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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE NUESTROS CORRESPONSALES Roma Buenos Aires Estocolmo POR: CARMEN VILLAR- MIR Bruselas Las galas del Nobel La anual entrega del galardón es la gran fiesta ciudadana de esta capital. Una ocasión para lucir el frac, desenterrar las joyas, embriagarse con champán y, sobre todo, no dejar de leer al autor premiado París Rabat Nueva York E Jerusalén ESTOCOLMO CARMEN VILLAR MIR México Washington Berlín Atenas Londres Berlín Pekín Viena Moscú l milagro se repite cada año. Con la celebración del domingo de Adviento, cuando se enciende la primera vela de las cuatro que anuncian la Navidad y los niños abren la casilla de su calendario de veinticuatro días que puntúan estas tan señaladas fechas, Estocolmo da el pistoletazo de salida a la Nobel vecka o Semana Nobel, la de la gran fiesta de entrega de estos galardones. Esta ciudad, una de las más bellas del mundo, que compite en brillo y glamour con París, Tokio y Shanghai, pierde su habitual tranquilidad y, con la cara fragantemente lavada, recién maquillada, como una novia que espera a su prometido, se viste de gala para asombrar a nacionales y extranjeros con el escaparate de sus maravillas. Los caballeros Nobel y Doris Lessing, gran dama de la Literatura, merecedores este año del preciado galardón, serán los protagonistas de unos festejos únicos a los que asisten miles de famosos y cientos de periodistas de países de todos los rincones del mundo. En la alta sociedad de Estocolmo y, por supuesto entre los invitados de este año, no hay dama que se precie que no se agencie un nuevo traje largo de gala, indispensable para asistir a la ceremonia de la entrega de premios en la Casa de Conciertos y al posterior banquete en el Ayuntamiento ofrecido por la Fundación Nobel a sus convidados de honor. Un banquete que, con sus 1.7000 asistentes, bien puede presumir de ser el más multitudinario celebrado en el mundo occidental... y en el oriental. Los establecimientos de alquiler de atuendos de gala hacen su agosto poniendo en arriendo fracs para todos, flacos y gordos, su talla seguro que la va a encontrar, guantes blancos de fina seda, pajaritas y sombreros de alto copete. Los empleados de banco no paran entrando y saliendo de los recintos reservados a sus más escogidos clientes, a quienes ofrecen café con pastas antes de que estos retiren de sus cajas fuertes algunas de sus lucidas joyas con las que lucirán en los festejos. Los hoteles no tienen una sola habitación libre y en el Grand a orillas del Báltico, frente al Palacio Real, ya se preparan las suites más confortables en las que se ofrece, según los gustos de los galardonados, cava, champán, los más selectos caldos o, para temperamentos más escuetos o poco habituados a los dones de Baco, agua mineral o coca- cola. Se teme que se dispensará mucha coca- cola, ya que en esta edición, como en realidad en casi todas las anteriores, los estadounidenses vuelven a dominar la escudería Nobel. Los restaurantes- -incluso los más sencillos que se anuncian con sólo un humilde tenedor- -tan acostumbrados siempre a satisfacer las necesidades del momento, se unen a la fiesta mien- Sopa de ajo a lo Camilo José tras sus cocineros se afanan- -en lo que ya se ha convertido en verdadera competición- -en ofrecer los completísimos menús que se degustaron en los banquetes celebrados en anteriores años. Los más mitómanos- -o ambiciosos- -recuerdan el paso por sus locales de algunos de los premiados e incluyen en sus cartas delicias que vinculan con tan ilustres clientes. Así, en algunos de los más clásicos restaurantes de Estocolmo podrá usted pedir la tradicional sopa de ajo a lo Camilo José Cela (personaje muy recordado en esta ciudad que supo conquistar y poner a sus pies, abrigado con su capa castellana) Los canelones según el gusto de Darío Fo o El popurrí nigeriano de Wole Soyinka son otros clásicos literario- gastronómicos inventados en esta ciudad. Para que luego no digan que aquí falta fantasía en las cocinas. Como cada año, durante la gran fiesta ciudadana del Nobel- -principal golpe de efecto escandinavo para el mundo entero- los voraces lectores hacen cola ante las librerías para adquirir las obras firmadas del laureado del año y completar así su indispensable biblioteca Nobel que no puede faltar en todo hogar que se precie. Para los amigos de las gangas ésta puede ser también la ocasión de hacerse con ejemplares a precio de saldo de autores premiados en anteriores años. Se mire por donde se mire, nadie se salvará durante las próxima semanas de vivir la fiebre literaria y científica de los Nobel. Ni de disfrutar con plenitud de esta capital de la cultura que triunfa una vez más con su brillante saber hacer a la par que suspira con nostalgia por aquellos genios que ya no están entre nosotros. Un exultante Orhan Pamuk celebra su Nobel con un suntuoso baile con su hija AFP