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25 11 07 CLAVES DE ACTUALIDAD CON AMABILIDAD BLÁZQUEZ, VERDAD Tan lejanos en temperamento, un Tarancón levantino y un Blázquez abulense, pero ambos al servicio de la sociedad desde la Iglesia C uando lo contemplas junto al retrato del siempre presente Cardenal Tarancón, quien parece mirarle con un toque de fina ironía levantina desde la solidez del báculo dominante, lo descubres investido de una evidente serenidad, como si el contexto en que se mueve este obispo español fuera otro absolutamente diferente al que le presiona sin descanso. Entre tantos gritos y voces crispadas a diestra y siniestra, tanto en la sociedad civil como en la eclesial, Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao y Presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) se mantiene inalterable, como si hubiera puesto toda su seguridad en el Señor que le llamó a tales responsabilidades y él se limitara a instrumentalizar sus deseos históricos. Pero sobre todo, sus ojos, pequeños e insistentes, lanzan una mirada clara y distinta, capaz de afirmar quién sea él mismo sin veladuras, pero también el deseo de no transmitir prepotencia alguna a un posible interlocutor. Hay una cierta modestia en este icono episcopal, que le confiere una dominante dignidad. Y en este momento y en España, a mu- Norberto Alcover Profesor de la Universidad s. j. Permanece el recuerdo de Tarancón como ejemplo de humanismo conciliador ABC chos gusta una imagen episcopal tan discreta como serena. Elegido Presidente de la CEE en el año 2005, tras una reñida votación con Monseñor Rouco como complementario protagonista, y tras unos años que coinciden con la llegada al poder del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, se planta el 19 del presente noviembre como líder de la CEE con un discurso de apertura de la XC Asamblea Plenaria, que suscita comentarios de todo tipo en la sociedad eclesial pero también en la civil. Con sus palabras, Monseñor Blázquez sobrevuela el ruido ambiental que a todos domina, incluidos determinados sectores eclesiales reacios al auténtico diálogo con los signos de los tiempos, y propone una serie de ítems absolutamente relativos al momento presente a todos los niveles pero muy expresamente a niveles eclesiales. Propone con claridad, desarrolla con valentía y sugiere pistas de futuro pastoral que afectan a todos los católicos en cuanto tales: beatificaciones de los mártires de la guerra incivil, la Iglesia en España y su Pastoral de migraciones, el centenario del Cardenal Tarancón y, en fin, la visita que hace 25 años realizó Juan Pablo II a España. El presente más objetivo sin evitarse dominios resbaladizos, con un estilo literario transparente y una hondura de reflexión inapelable. Monseñor Blázquez ha dicho lo que deseaba decir en un momento delicado de la vida eclesial española. A nadie, pues, debiera quedarle duda sobre el dinamismo a desarrollar en el futuro. A no ser, como pudiera suceder, que se discrepe de todo lo dicho por este prelado de inteligencia dialogante desde la serenidad. Dice José Lorenzo, redactor jefe de VIDA NUEVA, que lo más llamativo, junto a la invitación a que la Iglesia pide a perdón por cuanto hiciera mal en los feroces años treinta, es la reivindicación del Cardenal Tarancón, sobre todo cuando el centenario de su nacimiento ha resultado casi marginado en tantos sectores de nuestra Iglesia. Porque entre los momentos históricos vividos por Tarancón y éstos que le han tocado a Blázquez se da una similitud profunda, si bien con matices distintos: en ambos casos se trata de momentos difíciles y lógicamente las tareas episcopal también son difíciles Tan lejanos entre sí en temperamento y en personalidad, un Tarancón levantino y un Blázquez abulense, tan extrover-