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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE N Long Island Sound Jardín Botánico BRONX ZOO tenía el tren presidencial. El visitante de la Casa Blanca sólo tenía que pulsar un botón para subir desde el andén a sus habitaciones. Al otro lado de la Avenida de Lexington, a la altura de la calle 49, se encuentra el Marriott fundado en 1924. Inicialmente sólo concebido para hombres, con sus salas de juego y otras amenidades, en él se alojaron figuras como Xavier Cugat, el mago Houdini (en su piscina, hoy desaparecida, hizo el truco de salir de una caja fuerte) y la pareja de artistas formada por la pintora Georgia O Keefe y el fotógrafo Alfred Stieglitz. Elegantes alojamientos en los que uno tiene la tentación de dedicarse al dolce far niente o a contemplar las ventanas altas del poeta Philip Larkin (las del imponente Waldorf Astoria están a tiro de catalejo del Intercontinental) pero la calle clama en Nueva York. ¡Al Bronx! ¡A Brooklyn! Al calor whitmaniano de las muchedumbres. La mala fama que arrastra el Bronx se debe en gran medida a Hudson NUEVA JERSEY East River MANHATTAN QUEENS Ex malas calles, capuchino y tartas en el Egidio. Una esquina del Bronx Maquetas neoyorquinas para el trenecito otoñal del Botánico del Bronx una sinécdoque alimentada por el cine y la televisión: la de tomar la parte (el South Bronx) por el todo (el Bronx, el único de los cinco boroughs que no es una isla, el único unido al continente, que tomó su nombre del colono sueco Jonas Bronck) Su Jardín Botánico es cinco veces más extenso que el de Brooklyn, cuenta con doce campus universitarios y un zoológico en el que los animales salvajes disfrutan de un hábitat más amplio que muchos de sus vecinos hispanos: no sólo el 50 por ciento de los que viven en el barrio hablan español, sino que hasta cuentan con un obispo vasco, Josu Iriondo. Fue Robert Moses, una de las más controvertidas figuras del siglo XX americano, impulsor de formidables obras públicas en las que se coronó al automóvil como rey del espacio urbano, quien trazó buena parte del Nueva York que hoy conocemos. Pero ninguno de sus proyectos resultó tan devastador como la vía rápida que atravesó el Bronx de parte a parte, lo sajó por el eje y causó estragos tan hondos en el tejido comunitario que necesitó décadas para recuperarse. Desde los promotores y alumnos de la Ghetto Film School, que han sabido sacar excelente partido fílmico a la mala fama del sur del Bronx y, en palabras de su impulsor, el cineasta David O. Russell, elegir por votación un término negativo y arrojarlo otra vez ahí fuera para hacer justamente lo contrario, hasta la calle Charlotte, paradigma del nuevo Bronx, la rehabilitación es palpable. Fue en Charlotte Street donde, aprovechando un descanso en los debates sobre desarme nuclear que se celebraban en la ONU, el entonces presidente Jimmy Carter hizo una excursión histórica: las fotografías de aquel 5 de octubre de 1977 mostraban edificios abandonados, descampados aterradores y pilas de ladrillos. Como escribe treinta años más tarde Manny Fernández en The New York Times el cambio es la eterna historia de Nueva York, pero pocas calles han ilustrado mejor esa capacidad para la destruccióny el renacimiento como Charlotte Aquella tierra desolada del South Bronx, que antes de la II Guerra Mundial era domicilio de obreros judíos, en los años setenta fue pas (Pasa a la página siguiente) La santería de la pasta en el Little Italy menos visitado, el de Arthur Avenue