mercado de pescado que abastece a la ciudad insaciable) sede del estadio de los Yankees (el equipo estrella del béisbol local) se puede ir en metro (la vía rápida y más barata, con seis líneas cruzando su territorio) en el Bronx Trolley (una especie de trolebús autopropulsado con tres rutas que hacen escala en teatros, galerías, parques, mercados, museos... o andando. Esta última es la más cansina, pero tal vez la más ilustrativa. Lo cuenta Henry Roth en Una estrella brilla sobre Mount Morris Park Un mundo de tejados y cometas, de excursiones a los maravillosos puentes giratorios sobre el Harlem River, como el que había al final de Madison Avenue, en donde un puente entero giraba lentamente sobre sí mismo para dejar pasar un barco, y la desconcertante red de vías de ferrocarril de los enormes depósitos de mercancías del otro lado del río, en el desconocido Bronx Es la mejor forma de leer carteles como el disuasorio de la Iglesia de Jesús: Pare de sufrir o el todavía más expeditivo en el que un tipo duro de película le pregunta a su bella dama: ¿Te importa si fumo? a lo que ella replica: ¿Te importa si muero? Los más destemidos pueden improvisar su propia ruta. No hay peligro. Pero si quiere una a medida puede pedir a Susan Mills Birnbaum (www. susanesez. com) que le guíe por los recovecos de Arthur Avenue, centro neurálgico del único Little Italy que sigue pujante en Nueva York (el de Chinatown, al sur de Manhattan, es- La Quinta Avenida de Brooklyn, con los gingko biloba en su esplendor otoñal tá cada vez más sitiado por el expansionismo chino) Allí es obligada la parada en el mercado inaugurado en 1940 por el emblemático Fiorello LaGuardia (el alcalde que acabó teniéndoselas que ver con Moses) donde los dominicanos de La Casa Grande siguen haciendo los puros a la manera tradicional (y desafiando el omnipresente prohibido fumar Legumbres, fiambres, quesos y embutidos son una tentación de la que dar cumplida cuenta in situ o en el cercano Roberto uno de los mejores restaurantes italianos de la ciudad en boca de Susan) La parada es en cualquier caso obligada en el Arthur s Avenue Cafe. Si hay suerte, mientras se disfruta de un capuchino o de uno de los platos del copioso menú, Mama Greco le deleitará con uno de sus pinitos operísticos, casi tan buenos como su tarta de queso. Ella y su hijo David, al frente del establecimiento que propone sabor europeo en Little Italy destilan un inconfundible aire de familia. El de los Soprano. No hay tiempo de enrolarse en paseos que acaben de completar la verdadera imagen del Bronx, como el del mambero Ángel Rodríguez, que recrea la historia del barrio trasladándose a 1945, cuando al sur del Bronx llegaron baladistas cubanos, que con el tiempo desarrollarían la Latin fusion el ska, el soul y el boogaloo. El rapero Orlando Rodríguez recuerda el Hunts Point Palace, En Arthur Avenue todavía se hace el tabaco a mano un local que se ponía de bote en bote cuando actuaba Eddie Palmieri y donde sus padres solían ir a bailar. Y para acabar de rebobinar el tiempo, nada como el Jardín Botánico. Allí acaba de arrancar el trenecito que discurre ante preciosas maquetas de emblemas neoyorquinos construidos con fibras vegetales. Como los gingko biloba, los árboles más antiguos del mundo, Postal de un Brooklyn siempre por redescubrir