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16- 17 D 7 LOS DOMINGOS DE en la familia. Ni la diferencia de edad, ni el idioma (el barón no aprendió español) ni un interminable y costosísimo pleito familiar hicieron mella en la consolidada pareja. Carmen Thyssen (ya Tita Cervera había pasado a mejor vida) vivía sus momentos de gloria. Convenció a su esposo para que su impresionante colección de arte, que hasta entonces había estado en Villa Favorita, residencia Thyssen en Lugano (Suiza) se quedara en España. A pesar de no ser correspondida por ello con ningún reconocimiento oficial, todos eran elogios hacia esta mujer que plantó cara al clan Thyssen y posibilitó que España disfrute de este impresionante museo. A caballo entre sus casas de Lugano, Sant Feliu de Guíxols y La Moraleja en Madrid, la Carmen Thyssen coleccionista se codeaba con lo más granado del mercado del arte, cuya erótica había entrado en sus venas irremediablemente. Se considera una coleccionista intuitiva y apasionada. Pero, tras la muerte del barón el 27 de abril de 2002 a causa de una insuficiencia cardiorrespiratoria a los 81 años, parece que perdió en cierta manera el rumbo de su intensa vida, si exceptuamos las dos mellizas que trajo de Estados Unidos: Carmen y Guadalupe. Primero, su guerra con Francesca de Habsburgo, con quien ha tenido sonados encontronazos y más que una guerra dialéctica. La hija del barón llegó a decir que Carmen Cervera debía refinar su colección. Recientemente, sin embargo, se las ha visto con mucha complicidad. Encendió sus ánimos David R. L. Litchfield, que publicó el libro The Thyssen Art Macabre en el que dibuja un retrato no muy favorecedor de la familia Thyssen e incluso aborda las supuestas relaciones de esta familia con el nazismo. Un proyecto de reforma del Eje PradoRecoletos despertó a la baronesa ecologista y su grito de guerra ¡No a la tala! se hizo más famoso que la canción del verano. Con Gallardón en el punto de mira, ha protagonizado peformances esperpénticas, como encadenarse, vestida de marca, a un árbol- -cual San Sebastián versión femenina y sin flechas- -o amadrinar a un burro al que ha bautizado con el apellido del alcalde. Mal asesorada (más bien sin asesoramiento) la coleccionista discreta, la aristócrata envidiada, la mujer admirada, irrumpía en el circo de la televisión rosa cual caballo desbocado, sin pudor alguno, convertida ya en musa del Tomate Para mal de males, discrepancias con su hijo a causa de la novia de éste, Blanca Cuesta (ya su mujer) le hicieron protagonizar uno de los culebrones más bochornosos del año. De nuevo salta a la palestra más tomatera para evitar que su hijo se case con la mujer equivocada y va de televisión en televisión contando intimidades familiares. Tita Cervera asoma de nuevo la cabeza, mientras Carmen Thyssen se tambalea. Su hijo se casa sin su presencia en una boda narrada casi en directo. Y, de nuevo, erre que erre con el Eje Prado- Recoletos. Más amenazas de llevarse el museo a otro lugar, más chantajes... Dice que se siente maltratada, saca las uñas y embiste como buena Tauro a diestro y siniestro. Deja caer que no sabe si vender al Estado español su colección de arte internacional, que a lo mejor la alquila, que tiene que pensar en el futuro de sus hijos. Tita Cervera Carmen Thyssen en estado puro. A la izquierda, junto al barón, su hijo Borja y un peregrino en un viaje a Santiago de Compostela. Junto a estas líneas, una imagen que dio la vuelta al mundo: la baronesa se encandenó a un árbol